Iglesia de Aguacayo, un sitio arqueológico e histórico en el olvido.

El presente texto es parte de los resultados de la investigación del Arqueólogo José Heriberto Erquicia Cruz, denominada “Proyecto de Registro y Reconocimiento de Sitios Arqueológicos Históricos de El Salvador, FASE II-2008”. Este es un proyecto de investigación institucional de la Vicerrectoría de Investigaciones y Proyección Social a través de la Escuela de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Tecnológica de El Salvador.

En esta investigación participaron los historiadores Pedro Escalante Arce y Oscar Antonio Campos Lara, este último quién elaboró toda la información histórica de ésta investigación, además participaron en el trabajo de campo y gabinete el arqueólogo Marcelo Perdomo Barraza, el estudiante de arqueología Raúl Menjívar Benítez y la estudiante de antropología Marta Marielba Herrera.

Sitio  Arqueológico e histórico:  Iglesia de Aguacayo.

Ubicación.

Se ubica a 2.3 kilómetros al Oeste de la ciudad de Suchitoto, municipio homónimo, departamento de Cuscatlán. Se localiza en las coordenadas geodésicas 13°55´47.2” LN y 89°02´47.8” LW, a una elevación de 450 metros sobre el nivel del mar.

Antecedentes Históricos.

San Luis Aguacayo es un antiguo pueblo de la Provincia de San Salvador fundado en 1795. Doce años más tarde, el Intendente Antonio Gutiérrez y Ulloa la califica como una reducción compuesta mayoritariamente por población ladina∗ (Gutiérrez y Ulloa: 1962, 16). De acuerdo con el estudio de David Segovia Fuentes sobre este pueblo, si bien se trataba de una población ladina, las reducciones se conformaban de indígenas y se evitaba en esta clase de asentamientos la convivencia con los españoles, mestizos y negros según lo normaba las Leyes de Indas; por lo que existe la incógnita sobre los motivos de su fundación. Segovia Fuentes plantea que de tratarse de una reducción, posiblemente los indígenas hayan recurrido a considerarse como ladinos u adoptar el mestizaje cultural, pues de esa forma podrían haberse librado de las cargas tributarias y de explotación a las que solían ser sometidos.

Así mismo es de considerar que esta fundación de produce en un contexto de reformas administrativas en los territorios americanos donde se fundaron otras poblaciones y ciudades con fines de mejorar la recaudación fiscal, para restar poder a otras o calmar tensiones entre éstas y las autoridades superiores (OTCHS: 2007, 5-9) Sin embargo, contar con el expediente del proceso de fundación ayudaría a resolver la incógnita sobre la fundación de Aguacayo, así como también de las primeras actas municipales las cuales no han sido encontraras durante la realización del estudio mencionado.

No obstante, la evolución administrativa de esta población refleja cierta dinámica de conflicto entre ésta y Suchitoto. Desde 1811 según notas de Jorge Lardé, Aguacayo tiene el rango de pueblo, el cual es extinguido hacia 1859 que según la documentación consultada por David Segovia, se trató de una disputa de tierras ejidales entre ambas municipalidades que venía desde antes de la fecha de supresión. A partir de esa fecha, los pobladores de Aguacayo realizan gestiones para el restablecimiento del municipio, mencionando entre sus argumentos la existencia de edificios públicos tales como iglesia, casa de cabildo y escuela para una población de más de 500 habitantes (García: 1927-1951, 94). La población recupera en 1862 su antiguo estatus con la derogación del anterior Decreto de 1859, de tal forma que Aguacayo aparece en el mapa electoral para 1864 como parte de sus derechos correspondientes como municipio.

David Segovia plantea además una interesante hipótesis sobre la extinción y el restablecimiento de Aguacayo como parte de la gran incidencia del poder local en el nacional durante las gestas caudillistas y militares de mediados del siglo XIX, ya que la primera supresión se realiza durante la administración de Gerardo Barrios quien se caracterizaba por sus alianzas con los gobiernos locales y el apoyo que éstos dieran política y militarmente a su régimen a los cuales él favorecía, o desfavorecía en caso de lo contrario. Precisamente durante el siguiente gobierno, presidido precisamente por su derrocador y férreo adversario, Francisco Dueñas, es restablecida la población, manteniendo su estatus hasta el año de 1901 cuando es nueva y finalmente suprimido, quedando como cantón del municipio de Suchitoto (OTCHS, 14-15).  Es importante mencionar que en este mismo año fueron suprimidos como pueblos y municipios Aculhuaca, Paleca y Sebastián (para formar Delgado), similarmente Cuscatancingo y San Sebastián Analco que pasaron a formar como barrios de San Salvador y Zacatecoluca, respectivamente.

Entre los actuales vestigios del pueblo de Aguacayo se encuentra la iglesia, dedicada a San Luis Rey de Francia, pero no las edificaciones de la casa cabildo y la escuela mencionadas en la petición aguacayense de 1859. Según documentos consultados durante esta investigación en el Archivo del Arzobispado de la ciudad de Guatemala, en febrero de 1811, -año del reconocimiento de Aguacayo como pueblo- los pobladores realizan gestiones en nombre de las “justicias regidoras y común del pueblo de San Luis Aguacayo” la construcción de una iglesia “…pero atendiendo a que no podríamos sostener los costos de la licencia ni los gastos de su fábrica … venimos de común acuerdo en hacer una casa aunque sea de paja pero aseada y con decencia para mantener en ella con la devoción debida al Santo Patrón San Luis Rey de Francia, pero como quiera en ésta ni podemos celebrar el Santo oficio de la misa, solamente tenemos la devoción de congregarnos por las noches a rezar el rosario, y los días de fiesta aquellas gentes que no pueden ir a oír misa al pueblo de Suchitoto que es la cabecera distante a media legua teniendo cuestas fragosas que en el invierno son de peligro y el río que los divide crece en ocasiones que no permite pasar la gente, quedándose por esta razón si oír misa” (Documentos: 1811, folio 1)

La pequeñez y pobreza de la localidad o pueblo y su recién fundación eran desconocidas por el vicario provincial, José Matías Delgado según lo expone en el expediente, mandando a un párroco a la zona, quien menciona en el siguiente auto que no existe diligencia alguna para fundar el oratorio. Así mismo menciona la población de 388 almas entre adultos y niños. En julio del mismo año se concede la licencia del oratorio, pero no se refieren los autos al apoyo para la fábrica o construcción del templo (folio 2).

Probablemente el templo continuó siendo el mismo de paja hasta que entre 1819- 1820 se construye el templo gracias a los fondos donados por el finado Felipe Herrera “y al trabajo personal de los vecinos de la población” (López: 1990, 160). Por el estilo arquitectónico sencillo y con formas neoclásicas, su sistema constructivo donde predominan elementos de adobe, ladrillos planos barro cocido y pilares de cedro (ahora desaparecidos) y la memoria de sus habitantes mayores, las actuales ruinas de la iglesia de Aguacayo pertenecen al periodo mencionado.

Dicho templo continuó siendo lugar de culto aun después de su definitiva extinción como pueblo. Durante el conflicto armado de la década de 1980 esta zona fue una de las más afectadas por la presencia de ambos bandos en guerra. Según Francisco ventura, un octogenario residente a pocos metros de la iglesia, el templo fue acribillado por fuerzas del ejército durante los operativos constantes que sufrió la zona, situación que obligó a toda la población a emigrar a poblaciones del nororiente de San Salvador (Aguilares, Apopa, Delgado, etc.) quedando el cantón completamente abandonado.

La zona fue repoblada por nuevas personas desde la finalización del conflicto, sin embargo los nuevos pobladores construyeron sus hogares cerca de las antiguas viviendas, razón por la cual las zonas contiguas y próximas a la iglesia se encuentran los restos de casas que formaron parte del antiguo pueblo y cantón de Aguacayo, otrora reconocido por la tradición de su dulcería de confección artesanal. El antiguo templo, destruido por el conflicto armado y el actual abandono, no ha perdido completamente su utilización, pues este espacio es hasta la fecha un lugar de memoria, es decir un espacio donde se conmemora las víctimas asesinadas por el ejército durante la guerra, especialmente por una masacre ocurrida en 1981.

 

Antecedentes de Investigación

A parte de los documentos históricos que hablan del sitio, este parece nunca haber sido visitado con fines académicos-científicos.

Reconocimiento Arqueológico

El 11 de marzo de 2008, se realizó el reconocimiento arqueológico en el sitio Aguacayo, recorriendo principalmente los restos de la antigua Iglesia del pueblo, la cual tiene su advocación de San Luis Rey de Francia. Posteriormente se procedió a elaborar un mapeo con cinta y brújula, de los restos inmuebles visibles en la superficie obteniendo un plano preliminar del área de estudio y un área aproximada del inmueble con valor cultural.

Descripción del sitio

El sitio arqueológico-histórico Aguacayo, consiste principalmente en los restos de la iglesia en donde se pueden observar los pisos de baldosa, los cimientos y las paredes, gradas y aceras de acceso, además de la fachada de la misma de lo que en un tiempo pudo haber sido un complejo de estructuras de la antigua población de Aguacayo. Este complejo se encuentra sobre la orilla de la carretera que de Aguilares conduce hacia Suchitoto. El estado de conservación de los restos es muy malo, solamente se encuentra en pie la fachada, la pared Norte y la pared del altar Mayor.

 

Licenciado José Heriberto Erquicia Cruz, Arqueólogo. Escuela de antropología, Facultad de Ciencias Sociales  Universidad Tecnológica de El Salvador.
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