Por Jaime Paz Larín (Q.E.P.D.)
– Quién soy; dónde estoy; a dónde voy
Esas tres frases fueron dichas por el Arq. Hugo Roberto Soriano después de escuchar un concierto de música del renacimiento español en la casa de La Bermuda.
El día anterior habían finalizado las reuniones de varios congresos de arquitectos en este país, con su atmósfera de intensa búsqueda de paliativos a los conflictos de una criatura desconocida: el hombre contemporáneo de esta región; nuestro vecino; nuestro hermano; tú y yo.
Era la tarde del treinta y uno de marzo; estábamos reunidos tres arquitectos; Renato Romero, Hugo Soriano y yo; un paisaje de lomas y montañas, veraneras en flor y la ciudad capital. Era la casa del Arq. Romero, de espacios amplios y un ambiente austero. De allí partimos al Valle de La Bermuda. Un perrito casi ciego nos acompañó hasta la puerta. Luego, cerca de unos conacastes, estábamos sentados entre una concurrencia de aristócratas. Era una tarde de calor y aves canoras, y el acto comenzó.
Cinco voces cultas en la casa de la Hacienda La Bermuda y una lectura concurrente en un país de 5 millones de habitantes. Juan de Encina resucitado en cinco gargantas cultivadas. Una por millón; suficiente. La polifonía del renacimiento español en El Salvador y en la casa de la Hacienda La Bermuda.
La existencia de coros en una sociedad es una de las más altas expresiones de su nivel cultural.
El balcón fue el fondo; la casa, el escenario; la naturaleza, lo demás. Las cinco voces eran impulso y rumbo; el público, instinto sediento de conciencia. El país seguía con cinco millones de habitantes.
No, no era un concierto de música. Aquello era conciencia; conciencia germinante; conciencia de la calidad sobrehumana de la obra del hombre; era demostración serena del poder del espíritu adiestrado e inspirado; era gobierno de voluntad y disciplina; un mensaje realista para que la humanidad redescubra su naturaleza expresiva esencial. El congreso de arquitectos mostró el esfuerzo actual de los países para albergar a sus habitantes. Recordémoslo en sus detalles.
La parte descriptible de la casa de La Bermuda que la describa otro. La pirámide de los cinco millones cuenta con un significativo hito para cuando le llegue el turno de preguntarse qué es, cómo y de dónde. El Arq. Bernardo Pohl, solo, está trabajando. No se pretenda comprender ahora; ayúdese o déjese trabajar en paz. No se reclame ilustración al mundo; hay muchos pasos antes que es necesario caminar. Hoy germina con concurrencia aristocrática de personas cultas y aisladas. Paciencia; la evolución – conciencia de impulsos y rumbos – es un proceso natural autodinámico. Para progresar, un paso es suficiente, y en la casa de La Bermuda, ese paso se está realizando.
Hoy la casa de La Bermuda es un acto de amor aislado; un romance de una consciencia que busca de un origen; un romance de una conciencia en busca de su origen; un reto de recursos y criterios hacia un logro. Mañana esa casa será símbolo de aglutinación patriótica.
Hoy la casa es abrigo físico donde frota germen de conciencia. Mañana será el rumbo e impulso de salvadoreñidad de una sociedad aristocrática; una sociedad consciente que armonizando sus necesidades materiales y expresivas se pregunte y conteste: quién es, dónde está y a dónde va; una sociedad que concierte sanamente a sus hombres con sus ciudades, montañas, veraneras, musicalidad y sus fábricas. Así y solo así, el espontáneo instinto vital de nuestros hombres se concientizará, y la sociedad adquirirá y podrá usufructuar su bienestar hoy anhelado.
Para ser leído a Bernardo Pohl, Hugo Soriano y Renato Romero.
De Jaime Paz Larín. San Salvador, 2 de abril de 1979
Documento parte de los archivos proporcionados por la familia Pohl (2026).
Transcripción por Carolina Mena





