Dando seguimiento a la situación del Teatro Alejandro Cotto, en Suchitoto se debe de entender que, hablar del Teatro no es hablar únicamente de un edificio. Es hablar de memoria, identidad, arte y resistencia cultural. Hablar del teatro es hablar también de la visión de Alejandro Cotto, de la historia de un pueblo que decidió levantar cultura en medio de las ruinas de la guerra, y del esfuerzo silencioso de generaciones que mantuvieron vivo uno de los espacios culturales independientes más importantes de El Salvador.
Pero también es necesario decirlo con honestidad: el teatro atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia.
La reciente elección de una nueva Junta Directiva del Patronato Pro-Rescate del Patrimonio Cultural de Suchitoto (2026-2029) ocurre en un contexto difícil, marcado por el desgaste acumulado de años, las limitaciones financieras, falta de planificación estratégica, el deterioro progresivo de la infraestructura y la incertidumbre sobre la continuidad de su emblemático Festival Internacional de Arte y Cultura después de 2 años sin saber nada de su continuidad.
Sin embargo, toda crisis también es una oportunidad para transformar.

Un teatro que pide auxilio
Los recientes informes de inspección técnica realizados al inmueble revelan una situación preocupante. El deterioro ya no es solamente estético: existen daños estructurales, filtraciones, problemas eléctricos, humedad, deterioro en techos, afectaciones en el escenario principal, daños en camerinos y riesgos importantes para el funcionamiento general del espacio.
Las goteras han afectado cielos falsos, paredes y zonas clave del escenario; las canaletas y bajadas de agua presentan daños severos; existen problemas en la red eléctrica y hasta presencia de termitas en estructuras de madera del escenario.
El informe también deja al descubierto otra realidad preocupante: la falta de planificación estratégica, archivos organizados, documentos históricos, planos y registros administrativos accesibles.
Todo esto refleja algo más profundo que el deterioro físico: evidencia el desgaste humano y organizativo de un proyecto que durante décadas a sobrevivido más por amor y compromiso que por respaldo estructural y administrativo.

Los nuevos retos de la Junta Directiva
La nueva Junta Directiva recibe en tal sentido mucho más que unas llaves o una administración. Recibe una responsabilidad histórica.
Su principal reto no será únicamente reparar paredes o gestionar actividades culturales. El verdadero desafío será abrir sus puertas, recuperar la confianza, revitalizar la visión colectiva del teatro, no desde la visión de una persona que cree saber que es la cultura, sino desde la visión compartida que permita reconstruir el vínculo entre el espacio y la comunidad.
Porque un teatro no vive solo de infraestructura. Vive de la gente. Y hoy el Teatro Alejandro Cotto necesita volver a conectar con: artistas, juventudes, ciudadanía, sectores empresariales, cooperación internacional, diáspora suchitotense así como con otras instituciones culturales. Necesita dejar atrás el silencio, el hermetismo y abrirse nuevamente al diálogo público.

Recuperar el festival es recuperar el alma
Hablar del teatro sin hablar del Festival Internacional de Arte y Cultura es imposible. Porque de hecho es el festival el que dio vida al teatro y no el teatro el que dio vida al festival. Su unión umbilical es indivisible. El festival no fue únicamente una agenda artística. Fue el motor que posicionó a Suchitoto como referente cultural nacional e internacional. Fue un espacio donde convergieron: todas las artes. Pero también fue una importante fuente de dinamización económica y turística para la ciudad. En tal sentido, su debilitamiento no afecta únicamente al Patronato: afecta la vida cultural y económica de Suchitoto.
Por ello, uno de los grandes desafíos de esta nueva etapa será encontrar mecanismos para recuperar progresivamente la continuidad y relevancia del festival, adaptándolo a las nuevas expresiones artísticas y realidades económicas y sociales del país. Quizá ya no desde esa lógica purista de las artes, sino desde modelos más abiertos, variopintos, sostenibles, colaborativos y comunitarios.

La urgencia de construir sostenibilidad
Durante años, el teatro ha sobrevivido gracias al compromiso de personas voluntarias y al apoyo de cooperación internacional. Pero los tiempos han cambiado. Hoy la sostenibilidad cultural exige: planificación estratégica y financiera, transparencia administrativa, construir y revitalizar nuevas alianzas, crear estrategias de recaudación y participación ciudadana creativas y atractivas.
La nueva Junta Directiva tiene el enorme reto de pensar el teatro no solo como patrimonio histórico, sino también como un proyecto cultural que debe de ser sostenible en el tiempo. Esto implica: crear una planificación estratégica, gestionar fondos nacionales e internacionales, tocar puertas, construir alianzas con empresas, activar campañas ciudadanas, crear programas permanentes de apoyo, ofertar y ofrecer diversos tipos de eventos, para diferentes públicos. Y también exigir al Estado y a la municipalidad el respaldo que históricamente ha faltado. Hablamos de respaldo no para un evento sino para su sostenibilidad permanente en el tiempo. Porque apoyar la cultura no debe seguir siendo visto como un gasto. Es una inversión en identidad, turismo, memoria y desarrollo local.
Otro reto no menos importante será fortalecer la transparencia y la comunicación con la ciudadanía. La comunidad necesita conocer: cuál es la situación real del teatro, cuáles son las prioridades, qué recursos existen, cuáles son las necesidades urgentes. La ciudadanía necesita sentir que el teatro también les pertenece. Y eso solo será posible si se abren espacios de comunicación, participación, diálogo y corresponsabilidad.
Por otra parte, existe un peligro silencioso que ronda todo espacio cultural debilitado: que su deterioro termine justificando intervenciones externas que, bajo discursos de “rescate”, terminen despojándolo de su autonomía y esencia comunitaria.
Por eso, revitalizar el Teatro Alejandro Cotto no significa únicamente restaurar paredes. Significa defender: su esencia, su independencia, su memoria, su identidad ciudadana. El teatro necesita apoyo estatal, sí. Pero necesita seguir siendo un espacio libre, construido desde Suchitoto y para Suchitoto.

Una oportunidad para renacer
A pesar de las dificultades, este también puede ser un momento histórico para replantear el futuro del teatro. Recordemos que las crisis obligan a preguntarse: qué se hizo bien, qué debe cambiar y qué nuevas formas de gestión son posibles.
Quizá el reto más importante de la nueva Junta Directiva sea precisamente ese: transformar el desgaste en posibilidad. Construir una nueva etapa donde el teatro vuelva a ser: un centro vivo de creación, un espacio de encuentro ciudadano, un símbolo cultural activo y un orgullo colectivo para Suchitoto.
Porque al final, el Teatro Alejandro Cotto no pertenece a una Junta Directiva, a un gobierno o a un grupo particular. Pertenece a la memoria cultural de un pueblo que todavía cree que el arte puede sostener la esperanza. Y mientras exista esa convicción, todavía hay razones para creer en su renacimiento.




