¿Está cultivando el arte que habita en usted?
¿Está cultivando los talentos que tiene como ser humano?
¿O aún no ha empezado?
¿Qué lo detiene a descubrirlos?
¿Ya se dio el tiempo de reconocerlos?
Tal vez están ahí, esperando:
el talento de escribir, de leer, de pintar, de cantar, de tocar un instrumento, de fotografiar, de actuar, de esculpir, de bordar, de diseñar, de narrar historias, de cocinar con creatividad…
o simplemente, el talento de sentir profundamente y saber expresarlo.
Porque sí, el arte también vive en lo cotidiano.
Sin embargo, hemos crecido con una idea silenciosa:
que del arte no se vive, que la cultura es un lujo, que lo importante es lo práctico, lo productivo, lo urgente.
Y en medio de esa creencia… dejamos de crear.
Pero el arte no es solo un oficio.
El arte es una necesidad humana.
Es lo que nos permite nombrar lo que sentimos, darle forma a lo invisible, transformar el dolor en belleza, y la alegría en algo compartido.
Es lo que nos recuerda que no somos máquinas, que no vinimos solo a cumplir tareas… sino también a sentir, imaginar y expresar.
Es profundamente hermoso ver a un hombre —a quien la sociedad le enseñó a ser fuerte, duro, contenido— escribir un poema, tocar una melodía, dejar que su sensibilidad respire a través de sus manos.
Y es igualmente poderoso ver a una mujer danzar, recitar, pintar… convertir su emoción en movimiento, en palabra, en luz.
El arte rompe moldes.
El arte humaniza.
Por eso es tan importante cultivarlo desde la niñez.
Un niño que pinta, que canta, que crea… es un niño que aprende a conocerse, a canalizar sus emociones, a ver el mundo con otros ojos.
Es un ser humano que crece con alma despierta.
Y en estos tiempos modernos, donde todo corre, donde todo es pantalla, inmediatez y ruido…
el arte se vuelve aún más necesario.
Es un refugio.
Es una pausa.
Es una forma de volver a nosotros.
No importa la edad que tenga.
Nunca es tarde para empezar.
Vaya, compre un cuaderno, unos pinceles, una acuarela.
Siéntese afuera de su casa, o en un rincón de su habitación.
Observe. Sienta. Respire.
Y cree.
Porque en cada detalle de la vida hay arte:
en la luz que entra por la ventana, en una conversación, en el silencio, en una herida que sana, en una emoción que no sabe cómo salir… hasta que la dejamos hacerlo.
No dejemos morir el arte.
No lo posterguemos más.
Tome un lápiz.
Tome un pincel.
Tome su voz.
Escriba. Pinte. Recite. Cante.
Atrévase.
Porque al final,
no es solo lo que hacemos lo que nos define…
sino lo que somos capaces de sentir y expresar.
Y eso es lo que nos hace profundamente humanos.
Por Claudia Clavel





