Gabriela Melgar: abrirse camino en el cine sin dejar de nombrar las raíces

Desde una cabaña al norte de San Francisco CA, en medio de una historia distópica sobre una sociedad que ha olvidado leer, una mujer suchitotense interpreta a una escritora clandestina que intenta preservar la memoria y el conocimiento. La escena parece sacada de una metáfora del presente. Y quizá lo es, en un contexto donde cada vez hay menos lectores y más distractores.

 

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Gabriela Melgar, originaria de Suchitoto y radicada en San Francisco California, desde hace un tiempo trabaja por abrirse paso en el competitivo mundo audiovisual estadounidense, participando en diferentes proyectos comerciales y cinematográficos independientes. Su más reciente trabajo es su participación en el cortometraje The Greatest Lie (Story Co.), una producción que reflexiona sobre la censura, la pérdida de la lectura y la pasividad de las sociedades contemporáneas frente al conocimiento.

Pero detrás del film también existe otra historia: la de una mujer migrante, madre, actriz y escritora que ha tenido que aprender a sobrevivir en uno de los países y de las industrias más difíciles del mundo.

 

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Un camino construido entre castings, rechazo y perseverancia

Gabriela cuenta que nunca hubo un momento exacto en que decidió dedicarse al cine. Más bien, fue un proceso natural ligado a su sensibilidad artística desde niña. “No creo que haya habido un momento preciso en el que decidí que este sería mi camino, aunque he disfrutado las artes escénicas desde niña”, relata.

Después de convertirse en madre y regresar, se encontró nuevamente frente a la incertidumbre laboral y personal. Sin embargo, había algo que tenía claro: amaba estar en un set de grabación. “Seguí haciendo audiciones y enviando mis materiales a castings, y una cosa llevó a la otra”, explica.

Aunque San Francisco no posee el peso industrial de Hollywood en Los Ángeles, sí mantiene una fuerte actividad comercial y audiovisual. Ahí, Gabriela comenzó a encontrar oportunidades en campañas publicitarias y producciones independientes. “San Francisco tiene muchos cineastas, escritores y actores talentosos, pero es más bien un mercado comercial en cuanto a producción”, señala.

La actriz reconoce que abrirse espacio en California no es sencillo. La competencia es feroz, las audiciones constantes y el rechazo una experiencia cotidiana. “Cada trabajo que consigo se siente como un privilegio en esta industria tan competitiva, y hay que acostumbrarse al rechazo constante”, afirma.  Aun así, hay algo profundamente humano y adictivo en el proceso creativo que la mantiene firme. “Cada vez que estoy en un set, todo vale la pena. Es el único trabajo que he tenido que se siente como jugar”.

 

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Ser migrante no como obstáculo, sino como potencial creativo

En una industria históricamente dominada por ciertos perfiles y narrativas, Gabriela ha decidido asumir su identidad cultural no como una limitación, sino como una fortaleza. “Llevo a El Salvador — y especialmente a Suchitoto — muy cerca de mi corazón en todo lo que hago Me encanta conectar con otros alrededor de temas de identidad cultural, especialmente porque California es un gran crisol de culturas con tanta oportunidad de aprender sobre distintas herencias. Me enorgullece hablar de mi identidad intercultural y llevarla a mi trabajo como actriz, a mi escritura y mi rol como madre”, expresa.  Para ella, crecer entre dos culturas le ha permitido nutrir su trabajo artístico desde otros lugares emocionales y simbólicos. “No diría que ser inmigrante ha sido necesariamente un reto; de hecho, creo que es un regalo y me da más para ofrecer como actriz”, sostiene.

Gabriela considera que aún existe una enorme deuda del cine estadounidense con las historias latinoamericanas y, particularmente, con las mujeres latinas. “Me encantaría ver más películas en el mainstream estadounidense que cuenten las historias de mujeres latinas”, dice. “La lista sigue siendo demasiado corta”.  Sus palabras reflejan una discusión vigente dentro de la industria audiovisual: quiénes tienen derecho a contar historias y cuáles historias merecen ser vistas.

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El cine independiente: pasión, precariedad y resistencia

En California, gran parte del cine independiente sobrevive gracias a pequeños equipos creativos que producen películas con presupuestos mínimos y enormes dosis de creatividad y perseverancia. “Generalmente es un escritor/director profundamente dedicado a su proyecto quien reúne a un pequeño equipo para hacer una película con el presupuesto más bajo posible”, explica Gabriela sobre el ecosistema del cine independiente.

Muchas veces, agrega, los mismos creadores financian sus producciones. “Se necesita mucho trabajo, perseverancia y un nivel de ingenio para lograrlo”. Esa realidad también desmonta la idea romántica de que trabajar en cine significa glamour permanente. En realidad, detrás de cada producción existe agotamiento, inestabilidad económica y largas jornadas de trabajo. Sin embargo, Gabriela encuentra en ese mundo una libertad creativa difícil de hallar en otros espacios. “Los proyectos de cine independiente tardan mucho más en desarrollarse y filmarse, y se sienten como considerablemente más trabajo por menos paga, pero pueden ser increíblemente satisfactorios”.

 

“En un futuro donde leer y escribir son actos peligrosos y prohibidos, un individuo lucha por proteger a su familia y su colección literaria de fuerzas opresivas. Jason Carman explora la importancia vital del conocimiento y las palabras en una sociedad que intenta desesperadamente enterrar su propia historia”. The Greates Lie (Story Co.)  

 

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“Para quienes lo saben, para quienes no. Dedicado a todos los autores y educadores de todo el mundo”.

«The Greatest Lie»: una distopía que ya parece presente

Fue a través de la plataforma de casting Backstage que Gabriela encontró la convocatoria para The Greatest Lie (Story Co.). Segun nos cuenta, ella envió un self-tape, hizo una segunda audición y finalmente obtuvo el papel de «Enny», una escritora secreta que vive en una sociedad donde las personas han olvidado cómo leer.

El personaje no solo representa resistencia intelectual, sino también memoria. “Ella ha escrito un poderoso libro que detalla cómo su sociedad llegó a ser subyugada a través de la supresión de la lectura”, explica.

La producción fue realizada por un pequeño pero profesional equipo independiente de California llamado Story Co. “Filmamos mis escenas en tres días en una cabaña a dos horas al norte de San Francisco. Los días fueron largos y concentrados, y todos estábamos comprometidos a darle vida a este mundo”.  Uno de los momentos más importantes del rodaje surgió precisamente desde la improvisación. “En mi último día de filmación terminamos improvisando una escena en la que le hablo a mi hija, que se convirtió en un momento fundamental de la historia”.

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Una película sobre censura, tecnología y el abandono del conocimiento

Más allá de la ficción, The Greatest Lie dialoga directamente con problemáticas contemporáneas. Para Gabriela, el film resulta especialmente relevante en un contexto y momento donde la censura de libros y contenidos ha aumentado en Estados Unidos. “Historias como esta se sienten cada vez menos como ciencia ficción”, advierte.

La actriz recuerda que en 2023 la Asociación Americana de Bibliotecas registró más de 4,240 títulos señalados para su eliminación, muchos de ellos escritos por personas LGBTQIA+ o comunidades racializadas. “Cuando una sociedad comienza a decidir qué historias tienen permitido existir y qué voces merecen ser escuchadas, ya estamos más cerca del mundo que retrata esta película de lo que quisiéramos admitir”.

El núcleo filosófico del cortometraje gira alrededor de una pregunta inquietante: ¿qué sucede cuando dejamos de buscar conocimiento activamente? “Cuanto más avanza la tecnología, más complacientes podemos volvernos en nuestra propia búsqueda del conocimiento”, reflexiona Gabriela.

La actriz señala que las redes sociales han transformado nuestra relación con la lectura, la concentración y el pensamiento crítico. “Es más conveniente consumir que leer o escribir. Y esa conveniencia puede volvernos pasivos sin que nos demos cuenta”. Sus palabras trascienden la película y terminan dialogando con la realidad actual de sociedades cada vez más saturadas de información, pero también más alejadas de la lectura y reflexión profunda.

 

 

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Suchitoto como territorio cinematográfico

A pesar de los años fuera del país, Gabriela continúa imaginando a Suchitoto como un espacio lleno de posibilidades narrativas y visuales. “Siempre he sentido que Suchitoto tiene un enorme potencial para el cine”, asegura.  La actriz describe al pueblo como un lugar “hermoso, con un ambiente romántico y vistas impresionantes”.  Y aunque actualmente trabaja en proyectos comerciales y en la escritura de unas memorias personales, no descarta regresar algún día para filmar en El Salvador: “Absolutamente, especialmente en Suchitoto”, afirma.

El largo camino a casa

Cuando se le pregunta cómo titularía su propia historia si fuera un cortometraje, Gabriela responde sin dudar: “El camino largo a casa”.  Quizá porque migrar también implica eso: recorrer enormes distancias físicas y emocionales para descubrir quién se es realmente.

Hoy, entre castings, rodajes, escritura y maternidad, Gabriela continúa buscando su propia voz en una industria donde pocas veces las historias latinoamericanas encuentran espacio. Pero ella sigue ahí, insistiendo. “No sé si es una ‘verdad’, pero tengo una necesidad casi compulsiva de expresarme — ya sea a través de la escritura, el cine o cualquier forma de arte. Creo que tengo mis propias verdades que contar sobre mi experiencia, y espero que puedan ser un consuelo para alguien que pueda estar viviendo algo similar. Ahora mismo estoy explorando lo que significa ser madre con aspiraciones creativas, limitaciones reales y un espíritu aventurero” confiesa. Y tal vez esa necesidad de contar historias, de defender la memoria y de seguir creando incluso en medio de la incertidumbre, sea precisamente lo contrario a “la gran mentira” que denuncia la película.

Fotos cortesía: Gabriela Melgar y Story Co.

THE GREATEST LIE (2026) | OFFICIAL SHORT FILM

 

¿Cuál es «la gran mentira» a la que hace referencia el título del corto? Al final de la película, mi personaje dice que quizás «la gran mentira» que nos contamos a nosotros mismos es que ya no necesitamos preocuparnos — por leer, por escribir, por saber, por vivir. Cuanto más avanza la tecnología, más complacientes podemos volvernos en nuestra propia búsqueda del conocimiento. Por ejemplo, las redes sociales hacen que sea mucho más fácil hacer scroll y entretenerse que tomar un libro, investigar por cuenta propia, o sentarse con una idea difícil. El nivel de alfabetización en Estados Unidos ya está en declive — lo que plantea una pregunta urgente: ¿qué perdemos cuando colectivamente dejamos de leer? Simplemente es más conveniente consumir que leer o escribir. Y esa conveniencia puede volvernos pasivos sin que nos demos cuenta. Hay una diferencia entre tener acceso a la información y buscar el conocimiento activamente. Una te la entregan; la otra te exige algo.»

 

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