El corazón de Suchitoto, de nuestra tierrita, pesa un poco más. Se fue MaKa (Oscar Herrera Ortega), pero cuesta decir que se fue alguien que dejó tanto en cada persona que tuvo la fortuna de conocerlo.
No eras solamente un artista. Eras de esos músicos que entendían que la música no era para alimentar el ego, sino para unir personas, para enseñar, para sanar y para sembrar esperanza. Cuántos niños, jóvenes y adultos encontraron en ti a un maestro paciente, dispuesto a compartir lo que sabía sin esperar nada a cambio. Porque enseñar era una de las formas que tenías de amar.

También estabas donde más se necesitaba. En las causas nobles, en las actividades comunitarias, en los proyectos que buscaban hacer de Suchitoto un lugar mejor. Nunca hizo falta llamarte dos veces cuando se trataba de tender la mano. Tu guitarra, tu voz y tu presencia siempre estuvieron al servicio de los demás.

Fuiste un hijo orgulloso de esta tierra, un padre que seguramente soñó con dejar un mundo mejor para los suyos, un hermano, un amigo leal. De esos amigos que hacen sentir que nunca se camina solo.

Hoy duele tu ausencia mi hermano porque los buenos siempre parecen irse demasiado pronto. Pero también queda el inmenso privilegio de haberte conocido. Quedan las risas compartidas, las conversaciones interminables, en las esquinas, bares, parques, centros de convivencia, las melodías que nacieron de tus manos y los recuerdos que nadie podrá borrar.

Tal vez el silencio de hoy sea inmenso, pero estoy seguro de que, donde quiera que estés, habrá una guitarra esperando por ti. Y mientras aquí sigan sonando las canciones que enseñaste, mientras alguien recuerde tus palabras, mientras un joven tome un instrumento inspirado por tu ejemplo o una comunidad se una para ayudar a quien más lo necesita, ahí seguirás viviendo.

Gracias por todo, MaKa. Gracias por creer en la música como un puente, por enseñar con humildad, por servir con el corazón y por demostrar que el verdadero arte es el que transforma vidas.

Suchitoto no solo despide a un artista. Despide a uno de sus hijos más nobles. Pero tu legado permanecerá en cada acorde, en cada alumno, amigo y familia, en cada gesto solidario y en cada rincón de este pueblo que tanto amaste.

Descansa en paz, amigo. Tu música terminó aquí, pero su eco seguirá sonando por mucho tiempo en el corazón de todos nosotros. Y hoy, mientras el silencio parece ocupar el lugar de tu guitarra, quiero creer que encontraste ese lado natural del que tanto hablaba la música que juntos escribimos y cantamos ese lugar donde el arte no muere, donde las almas buenas siguen creando belleza y donde la solidaridad se convierte en eternidad. Porque tú viviste así, siendo auténtico, enseñando sin reservas, compartiendo tu talento y poniendo tu música al servicio de los demás.

Tu partida deja un vacío inmenso, pero también una responsabilidad para quienes te conocimos: seguir haciendo comunidad, seguir tendiendo la mano y seguir creyendo que el arte puede cambiar vidas, tal como tú lo hiciste.


Texto y fotografías: Gerson Tobar.




