La historia de Suchitoto permanece escrita en libros, escrituras, archivos eclesiásticos y registros de tierras que, con el paso del tiempo, se han convertido en algo fundamental para comprender la identidad del pueblo. En medio de esa búsqueda, la Hacienda La Bermuda destaca como uno de los espacios más significativos dentro del pasado histórico.

Mario Ernesto Rodríguez Sosa, investigador y estudioso de la memoria histórica de Suchitoto, explicó que su interés por reconstruir el pasado surgió al final de su vida profesional.
“Considerando que me acercaba al final de mi vida laboral, decidí que debía estudiar otra carrera profesional”, relató Rodríguez Sosa, quien inició estudios en Antropología Sociocultural en la Universidad de El Salvador. Desde entonces, orientó sus investigaciones hacia Suchitoto, el lugar que lo vio nacer en 1948.
El investigador comenzó consultando trabajos previos en arqueología, historia y antropología, además de realizar búsquedas en la Biblioteca Nacional y en el Archivo General de la Nación, para conocer sobre la historia antigua de Suchitoto.
Desde 2006 inició la sistematización de información documental producida por otros historiadores. Más adelante, en 2012, profundizó en la búsqueda de registros sobre herencias, propiedades y cambios territoriales, especialmente en los archivos del Centro Nacional de Registros (CNR).
Durante la pandemia por COVID-19, explicó, reorientó su trabajo hacia la genealogía y la paleografía, transcribiendo libros eclesiásticos de bautismo, matrimonio y entierros de Suchitoto que datan desde 1743.
Para Rodríguez Sosa, la conservación de estos documentos resulta fundamental para la identidad de Suchitoto.
“Las poblaciones donde no hay personas que se dediquen a documentar, difundir o los llamados portadores de la cultura, quedan clasificadas como pueblos sin historia”, afirmó.
En ese contexto, uno de los hallazgos más importantes de su investigación ha sido la reconstrucción histórica de la Hacienda La Bermuda, cuyo nombre correcto en los registros es “Hacienda San José La Bermuda”.
Según los documentos consultados, la referencia más antigua data del 13 de octubre de 1762, cuando aparece mencionada dentro de los linderos de la Hacienda San Bartolomé Montepeque.
Sin embargo, la historia de este lugar se remonta aún más atrás. Rodríguez Sosa citó registros retomados de la obra de David Browning, donde se documentan conflictos de tierras entre 1705 y 1706.
En estos documentos se menciona una petición realizada por autoridades indígenas de San Pedro Perulapán y San Bartolomé Perulapía para delimitar sus tierras comunales. Dentro del conflicto aparece la propietaria Antonia Juárez Alarcón, vinculada a terrenos que posteriormente formarían parte de la hacienda.
Estos registros, explicó el investigador, permiten suponer que la hacienda fue una de las primeras grandes propiedades establecidas en la región, posiblemente desde mediados del siglo XVI.
La documentación histórica también muestra que la hacienda pasó por múltiples propietarios a lo largo de los siglos XVIII, XIX e inicios del XX.
Entre los nombres que figuran en los registros se encuentran Dolores García Peña de Palomo, Gregorio García Peña, Juana Delfina García de Rivera, Doroteo Lisandro Artiga, Carmen Herrera de Puente y Joaquín Escobar.
Los Libros del Registro de la Propiedad Raíz e Hipotecas de la Sección Cuscatlán muestran ventas, herencias e hijuelas de partición que evidencian la fragmentación progresiva de la propiedad.
“Todo indica que la Hacienda La Bermuda se mantuvo como una unidad productiva hasta finales del siglo XIX”, explicó Rodríguez Sosa.
En términos económicos, la hacienda desempeñó un papel determinante en el desarrollo de Suchitoto.
De acuerdo con la investigación realizada por Rodríguez Sosa, llegó a contar con aproximadamente 100 caballerías, convirtiéndose en una de las haciendas más grandes de la zona, por encima de otras propiedades históricas como Tacanagua y La Asunción.
Su producción estuvo vinculada inicialmente a la ganadería, luego a la siembra de caña de azúcar y, posteriormente, a la producción de añil, una actividad que marcó la economía regional.
Rodríguez Sosa también destacó la importancia social de este proceso, al señalar que la producción añilera estuvo ligada al trabajo de población afrodescendiente.
Según sus hallazgos en libros eclesiásticos, más del 60% de la población de Suchitoto en ciertos periodos estaba compuesta por afrodescendientes, lo que convierte a la hacienda en un lugar importante para comprender la historia demográfica y social del municipio.
Además, señaló que la ubicación de La Bermuda, cercana al antiguo camino real que conectaba San Salvador con Honduras, fortaleció su papel como motor del desarrollo económico territorial.
Entre los hallazgos más relevantes, el investigador recalcó los conflictos por la expansión de sus límites.
“Los conflictos por expansión de sus propiedades con los ejidos de Suchitoto y luego con las tierras comunales de San Pedro Perulapán y Perulapía son uno de los aspectos más reveladores encontrados en los archivos”, explicó.
Pese a la información recopilada, Rodríguez Sosa advirtió que todavía persisten vacíos históricos, especialmente en torno a la industria añilera y al reconocimiento de la población afrodescendiente vinculada a la producción.
También insistió en la necesidad de digitalizar la documentación histórica para evitar su deterioro o pérdida. “Lo más importante es aprovechar la modernidad y digitalizar dichos documentos, antes que se deterioren o se pierdan”.
Para el investigador, rescatar la historia de la Hacienda La Bermuda no solo permite reconstruir el pasado de un espacio físico, sino fortalecer la memoria histórica y colectiva de Suchitoto.
“Esto aumenta el orgullo y fomenta la identidad del pueblo”, concluyó.
La foto de la portada fue reconstruida con IA. Forma parte de los archivos proporcionados a este medio de comunicación por la familia Pohl (2026).





