En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, Suchitoto también tiene una memoria que recordar. Este 9 de agosto, se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y la ONU ha escogido un tema que merece la atención en Suchitoto: “Honrar a las parteras indígenas: salvaguardar la vida y el bienestar”.
¿Le suena? Este no es un tema lejano. En Suchitoto han existido mujeres que durante décadas acompañaron a otras mujeres a traer vida al mundo. Mujeres que aprendieron de sus madres y de sus abuelas, que caminaron de noche por caminos rurales para atender un parto y que conocían, desde la experiencia, el cuerpo de una mujer, el embarazo, el nacimiento y los cuidados posteriores.

Suchitoto guarda muchos nombres. Algunas todavía viven o viven en nuestra memoria. Otras ya no están. Entre ellas está Rosa Andrade, originaria de la comunidad Nueva Consolación, en el cantón Platanares. Fue reconocida como una experimentada partera que dedicó buena parte de su vida a atender partos en diferentes comunidades de Suchitoto. Su nombre permanece hoy en la Asociación de Parteras de Suchitoto.

Está también Rosalía de Dolores Franco, “Mamá Chali”, nacida en 1929. Aprendió el oficio de su madre, Soledad Castro, conocida como “Mamá Sole”, y durante más de 58 años atendió partos en comunidades de Suchitoto. Fue una de las fundadoras de la asociación de parteras.
Y está la historia de Tomasa Jovita Torres, quien en 2020 recordaba para Gaceta Suchitoto más de 90 partos atendidos durante su vida. Vivía en una comunidad rural y para llegar a Suchitoto debía caminar aproximadamente una hora antes de tomar el autobús. Hablaba de su trabajo con sencillez, pero también con una frase que debería hacernos pensar: “Nadie reconoce nuestro trabajo”.

Durante décadas, muchas parteras han tenido que trabajar en medio de la invisibilización, la discriminación y la falta de reconocimiento. En 2019, Suchitoto fue escenario del Tercer Encuentro Nacional de Partería Salvadoreña. Cerca de un centenar de parteras se reunieron entonces para reclamar reconocimiento a su trabajo y denunciar la discriminación que habían experimentado. El Movimiento Indígena de Partería de El Salvador ha reclamado desde hace años que la partería tradicional sea reconocida como patrimonio cultural inmaterial.
Por su parte las organizaciones de Mujeres de Suchitoto han hecho enormes esfuerzos en su visibilización y ocupan un lugar especial en la Casa de las Mujeres de la ciudad. Pero detrás de estos esfuerzos y nombres hay muchas otras mujeres cuyas historias probablemente nunca han sido conocidas.
Suchitoto tiene una deuda histórica de reconocimiento con estas mujeres y sus saberes. Porque solemos hablar de patrimonio cuando nos referimos solamente a la Iglesia, a una casa antigua, una calle empedrada, aun sitio o una pieza arqueológica. Se nos ha enseñado a conocer y proteger las cosas materiales que podemos fotografiar. Pero hemos olvidado el patrimonio humano e inmaterial que también puede ser una mujer sentada junto a una cama esperando que nazca un niño o niña. Puede ser una receta que una abuela aprendió de otra abuela. Puede ser una planta cuyo uso se conoce desde hace generaciones. Puede ser una palabra en náhuat que todavía sobrevive. Puede ser aquella historia que solamente la abuela de más de 80 años recuerda.
El patrimonio no solos son las cosas también son los saberes. Y cuando muere quien los conoce sin haber tenido la oportunidad de transmitirlos, perdemos algo que no se puede reconstruir fácilmente o se pierde.
Por eso resulta importante destacar que este año las Naciones Unidas pongan a las parteras indígenas en el centro de la conmemoración. No solamente porque las visibiliza y ayudan a preservar conocimientos tradicionales, sino porque su trabajo habla de una manera diferente de entender el cuidado: una relación entre cuerpo, entre mujeres sororas, comunidad, territorio, cultura y memoria.
En El Salvador, la Constitución reconoce desde 2014 a los pueblos indígenas y establece el compromiso del Estado de mantener y desarrollar su identidad étnica y cultural, su cosmovisión, valores y espiritualidad. Pero -como ya sabemos- reconocer en un texto legal no significa necesariamente proteger en la vida cotidiana.
Si bien el reconocimiento escrito es importante la pregunta es qué hemos hecho después de reconocerlos. ¿Qué hemos hecho para conservar sus conocimientos? ¿Qué hemos hecho para que las nuevas generaciones conozcan a sus mayores? ¿Qué hemos hecho para que las parteras sean escuchadas? ¿Qué hemos hecho para documentar sus historias?

Y, particularmente en Suchitoto, ¿qué hemos hecho o estamos haciendo para que la historia de nuestras parteras forme parte de la historia cultural de la ciudad?
No se trata de idealizar el pasado. Reconocer la partería tradicional no significa negar la importancia de los hospitales, de las enfermeras, de las médicas y de los avances de la ciencia. Un embarazo puede presentar complicaciones que requieren atención especializada y oportuna.
Tampoco se trata de poner a competir dos conocimientos. Se trata de algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil: aprender a respetar nuestros saberes ancestrales y buscar formas de diálogo.
La medicina moderna tiene conocimientos que pueden salvar vidas. Pero sepa usted, que las comunidades también tienen conocimientos que han cuidado y salvado vidas durante generaciones. Y una sociedad sensata debería ser capaz de reconocer ambas cosas.
Quizá por eso el Día Internacional de los Pueblos Indígenas debería servirnos para algo más que publicar una imagen en las redes sociales. Debería servirnos para comenzar a respetar y recuperar nuestra propia memoria.
En Suchitoto necesitamos un archivo de historias de nuestras comunidades. Un archivo de sus voces. De fotografías. De sus testimonios. De sus nombres y saberes ancestrales. Un archivo donde tengan un lugar nuestras parteras, nuestras mujeres mayores, nuestros agricultores, nuestros artesanos, nuestros conocedores de plantas, nuestros músicos tradicionales y todas aquellas personas que todavía conservan conocimientos ancestrales que no aparecen en los libros.
Porque una ciudad que se considera cultural no puede limitar su cultura a sus edificios y fachadas. Una ciudad que se considera patrimonial no puede olvidar a las personas que hicieron posible que parte de esas vidas y memoria llegara hasta nosotras hoy.
Este 9 de agosto, mientras el mundo habla de los pueblos indígenas, Suchitoto tiene una oportunidad para mirarse al espejo. Tenemos una historia indígena que reconocer. Tenemos saberes que documentar. Tenemos personas mayores que escuchar. Y tenemos una generación joven que necesita tomar conciencia y conocer de dónde viene. Porque ellas recibieron la vida de muchas mujeres. Ahora nos corresponde a nosotras y nosotros recibir y cuidar su memoria.





