Suchitoto: 30 años en la separación de la basura

Mucho antes de que los temas de reciclaje y separación de basura fueran urgentes, Suchitoto ya había aprendido a separar sus residuos. Según fuentes documentales, el experimento comenzó en el barrio La Cruz en 1996 y llegó a convertirse en uno de los referentes comunitarios de manejo de desechos en El Salvador. Pero ¿Qué pasó con aquel modelo?

En el contexto actual, resulta util conocer sobre una de las experiencias más interesantes en la recolección y el manejo de la basura en Suchitoto. La separación de la basura. esto es importante porque hoy se vuelve a pedir a la población que separe los residuos. Orgánicos por un lado, inorgánicos por otro. La medida parece nueva. Pero en realidad, para los pobladores de Suchitoto, la separación de la basura tiene casi treinta años de historia.

Barrio La Cruz: cuando separar la basura era una experiencia nueva

La historia comenzó en octubre de 1996, en el barrio La Cruz como un proyecto piloto impulsado por el Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada, CESTA, en coordinación con habitantes y autoridades locales.

La idea era sencilla, pero para entonces bastante novedosa: que los hogares separaran los residuos orgánicos y que estos fueran recogidos por separado para transformarlos en compostaje.

Hasta ese momento, la basura se arrojaba mezclada. El proyecto buscaba cambiar no solamente el destino de los residuos, sino también la relación de la comunidad con aquello que hasta entonces se consideraba simplemente “basura”. Según registros la primera recolección de residuos orgánicos comenzó en enero de 1997. En mayo de ese mismo año se obtuvo y vendió el primer lote de compostaje.

Luego de iniciar en el barrio empezó a replicarse en otros lugares y el casco urbano. Aquello que empezó como un pequeño experimento comunitario empezaba a convertirse en una política de gestión de residuos. Y entonces la basura dejó de ser solamente basura.

El proyecto tenía varios objetivos: reducir la contaminación provocada por los desechos, producir abono orgánico, recuperar suelos y generar nuevas posibilidades económicas alrededor de la recolección y el compostaje. Pero había algo todavía más importante: la separación comenzaba en la casa. La comunidad tenía que participar.

El modelo incorporó campañas de sensibilización, visitas a los hogares, trabajo con escuelas, comerciantes, restaurantes, mercado y otros sectores. La separación no dependía únicamente del camión recolector. Dependía de una decisión cotidiana de las familias, los ciudadanos.

Con el tiempo, la municipalidad estableció mecanismos para hacer cumplir el sistema. La documentación histórica registra que los residuos mal separados podían quedar sin recoger y que existían sanciones para quienes incumplían reiteradamente.

En otras palabras, el modelo tenía tres componentes que hoy vuelven a aparecer en el debate: educación, separación y recolección diferenciada. Pero tenía un cuarto componente que resulta todavía más importante: qué hacer con lo separado.

Para comienzos de los años 2000 ya existía un Programa de Manejo Integral de Desechos Sólidos que cubría el área urbana de Suchitoto, incluyendo sus barrios y colonias. Un informe de JICA realizado en 2009 documentó que el sistema contaba con recolección diferenciada, una planta de compostaje y un sitio de disposición final. El antiguo botadero a cielo abierto había sido clausurado y se había habilitado un nuevo sitio con métodos de disposición controlada.

La recolección se organizaba por días: los residuos orgánicos se recogían tres veces por semana y los inorgánicos en los días restantes. La experiencia llegó a cubrir una parte importante de la población urbana. No era solamente una campaña. Era un sistema que crecía en Suchitoto.

 

Una planta de compostaje

Quizás uno de los elementos más interesantes de aquella experiencia fue la planta de compostaje. En 2009, JICA documentó que la planta funcionaba en el mismo complejo donde se encontraba el sitio de disposición final. Recibía residuos orgánicos tres veces por semana y los sometía a un proceso aeróbico que podía durar entre tres y cuatro meses.

El material era volteado periódicamente para favorecer la descomposición y alcanzar las temperaturas necesarias.El resultado era compostaje. Una parte se vendía y otra se destinaba a agricultores, escuelas, comunidades y áreas verdes. La basura orgánica entonces dejaba de ser basura y se convertía en un recurso. Y aquí está quizás una diferencia muy importante entre aquel modelo y una simple campaña de separación: separar tenía sentido porque existía un destino diferente para cada tipo de residuo.

alexander schimmeck VEqjE4rDtUU unsplash

Un modelo con problemas

La documentación de la época también muestra dificultades para colocar el compostaje producido. En 2009, por ejemplo, había producto almacenado en la planta y poca demanda. Es decir, incluso un sistema bien diseñado necesita resolver toda la cadena: quién separa, quién recoge, dónde se procesa, quién utiliza el producto y cómo se financia. Pero las dificultades no borran el valor de la experiencia.

Suchitoto había conseguido algo que todavía hoy constituye uno de los grandes desafíos de cualquier política de residuos: involucrar a la ciudadanía y reducir la cantidad de basura que llegaba al sitio de disposición final.

Con los años, aquella experiencia fue perdiendo continuidad y capacidad. El crecimiento de la población, la generación de residuos y las limitaciones institucionales fueron aumentando la presión sobre el sistema. El problema terminó concentrándose en el relleno sanitario. Lo que había comenzado como una experiencia para reducir la basura que llegaba al sitio de disposición terminó enfrentando precisamente la saturación y los problemas ambientales del sitio.

En 2018, el Ministerio de Medio Ambiente ordenó medidas preventivas relacionadas con el relleno sanitario de Suchitoto. Posteriormente, el Juzgado Ambiental ordenó suspender la disposición de residuos y trasladarlos a otro sitio autorizado, permitiendo únicamente el ingreso controlado de materiales reciclables y orgánicos destinados al compostaje.

La historia había llegado a un punto paradójico. Suchitoto había sido reconocido por aprender a separar la basura. Pero su propio sistema de disposición final terminó convertido en un problema ambiental. Es decir sin un plan de procesos completo y sostenido el proyecto empezó a debilitarse.

2024: el cierre definitivo de una etapa

En mayo de 2024, ya bajo la nueva administración municipal de Cuscatlán Norte, el Concejo anunció el cierre temporal del relleno sanitario de Suchitoto por seis meses. La municipalidad informó que mientras durara el cierre, los residuos recolectados serían trasladados a MIDES, en Nejapa. El cierre se produjo después de años de advertencias y medidas ambientales. Posteriormente, maquinaria del Ministerio de Obras Públicas intervino para retirar acumulaciones de residuos del antiguo sitio.

Pero quedó una pregunta pendiente: ¿qué vendría después?

777478487 122240086952299294 3072834061675854400 n 1 777868241 122240087030299294 457004251929014632 n 1 778279712 122240086976299294 3910055111246797769 n 1 778736021 122240087036299294 592968286595114133 n

790590986 908411088794418 462479643432887837 n

Treinta años después

Hoy, casi tres décadas después de aquel primer experimento que inicio en el barrio La Cruz y se extendió en la ciudad, la separación de residuos vuelve a ocupar un lugar central en el discurso municipal.

Desde aquellos años, la ciudadanía a demostrado que separar la basura es posible si existe un proyecto y plan responsable de recolección por parte de la municipalidad. Porque queda claro que fueron otras situaciones y circunstancias las que hicieron perder aquella costumbre. En ese sentido la pregunta es, ¿existe un plan sostenible de educación y manejo que muestre que se hará con lo que se separe y se recolecte?

Porque separar la basura orgánica e inorgánica solamente tiene sentido si cada recolección tiene un destino y tratamiento diferente. Si los orgánicos vuelven a mezclarse y terminan enterrados junto con el resto de la basura, la separación pierde buena parte de su propósito. Lo mismo ocurre con los reciclables si no encuentran una cadena de recuperación, también. Por tanto, si bien es importante retomar la práctica en la separación de la basura ciudadana, también resultara de mucha importancia compartir y dar a conocer el plan en el manejo de la recolección y destino final de los mismos.  Si bien a la gran mayoría de ciudadanos lo que les urge y preocupa es la recolección completa de la basura que se produce en la ciudad, también es importante informar sobre el destino final de la misma.

Porque, Suchitoto no necesita descubrir nuevamente que la basura puede separarse. Necesita recuperar la parte más difícil de aquella experiencia: un sistema que realmente recolecte la basura regularmente y genere conciencia y confianza en el manejo correcto de los residuos. Eso implica tener un plan sostenible que explique y garantice un manejo correcto en la separación y destino final de los residuos en Suchitoto. Un plan que establezca metas, responsabilidades, presupuesto y mecanismos de seguimiento. Un plan que permita saber cuánto se recoge, cuánto se recupera, cuánto se composta y cuánto termina finalmente en un relleno sanitario.

La historia de Suchitoto demuestra que la ciudadanía es capaz de hacerlo. La pregunta para el presente es si todavía tenemos la voluntad —y un plan— para hacerlo mejor.

(II parte)

En el siguiente artículo abordaremos una pregunta que pocas veces se hace cuando hablamos de basura: ¿a dónde va actualmente la basura de Suchitoto y cuánto le cuesta al municipio llevarla hasta su destino final?

Fuentes documentales consultadas

  • UN-Habitat. Reciclaje comunitario de residuos orgánicos, Suchitoto (El Salvador). Base de Datos de Buenas Prácticas, 1998.
  • CESTA. Documentación del proyecto piloto de tratamiento de residuos orgánicos del barrio La Cruz, 1996–1998.
  • JICA. Proyecto de Seguimiento al Manejo Adecuado de los Residuos Sólidos en El Salvador, informe de visita a Suchitoto, 2009.
Scroll al inicio