Lucía Beltrán, incansable defensora de los derechos de las mujeres en Suchitoto.

 

Conversamos con Lucía Beltrán Menjivar quien cuenta con un fuerte compromiso social y una larga trayectoria en el trabajo organizacional en defensa de los derechos humanos de las mujeres. Sin ser jurista a defendido y acompañado decenas de casos de mujeres  y con más de 70 años continúa firme en sus ideales y lucha siendo una de esas grandes mujeres con título de Sororidad, que sigue trabajando incansablemente  por la defensa de los derechos de las mujeres en Suchitoto.

 

Lucía Beltrán Menjivar

Mi nombre es  Lucia Beltrán Menjivar. Soy originaria  del Cantón Milingo, pero vivo en el cantón de Estanzuelas, Suchitoto.

¿Nos puede contar un poco a que ha dedicado la mayor parte de su vida?

La mayor parte de mi vida desde la adolescencia, me dedique al trabajo  de campo en la agricultura, en aquellos entonces mi intención era estudiar, lo que yo pudiera, pero lamentablemente mis padres en esa época no le daban importancia  que nosotras las hijas y los hijos nos preparamos, entonces mi interés era aprender de costurera, pero mi papa y mi mama nunca me dejaron  hacer eso tampoco, sino que hacia otras cosas que no me gustaban  y siempre trabajando en el campo, sembrando maíz, tapiscando  o cortando maicillo, ayudándole a mi papa en la agricultura.

¿Al tema de de los derechos humanos  y el trabajo de la defensa de los derechos de la mujer  como llego?

Eso fue a través del conflicto armado, donde participe y  vi los sufrimientos tanto en la niñez como en las personas adultas.  Cuando logre salir de la zona conflictiva  y comenzamos a reunirnos y organizarnos  en el centro Monseñor Romero, allí nos reuníamos junto con la hermana Peggy,  la hermana Carolina y  Paty , eran las que más nos apoyaban en las reuniones, era una época donde veníamos a las reuniones con miedo, porque por las ventanas los soldados metían los fusiles apuntándonos porque escuchaban las conversaciones que teníamos y entonces ellos nos decían que nos iban a tirar granadas para que nos muriéramos todas allí, pero como veníamos de una zona conflictiva, no nos asustaban tanto, aunque sentíamos temor, pero no se lo demostrábamos a ellos.

Fue allí  donde vimos las necesidades  que teníamos nosotras como mujeres, éramos tan violentadas porque las mujeres nos explicaban que no podían venir siempre.  Unas venían un día y otras expresaban que no habían venido porque el marido no las dejaba venir, porque las maltrataban les decían que aquí venían a perder el tiempo, así que al ver esa situación a través de tantas reuniones,  vimos que había la necesidad de poder apoyarnos unas con otras.

a partir de eso se pensó en como formar comités de mujeres porque había una problemática  de la transferencia de tierra  que solo era para los hombres  y nosotras como mujeres no teníamos ninguna acceso a que   nos nombraran a que podíamos administrar un pedazo de tierra, así se formó el comité de tierra y las compañeras comenzaron a trabajar, pero fue poco tiempo porque ellas sintieron muy dura la situación y entonces se formó el comité de defensa   y el otro era el comité de alfabetización , pero como le repito el comité de tierra pues  luego se disolvió , pero quedaron solo el comité de alfabetización  y comité de defensa. Desde ese  entonces allí hemos venido luchando.

El comité de defensa me pareció a mi muy importante, porque nadie quería aceptar  quien se iba integrar a ese comité, con todo mi temor pero sentía que era una necesidad y acepte integrarme junto a otras compañeras más que una se llama Rosa y la otra Albertina  y entonces éramos como unas 5 las que empezamos  y comenzamos a trabajar.  al caminar en ese trabajo sentí que era muy importante y me gustó, porque allí me di cuenta que me gusta mucho lo que son las leyes y cosas jurídicas y me sentía bien cuando comenzamos a trabajar y a hacer las primeras actividades.

Recuerdo que una vez junto con la hermana Peggy  fuimos a recuperar a un niño, fue la primera vez que recuperaríamos  a un  niño que había desaparecido   de la comunidad de la Bermuda, unos decían que se había ahogado, otros decían que lo habían secuestrado, pero el papa era quien se lo había llevado  y entonces andábamos con la mama del niño  y nos fuimos de noche ,llegamos al lugar donde nos indicaron donde podía estar  y lo fuimos a buscar, caminamos caminos tan horribles  y peligrosos, unos hombres con unos grandes corbos, pero siempre continuamos  y si logramos llegar al lugar  donde estaba el niño que estaba dormido  y el cuando vio que íbamos y le dijimos que a traerlo íbamos  él se puso bien contento, alegre, y agarro los zapatitos en la mano   y se vino con nosotras  y entonces yo me sentía contenta porque habíamos apoyado tanto a esta mujer que lloraba tanto por su hijo y asi fue como se lo logramos entregar  sano y salvo.

De  allí en adelante empezamos con otros casos  en aquel entonces el local era una casa que no teníamos ni una silla  para sentarnos, no nos daban  nada ni para el transporte , porque no habían fondos para nada, nosotras  lo hicimos voluntariamente mucho tiempo, casi como por unos tres o cuatro años trabajamos  sin fondos. A mí me gustaba mucho apoyar a las demás mujeres en sus trámites, recibí capacitaciones sobre leyes  de parte de una abogada que era parte de una organización de las Dignas, ella venia a Suchitoto y nos daba esas capacitaciones.  Eso me ayudó mucho, porque de allí tenía más argumentos  de como poder luchar y defender nuestros derechos  como mujeres.

Y así hemos venido en el caminar luchando y  luchando, ya después para formar una pequeña oficinita, la hermana Paty elaboró una solicitud de unos pequeños fondos  a proyectos de El  Salvador y entonces allí fue que nos  apoyaron con un dinerito, fuimos a comprar unos muebles  y unas sillas, ya más o menos  teníamos donde sentar a las personas, no sentíamos bien, entonces así ha sido como hemos venido luchando.

¿Cómo  obtuvieron reconocimiento legal ?

Primeramente era como la Concertación de mujeres  y de la Concertación fue que nacieron esas tres áreas  de trabajo lo que le estoy mencionando de tierra, alfabetización y  el comité de defensa hacia las mujeres que eso ha tenido sus variaciones en las diferentes épocas de cambio  de la Concertación, como comité de defensa  casi que no ha tenido muchos cambios, pues de venir luchando así en el  caminar, hubieron cambios ya de personal, pero yo siempre estaba allí, en el comité de la mujer.

Entonces cuando se formó una Junta Directiva pensamos en legalizar la organización  y gracias a Dios lo logramos. Aunque no fue fácil, se presentaron las solicitudes para legalizar a la alcaldía  y no querían darnos el permiso para que fuéramos legales porque no era mixto, porque era solo de mujeres  y se les dijo que la lucha era solo para mujeres aunque en la práctica atendía muchos casos de hombres también  y  ya de allí con tanta lucha al final se logró legalizar  como una asociación.

¿En qué año fue?

Fue como en el 2000 algo así, pero el trabajo viene desde los años 90.

¿Qué dificultades a vivido  al desarrollar este trabajo?

Mire las dificultades  son bastantes, lo primero ha sido lo económico para dar seguimiento a los procesos de demandas, de cuota alimenticia, reconocimiento paterno, de violencia, o de lo que sea, porque a veces no solo aquí en los juzgados de Suchitoto se pueden hacer los procesos, sino que a veces es  de ir hasta  Cojutepeque o hasta donde corresponda, entonces eso ha sido una gran dificultad en lo económico para trasladar y apoyar a estas mujeres.  Lo que hacíamos y a veces he hecho es que si eran 4 o 5 mujeres que se me juntaban para ir a Cojutepeque poníamos una fecha para ir con todas las mujeres el mismo día en el bus y esperar hasta que terminara la última de hacer  su proceso.  La otra dificultad para la alimentación, si yo he andado algo para comprar lo he comprado para compartirlo para mientras llegamos a nuestros lugares para poder comer.   Pero la dificultad más grave a sido las amenazas  de muerte, se han llegado momentos en que yo me he sentido como con el miedo que ya siento que me caen las balas en mi cuerpo, pero eso nunca me ha hecho retroceder de decir hasta aquí llego y ya no voy a continuar, sino que siempre con ánimos y confió en Dios que él nos tiene que proteger , porque yo no ando haciendo nada malo. Mal hacen los hombres que no reconocen que están haciendo el daño a sus hijas o hijos y sus mujeres, entonces esas han sido las dificultades con la que siempre he tropezado.

¿Si hubiera tenido la oportunidad de prepararse en algo de joven en que le hubiera gustado prepararse?

En cosas jurídicas, eso me gusta mucho. Durante mi trabajo  he recibido muchas capacitaciones en leyes que han sido muy importantes, eso me ha servido de mucho para poder apoyar y defender a las personas.

¿Recuerda otras mujeres que participaron  en los inicios de la Concertación?

Si hay bastantes cuando estábamos en las reuniones en el Centro Monseñor Romero, recuerdo estaba Mercedes Menjivar, Carmen Valencia que  vive  en Copapayo  y otras señoras de las otras comunidades  que a veces las he conocido por un nombre y ellas tienen otro, pero si son bastantes, no me acuerdo de todos los nombres.  Sin embargo Mercedes y Carmen Valencia  en una asamblea que tuvimos hermana Peggy dijo que era muy importante que conocieran el trabajo del movimiento de las mujeres afuera del país, así que como Concertación se eligieron a dos compañeras para que fueran a una Universidad de los Estados Unidos  a dar testimonio de todo lo que las mujeres hicimos durante la guerra, porque también haya desarrollábamos trabajo, no solo andar por andar sino que desarrollábamos trabajos. Entonces a estas dos compañeras nos representaron a todas las mujeres y recibieron sus diplomas, títulos  y después aquí se hizo otra actividad también  que yo tengo las fotografías de estas compañeras y como el título de las mujeres de Guazapa.

¿Su trabajo viene desde los ochenta  y hasta la fecha se mantiene activa, como hace?

Siempre gracias a Dios que sí, aunque he tropezado con grandes  dificultades, pero no soy de aquellas de que dicen hasta aquí llego, yo no me aparto y sigo hasta que Dios me lo permita.

¿Que se debería hacer para reconocer el trabajo de mujeres como usted, desde su opinión?

He visto que la mayoría de veces  algunas organizaciones o instituciones  cuando dan un reconocimiento a algunas personas  les dan unas  plaquitas que cuelgan en sus casas, pero  yo pienso -no sé si será bueno-  que lo mejor sería  poner a las calles de Suchitoto nombres de las mujeres que han muerto o todavía están vivas, para que ellas lo vean en vida y vean el reconocimiento por su trabajo, porque cuando uno muera ya no veremos ni sabremos lo que pudieron recordar de uno, porque una ya está muerta, para mi sería algo muy importante, para que las nuevas generaciones también lo puedan  ver y saber quiénes fueron esas mujeres.

¿Hay alguna mujer en el pasado que a usted la motivó o admiro?

Hay mujeres que las recuerdo, hay una que la conocí, pero nunca conocí el nombre exacto de ella  solo por la lucha, ella era de aquí de Platanares.  Otras personas que a mí me dieron esa fortaleza  de decir yo sigo adelante  ha sido la hermana Paty y hermana Peggy pues ellas  siempre anduvieron conmigo, hasta que vieron que ya podíamos caminar solas , ellas me fueron soltando, pero si yo las recuerdo mucho  a ellas , pues han sido personas que vinieron a dar fortaleza  y abrirnos la mente para ver más allá y no solo quedarnos allí a lamentarnos sino actuar.

¿Hay algo más que nos quiera contar  de su vida de sus ideales para el futuro con el trabajo de las mujeres?.

Una a veces piensa mucho  o sueña a veces despierta, pero cuando ya hemos visto tanto y hemos caminado por tantos años, nos damos cuenta de la importancia del trabajo a pesar de las muchas dificultades y hasta amenazas que hemos tenido, y una quisiera tener más fuerzas para ayudar a tantas mujeres pero ya no es lo mismo. Por eso sería bueno participen las jóvenes ellas deben continuar el trabajo por la defensa de las mujeres y las niñas y niños en Suchitoto. Yo quisiera que esto tuviera como un caminar más allá, que fuera mejor todavía, pero solo Dios sabe.

 

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