Sequía y tormentas extremas: la nueva paradoja climática de Suchitoto

La tormenta del pasado domingo 30 de agosto dejó en el casco urbano de la ciudad y sus alrededores árboles caídos, vehículos y viviendas dañadas, afectaciones al tendido eléctrico y una ciudad enfrentada, en pocas horas, a la fuerza de un fenómeno meteorológico que también obliga a preguntarse qué tan preparada está Suchitoto para el clima que viene.

Las imágenes que comenzaron a circular el domingo por la tarde asustaron a muchos pobladores del casco urbano de Suchitoto. Árboles derribados, vehículos y viviendas afectadas, postes y tendido eléctrico dañados, calles y carreteras obstruidas. Detrás de esas imágenes había personas y familias enfrentando con asombro las consecuencias de una tormenta de enorme intensidad.

Pero pasada la emergencia inmediata, que afortunadamente solo dejo daños materiales queda una pregunta que deberíamos hacernos como ciudad:

¿Cómo puede un territorio estar bajo alerta roja por sequía y, cinco días después, sufrir una tormenta capaz de derribar árboles, postes y afectar carreteras? La respuesta está, en buena medida, en la complejidad de un clima que está cambiando aceleradamente. A eso de lo que quizá a oído hablar y se llama: cambio o crisis climática.

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Del calor extremo a la tormenta

El martes 25 de agosto, Protección Civil declaró alerta roja por sequía meteorológica y agrícola para todo El Salvador. El país venía acumulando déficit de lluvias, períodos secos, temperaturas elevadas y condiciones que amenazaban la disponibilidad de agua y la producción agropecuaria.

Pero, cinco días después, el domingo 30, Suchitoto recibió una tormenta de fuerte intensidad. El fenómeno no fue completamente inesperado. El pronóstico meteorológico había advertido sobre lluvias y tormentas durante la tarde y noche, asociadas a la combinación de una vaguada, flujo del este y el acercamiento de una onda tropical. También se advertía de actividad eléctrica y ráfagas de viento.

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Pero una cosa es leer un pronóstico y otra muy distinta observar cómo, en cuestión de minutos, el viento y la lluvia transforman el paisaje cotidiano en un caos de viento y lluvia.

La tormenta paso, pero deja una evidencia que no deberíamos ignorar: nuestra vulnerabilidad no está solamente en la cantidad de lluvia que recibimos, sino también en la intensidad y concentración con que puede caer.

Puede haber sequía y, al mismo tiempo, tormentas capaces de provocar daños. No es una contradicción. Es parte del desafío climático que tenemos por delante y Suchitoto no está al margen. Durante años, hablar de cambio climático podía parecer una conversación distante, relacionada con grandes cumbres internacionales, deshielo de glaciares, aumento en los niveles del mar, o incendios en lugares lejanos.

Eso ha cambiado. El cambio climático también se expresa en nuestros territorios: en las temperaturas que soportamos, en los períodos secos, en la intensidad del calor, en la disponibilidad de agua, en la agricultura, en los bosques, en los incendios, en la salud de los ecosistemas y en la intensidad de determinados fenómenos meteorológicos.

 

Suchitoto reúne, además, muchas de las condiciones que hacen especialmente importante esta discusión. Tenemos el lago Suchitlán y la cuenca del Lempa; comunidades rurales; agricultura y ganadería; caminos y carreteras; bosques y áreas naturales; un centro histórico; infraestructura eléctrica; pesca; turismo y una población que depende directamente de los recursos naturales del territorio.

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Lo que ocurra con el clima afecta, por tanto, mucho más que el estado del tiempo. Afecta las condiciones en las que vivimos. Una tormenta también habla de nuestros árboles. Las imágenes de los árboles caídos durante la tormenta deberían llevarnos a una discusión que normalmente aparece solamente después de una emergencia. ¿Qué tan preparados estamos para gestionar nuestro arbolado urbano y rural frente a eventos meteorológicos cada vez más extremos?

 

Un árbol es sombra, paisaje, biodiversidad, regulación térmica y parte de la identidad de una ciudad. Pero también requiere planificación. Hay que conocer su estado, sus raíces, su ubicación, las condiciones del suelo, su relación con cables y postes, las especies adecuadas para cada espacio y los riesgos que pueden presentar durante períodos de viento y lluvia intensa.

Pero ojo, que la adaptación climática no consiste en quitar árboles. Consiste en tener mejores árboles, en mejores lugares y con una gestión adecuada. La tormenta nos recuerda que la infraestructura de una ciudad también incluye su patrimonio natural.

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El agua: la contradicción que debería preocuparnos

 

Quizás la mayor paradoja sea esta: Sequia y lluvia. Suchitoto puede enfrentar al mismo tiempo demasiada agua y muy poca agua. Demasiada, cuando una tormenta intensa descarga grandes cantidades en poco tiempo. Muy poca, cuando los períodos secos se prolongan, aumenta la temperatura y disminuye la disponibilidad de agua. Una lluvia torrencial no necesariamente resuelve una sequía. Si el agua cae demasiado rápido, una parte importante puede convertirse en escorrentía, arrastrar sedimentos y contaminantes, desbordar quebradas y drenajes y terminar rápidamente en ríos y embalse.

Mientras tanto, los suelos pueden continuar necesitando humedad y las fuentes de agua seguir bajo presión. Por eso la gestión del agua debe dejar de pensarse solamente como una respuesta a la escasez. También necesitamos aprender a gestionar y cultivar el exceso de agua.

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La crisis climática debía estar en el centro

Es oportuno recordar en este contexto una propuesta que contemplaba en su plan de gobierno municipal el candidato a la alcaldía Luis Figueroa quien expuso en su plan la situación de la crisis climática y como ésta debería formar parte de los planes municipales. En este se hablaba del agua, contaminación, residuos, aumento de las temperaturas, protección de los ecosistemas y la sostenibilidad de la vida. En su plan Luis expuso una “Ruta de la Vida”, concebida expresamente como una propuesta local a la crisis climática. Y esto ha sido lo más cercano a un planteamiento para enfrentar la crisis climática en Suchitoto.

Lo ocurrido este pasado domingo vuelve a recordarnos por qué aquello era —y sigue siendo— urgente. Porque la adaptación climática no puede comenzar después de que cae el primer árbol, se corta la electricidad, se bloquea una carretera o una familia pierde parte de su patrimonio. La prevención tiene que comenzar mucho antes.

¿Está Suchitoto preparado? Esta es quizás la pregunta más incómoda que deja la tormenta.

  • ¿Tenemos identificado qué zonas son más vulnerables a inundaciones?
  • ¿Sabemos cuáles caminos rurales pueden quedar aislados?
  • ¿Tenemos un inventario actualizado de árboles que representan riesgo?
  • ¿Existen protocolos municipales de respuesta rápida?
  • ¿Sabemos qué comunidades pueden quedar sin agua o electricidad?
  • ¿Tenemos sistemas locales de alerta?
  • ¿Estamos monitoreando de manera permanente el estado del lago?
  • ¿Tenemos una estrategia para proteger las fuentes de agua?
  • ¿Estamos preparando la agricultura para períodos secos más prolongados?
  • ¿Nuestro ordenamiento territorial está pensando en el clima de las próximas décadas y no solamente en las necesidades actuales?

Estas no son preguntas para dentro de diez o veinte años. Son preguntas para hoy. La emergencia termina pero la vulnerabilidad permanece. La tormenta pasará. Los árboles serán retirados, los cables reparados, las carreteras despejadas y las viviendas afectadas podrán comenzar a recuperarse. Pero la vulnerabilidad permanece.

Cada evento extremo de este tipo debería dejarnos algo más que fotografías y recuerdos. Debería dejarnos información. ¿Qué falló? ¿Dónde ocurrió? ¿Por qué ocurrió? ¿Qué infraestructura resultó más vulnerable? ¿Qué comunidades tuvieron mayores dificultades? ¿Cuánto tardó la respuesta? ¿Qué habría sucedido si la tormenta hubiese sido todavía más intensa?

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Cada emergencia debería convertirse en una oportunidad para aprender. Necesitamos construir una memoria climática de Suchitoto. Registrar lluvias, temperaturas, sequías, niveles del lago, incendios, inundaciones, deslizamientos, árboles caídos, daños a infraestructura y afectaciones a las comunidades. Porque sin datos locales, seguimos reaccionando. Con datos, podemos comenzar a prevenir.

Adaptarnos ya no es una discusión para mañana. Debemos tomar conciencia que estamos entrando en un mundo más caliente y más expuesto a eventos extremos, y que sus consecuencias alcanzarán cada vez a más territorios y personas. Suchitoto no está al margen de esa realidad. Ningún lugar lo está.

 

En este sentido, adaptarnos significa preparar nuestros entornos y nuestras comunidades. Significa gestionar urgentemente el agua y los ecosistemas. Significa revisar nuestra infraestructura, incluidos nuestros árboles. Significa proteger las fuentes de agua, preparar la agricultura, ordenar el territorio y desarrollar verdaderas capacidades locales de prevención y respuesta inmediata.

Significa también entender que la política ambiental no es una política secundaria. Es una política sobre la vida.  La crisis climática dejó hace tiempo de ser una advertencia sobre lo que podría ocurrir. Ya está transformando las condiciones en las que vivimos. Vea las noticias internacionales. Aquí, la tormenta del domingo 30 de agosto nos dejó árboles caídos, cables afectados, viviendas y vehículos dañados y una ciudad preocupada.

 

Pero también nos deja una pregunta mucho más grande: ¿Vamos a esperar la próxima tormenta para volver a hablar del clima o vamos a comenzar desde ahora a preparar Suchitoto para lo que viene? La respuesta determinará, en buena medida, qué tan vulnerable o resiliente será nuestra ciudad en los próximos años.

-Fotografías tomadas de diferentes perfiles de Facebook con fines informativos.

 

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