Mucho antes de que las energías renovables se convirtieran en tema de debate global, antes de que gobiernos y empresas comenzaran a hablar de sostenibilidad, transición energética y cambio climático en El Salvador, un ingeniero originario de Suchitoto ya imaginaba la posibilidad de obtener electricidad a partir de las olas del mar salvadoreño.
Corría el año de 1988. El Salvador vivía aún en medio de la guerra civil. El país atravesaba profundas crisis económicas, sociales y políticas. En ese entonces, hablar de innovación científica parecía un lujo distante. Y sin embargo, en ese contexto adverso, el ingeniero suchitotense Mario Ernesto Rodríguez Sosa presentó en Costa Rica, durante un congreso del IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers), una propuesta visionaria: aprovechar la energía del oleaje marino como fuente renovable para El Salvador.
Décadas después, cuando el mundo continúa buscando alternativas energéticas limpias frente al agotamiento de los combustibles fósiles y la crisis climática, aquella propuesta adquiere una dimensión histórica distinta. No solo por su contenido técnico, sino porque revela la existencia de pensamiento científico salvadoreño adelantado a su tiempo.

Imaginar el futuro desde un pequeño país
La propuesta presentada por Rodríguez Sosa giraba en torno al aprovechamiento energético de las olas del mar, lo que actualmente se conoce como energía undimotriz o energía marina. Aunque hoy este tipo de tecnología continúa siendo experimental incluso en muchos países industrializados, el ingeniero salvadoreño ya reflexionaba sobre ella a finales de los años ochenta.

La investigación, referenciada posteriormente en estudios académicos de la Universidad de El Salvador, planteaba la posibilidad de utilizar la fuerza del oleaje costero para generar energía eléctrica mediante sistemas instalados en zonas acantiladas del litoral salvadoreño. En una tesis de la UES titulada “Evaluación del potencial energético del oleaje en las costas de El Salvador”, publicada años después, se reconoce explícitamente el trabajo pionero de Rodríguez Sosa: “El estudio Obtención de Energía Eólica en la Plataforma Continental Usando Recursos Marinos del Ing. Mario Ernesto Rodríguez Sosa, en 1988, establecía en el país, la posibilidad del uso de la energía que producen las olas costeras”.

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Aquella investigación no quedó únicamente como una idea aislada. Con el paso de los años se convirtió en antecedente académico para nuevas investigaciones sobre el potencial energético marino del país.

La visión del ingeniero suchitotense no pasó desapercibida. En octubre de 1995, la propuesta fue reconocida entre las tres mejores inventivas por el CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología), una distinción significativa en un país donde históricamente la investigación científica ha recibido poco respaldo institucional. Además, el trabajo tuvo difusión periodística en El Diario de Hoy a finales del siglo XX, permitiendo que la propuesta trascendiera el ámbito estrictamente académico y técnico.
Sin embargo, como suele ocurrir con muchas iniciativas científicas en El Salvador, el paso del tiempo terminó relegando aquella investigación a referencias dispersas en archivos, tesis universitarias y memorias institucionales.


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El mar como posibilidad energética
Lo más sorprendente de la propuesta de Rodríguez Sosa es que partía de la observación del propio territorio salvadoreño. Mientras gran parte del debate energético nacional giraba en torno a las represas hidroeléctricas, el petróleo o la geotermia, él observó el potencial contenido en el movimiento constante del océano Pacífico.
Su propuesta contemplaba condiciones específicas: zonas rocosas, costas acantiladas, estabilidad geológica, y estructuras capaces de transformar el movimiento de las olas en energía aprovechable. La investigación retomaba una pregunta profundamente visionaria para su época: ¿Por qué un país con litoral marino no exploraba seriamente la energía proveniente del océano? Hoy esa pregunta sigue siendo válida.

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Con el tiempo lejos de abandonar el tema, Rodríguez Sosa continuó vinculado a la investigación energética universitaria años después. Entre 2008 y 2009 dirigió investigaciones sobre el potencial energético del oleaje marino en la playa Mizata, como investigador invitado de la Universidad de El Salvador.
Aquellos estudios buscaban evaluar técnicamente la viabilidad del aprovechamiento energético de las olas en las costas salvadoreñas. El trabajo desarrollado en Mizata representó una continuidad de aquella visión iniciada dos décadas atrás. Es decir, no se trataba solamente de una intuición temprana, sino de una línea de investigación sostenida en el tiempo.
La propuesta sobre energía marina también fue compartida en diversos espacios académicos y técnicos.Rodríguez Sosa ofreció conferencias y presentaciones en instituciones como: CEL, Universidad de El Salvador, LaGeo, ASIMEI, entre otras entidades relacionadas con ingeniería y energía. Eso demuestra que la propuesta no permaneció encerrada en documentos técnicos, sino que buscó abrir discusión sobre alternativas energéticas para el país.

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La invisibilización de los pioneros
Quizá uno de los aspectos más reveladores de esta historia es cómo investigaciones adelantadas a su tiempo terminan muchas veces olvidadas o invisibilizadas. En países como el nuestro con escaso apoyo histórico a la ciencia y la investigación, muchos aportes sobreviven únicamente gracias a la memoria personal de quienes los impulsaron o a pequeñas referencias académicas dispersas.
La propuesta del ingeniero Mario Ernesto Rodríguez Sosa parece formar parte de esa larga lista de iniciativas que no encontraron las condiciones políticas, económicas o institucionales necesarias para desarrollarse plenamente. Y sin embargo, es el tiempo quien termina devolviéndoles relevancia.
Hoy, cuando la humanidad enfrenta una crisis climática global y busca desesperadamente energías limpias, la idea de aprovechar las olas del mar ya no parece una excentricidad futurista, sino una necesidad estratégica.

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Suchitoto y sus otras memorias
Resulta significativo que esta historia emerja desde Suchitoto, una ciudad reconocida por su riqueza cultural, artística e histórica, pero donde también han existido voces vinculadas a la ciencia, la ingeniería y la investigación.
Mario Ernesto Rodríguez Sosa no solo ha dedicado parte de su vida al estudio de la memoria histórica y archivística de Suchitoto. También representa una generación de profesionales salvadoreños nacidos en Suchitoto que imaginaron posibilidades distintas para el país desde el conocimiento técnico y científico.
Su propuesta energética demuestra que la innovación también puede nacer desde territorios pequeños, desde ciudades alejadas de los grandes centros de poder científico y económico.
En ese sentido, rescatar esta breve reseña de la investigación no es únicamente un ejercicio de memoria académica. Es también una forma de preguntarnos: ¿Cuántas ideas visionarias quedaron olvidadas en archivos? ¿Cuántos investigadores salvadoreños se adelantaron a su tiempo? ¿Cuánto conocemos y valoramos de suchitotenses destacados que han hecho importantes aportes al país?
Porque la historia de la ciencia y sus actores también es parte de la memoria de un pueblo. Y quizás una de las lecciones más importantes que deja esta historia es que el futuro muchas veces comienza como una idea aparentemente imposible. Imaginar energía donde otros solo miraban olas.
Fotos: cortesía Ing. Mario E. Rodriguez Sosa.
Fuentes consultadas: Evaluación del potencial energético del oleaje en las costas de El Salvador





