Vilma Quevedo: La poesía como refugio, nombrar el dolor para seguir viviendo

 

Hay historias que no caben en una biografía. No porque sean extraordinarias en el sentido épico, sino porque están hechas de fragmentos: de noches sin techo, de silencios que pesan más que las palabras, de preguntas que nunca encontraron respuesta. Historias que no avanzan en línea recta, sino que se quiebran, se doblan, se cruzan, se esconden… y un día, sin saber cómo encuentran una forma de decirse y no decirse.

La vida de Vilma Quevedo no comenzó en la poesía. Comenzó en la intemperie. En la incertidumbre de no saber dónde dormir, en la dignidad sostenida por una madre que lo hacía todo sin tener casi nada, en la experiencia dura y temprana de la injusticia, del abandono y del miedo. Pero también comenzó en algo más silencioso: en la capacidad de observar, de sentir, de guardar, de resistir.

Porque antes de escribir, Vilma ya estaba habitada por la poesía, aunque no lo supiera. Ella es un poema, el poema de la vida que palpita y resiste en un país, con mil historias parecidas.

Esta entrevista no es solo una conversación: es un recorrido intimo por una memoria que duele y, al mismo tiempo, resiste, persiste e insiste. Es el testimonio de cómo la palabra puede convertirse en refugio cuando la vida no ofrece ninguno. Aquí, la poesía no aparece como un lujo ni como un oficio: aparece como una necesidad vital. Como una forma de no romperse. Como una manera de seguir siendo, como una manera de resiliencia.

Orígenes: la raíz de la herida

Toda poesía tiene un origen, que no siempre se describe en los libros: muchas veces está en la infancia. En lo que se vivió y en lo que faltó. En lo que se dijo y, sobre todo, en lo que nunca pudo decirse ni nombrarse.

En el caso de Vilma, antes de la poeta, está la niña que aprendió demasiado pronto que la vida no es un lugar seguro, ni de colores rosa. En este primer momento, Vilma nos comparte sus memorias, desde la intimidad, nos responde desde la herida abierta de su infancia, desde una memoria que no termina de cerrarse porque, en el fondo, sigue latiendo. Sigue la niña enfrentando sus miedos, con la entereza del ejemplo de su abnegada madre.

 Háblanos un poco de ti, ¿Quién es Vilma Quevedo?

Hija, hermana madre. Soy la numero cinco de siete hermanos, crecí solo con mi madre, me gusta ser servicial, ayudar en lo que pueda, no me importan los estatus sociales, odio las injusticias. Desde niña me toco hacerle cara alegre a la vida, vencer retos, vivir injusticias, discriminación, pero a pesar de todo eso, sigo en pie la vida me ha golpeado fuerte mas no me ha ganado, crecí viviendo en diferentes lugares, siempre me pregunté a donde está un techo digno cuando no existen oportunidades para todos.

 

¿Quién era Vilma antes de la poesía? ¿Qué recuerdos de tu infancia en Suchitoto siguen habitando tus versos?

Hablar de mi infancia es abrir nuevamente esa herida que superficialmente esta curada, pero no es cierto, lo que mas recuerdo de mi infancia es a la niña fina, una señera que no era familia pero nos dio un techo, cuando nuestra propia familia nos ignoraba, fue en el canto platanares, ahí donde nos toco dormir debajo de un palo de mango que nos cuidaba del sol, un pedazo de pared que en las noches nos protegía del sereno, y la niña fina nos dio unas laminas que ya tenían algunos hoyos pero nos protegían de las lluvias. Mis versos me hacen recordar que es prohibido olvidar de donde vengo.

En mis versos siguen vivos los gestos de mi madre cuando no teníamos que comer, y cuando buscaba ayuda en la familia y sin embargo no estaban.

En mis versos guardo cada lagrima disimulada de mi madre, no quería que nos diéramos cuenta de lo que pasaba.

En mis versos esta la maldad de una persona adulta que por poco se lleva a mi hermano pequeño. También esos bellos momentos entre mis hermanos en los que obviábamos las penas jugando sin tener juguetes.

   ¿Cómo era el paisaje emocional de tu niñez? ¿Había ya silencios, preguntas o dolores que más tarde encontrarían voz en la poesía?

Con muchas preguntas, del por que nos toco vivir una vida nefasta, en donde solo una mujer “mi madre” sin capa luchaba sola con trata todo y todos, y nos sacó adelante, tal vez no nos dio un estudio, pero nos enseñó algo más valioso que eso, y es la humildad, y que no hay familia, que en el camino de la vida sigues sola y podrás sola.

En mi infancia hubo mucho miedo, era una niña tímida, en la escuela nunca fui sociable, me costó mucho trabajo hacer amistades. De niña ame la soledad y lo sigo haciendo.

De niña siempre tuve resentimiento con mi padre y no por que lo haya conocido, si no por lo poco que me contaban de él, de lo cruel que fue con mis hermanos y mi madre, me causo un trauma enorme.

De niña me hacía preguntas como si Dios existe por que sufrimos tanto, porque tanto dolor, tanto desprecio y humillación. Y escribía sobre eso, simples garabatos que hoy en día son versos que hablan de mi niña interior.

 ¿Qué personas, lugares o momentos marcaron tu sensibilidad y tu forma de mirar el mundo?

Mi madre, verla a ella luchar día con día, enferma, bajo la tormenta, sin fuerzas, pero ella siempre estaba ahí rebuscándose por llevarnos algo de comer, nunca se dio por vencida, planchar, lavar, cocinar ella hacia todo por nosotros

Los lugares por los que nos tocó andar como animales sin dueños, como náufragos sin un puerto seguro. pero esa mujer mi madre, nunca se rindió, entre los lugares que recuerdos están los platanares final barrio La Cruz, barrio San José, San Juan, pero si me preguntaran en cual barrio viví mis peores momentos de la infancia, diría en Los Platanares y el barrio San José, porque ahí aún era una niña que solo quería jugar y comer, aun no comprendía con exactitud lo que vivíamos, hasta hace unos años más tardes cuando me toco trabajar para ayudar a mi madre.

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Donde duele y me abraza la memoria

Esta foto no es papel es mi infancia respirando todavía.

En esa mesa pobre nacieron mis garabatos de poemas,

palabras torpes que me salvaron del silencio, el miedo y el dolor

La bicicleta guarda mis caídas, la sal en las rodillas,

y también la terquedad de volver a levantarme cada día

La plancha aún huele a cansancio y a dignidad.

Fue testigo del hambre callado y de la lucha diaria de mi bella madre.

De ahí salían esas tortillas calientes que mi madre hacía para vender,

manos que se inventaron de todo: planchar, lavar, vender antojitos

con tal de que a nosotros no nos faltara el mañana.

Madre mía, fuiste pan y vida cuando no teníamos nada.

El encuentro con la palabra

Hay personas que eligen escribir. Pero la poesía no siempre se elige. A veces ocurre. Llega como una grieta por donde entra el aire o la luz cuando todo parece cerrado y en tinieblas. Llega en la voz de una maestra, en un poema aprendido de memoria, en un escenario improvisado que, sin saberlo, se convierte en el primer refugio para salvarse del mundo.

En Vilma, la poesía aparece primero como juego, como descubrimiento. Pero pronto deja de serlo. Se descubre. Se vuelve un espacio donde decir lo que no cabe en la vida cotidiana, donde imaginar lo que no se tiene, donde empezar a construir una voz propia en medio de tantas ausencias.

¿Recuerdas el primer momento en que la poesía llegó a tu vida? ¿Fue una búsqueda o un hallazgo inesperado?

Fue algo inesperado, recuerdo muy bien el día que la seño Anita Leiva me hizo que me aprendiera el poema de la Natacha y me toco vestirme como el poema, con vestido verde , peinada de moño y un pequeño velo, dicho momento que me encontró, desde ahí empecé a leer poemas, libros que la seño me prestaba, en ese entonces recuerdo que yo como toda niña o niño anhelaba un familia de mama y papa, y comencé a escribir sobre eso, y los corredores de la escuelita se volvieron mis escenarios, ya tenía mi público, mi salón de clases. Luego el profe Salvador Guadron, él siempre me decía «la poetisa», en cada evento era «Vilma escríbete un poema vas a participar», participe en concurso de oratoria, recuerdo que nos tocó ir en bus hasta Cojutepeque, porque a nivel municipal gane, y me toco ir a nivel nacional. Bellos momentos.

 ¿Qué encontraste en la poesía que no encontrabas en ningún otro lugar?

En la poesía encontré paz, refugio, una compañera de versos, podía llorar y contarle hasta los momentos más intimo de mi vida y no me iba a juzgar, encontré un lugar para desahogarme.

 ¿Hubo algún libro, autor o verso que te revelara que la poesía podía ser también un refugio?

Si leía mucho «Cuentos de barro de Salarrué», especialmente la historia de la Petaca, ese entre otros libros.

  ¿Hay cosas que solo has podido decir a través de un poema?

Hay cosas que ni he la poesía he podido decir, y no me atrevo hacerlo, aun son heridas que duelen en el alma, pero si el duelo de mi esposo, mi hermano y la ausencia de un padre lo he podido llevar a través de lo que escribo.

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El dolor como semilla

 

No todas las personas manejamos el dolor de la misma forma. Pero hay dolores que buscan salida, que necesitan transformarse para no destruir desde adentro. En ese punto, la palabra deja de ser un acto creativo y se convierte en una forma de supervivencia. Es aquí cuando la palabra se vuelve refugio, resistencia y poesía.

La historia de Vilma está atravesada por pérdidas, carencias y rupturas profundas. Sin embargo, lo que resulta más revelador no es el dolor en sí, sino lo que ella hace con él: lo nombra, lo escribe, lo convierte en memoria, en poesía. Y al hacerlo, lo transforma. Pero transformar no significa olvidar. Significa aprender a cargarlo o soltarlo de otra manera. Es aquí donde no eliges la palabra, sino que la vida te elige para escribir su poema.

En muchos casos, la poesía nace de una herida. ¿Cuáles han sido las heridas que te han llevado a escribir? 

La pobreza extrema que vivíamos con mi madre, fueron momentos que me marcaron para toda la vida, momentos que siguen intactos y me hacen recordar de dónde vengo y que la única que siempre estuvo ahí, fue mi madre. Nunca se rindió. La indiferencia de mi familia ante las dificultades que vivíamos, nunca les importo. Las faltas de oportunidades.

 ¿Cómo se transforma el dolor cuando alguien lo escribe? ¿Se alivia, se resignifica, se vuelve más profundo?

Se alivia, pero nunca se va, sigue siempre presente, aunque ya no duele como al principio. Aprendí a transformar mi dolor en letras, porque nunca tuve con quien hablar, no sabía cómo hacerlo. Mi madre afanada por resolvernos la vida no tenía tiempo para conversar de todo lo que sentíamos, salía temprano de casa y regresaba por la noche, agotada de trabajar por casi nada de dinero… pero nunca se rindió.

  ¿Escribir ha sido una forma de sobrevivir? ¿Puedes contarnos un momento en que la poesía te sostuvo?

Cuando perdí a mi esposo, un 26 de febrero del año 2026, un accidente de tránsito que cambio mi vida por completo, mi mundo se vino abajo. Tenía 26 años con una niña que estaba por cumplir 5 años, no sabía que hacer, ni por donde empezar. Las noches me las pasaba llorando, renegando de la vida, porque ahí se repetía el mismo ciclo de vida, en mi hija, crecer sin un padre, con madre desempleada que a penas logro terminar el bachillerato. Entonces comencé a escribir cada palabra que surgía del dolor, de mis heridas, y ahí descubrí que el escribir lo que sentía me quitaba una carga de encima. Encontré mi refugio.

 

La poesía como refugio

En la vida de Vilma hay momentos en los que la vida se quiebra de forma irreversible. Momentos que marcan un antes y un después. En esos instantes, el lenguaje cotidiano se queda corto. No alcanza. No explica, pero sostiene. Es ahí donde aparece la poesía como refugio. No como solución, no como consuelo absoluto, sino como un espacio donde el dolor puede existir sin ser negado. Donde se puede llorar sin ser interrumpido. Donde se puede hablar, incluso cuando no hay nadie escuchando. Es ahí donde el poema es confidente, refugio y salvación.

Para Vilma, escribir no es un acto opcional: ha sido una forma de seguir en pie, de seguir resistiendo.

 ¿Hay cosas que solo has podido decir a través de un poema?

Hay cosas que ni en la poesía he podido decir, y no me atrevo hacerlo, aun son heridas que duelen en el alma. Pero si el duelo de mi esposo, mi hermano y la ausencia de un padre lo he podido llevar a través de lo que escribo.

Cuando el mundo se vuelve difícil, ¿cómo puede ayudar el escribir?

Me libera, me hace volver aun mundo del cual nunca quisiera salir, pero la realidad es otra porque después de las situaciones difíciles debo volver al presente a la realidad a enfrentar la vida.

 ¿La poesía te ha reconciliado con alguna parte de tu historia o de ti misma?

Si, más que reconciliar yo le llamaría paz interior, la poesía me ha ayudo a comprender que no fue mi culpa, que el saber perdonarme y aceptar que las cosas pasan por algo es como liberar toxina de mi cerebro y mi alma.

    ¿Crees que escribir desde lo más íntimo puede también tocar lo colectivo, lo que nos duele a todas y todos?

Pienso que, si ya que siempre tenemos algo en común con otras personas, una pérdida un ser amado. Todas y todos pasamos por procesos de duelos, aunque el dolor sea diferente, el solo hecho de saber que alguien nuestro partió al firmamento siempre haz palabras, frases hasta canciones que nos conectan.

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El oficio de sentir

En muchos libros se suele hablar de la escritura como técnica, como disciplina, como proceso. Pero hay escritos que no responden a ese orden. Textos que nacen desde la urgencia, desde la memoria, desde la necesidad de decir antes de que el silencio lo cubra todo.

En Vilma, el poema no se construye: emerge. No responde a reglas, sino a impulsos. A latidos. A recuerdos que regresan, a emociones que insisten, a palabras que se quedan dando vueltas hasta encontrar su forma y lugar.

Y quizá por eso, sus poemas no se terminan: se abandonan. Como se abandona una conversación que nunca estuvo del todo completa.

¿Cómo es tu proceso de escritura? ¿Escribes desde la urgencia, la calma, la memoria?

Escribo desde la memoria y el dolor de los recuerdos. 

¿Cómo decides que un poema está terminado?

Los poemas no tienen fin, solo quedan en un abandono así por así; por que yo decido dejarlo así, pero puedo escribir mil palabras mas y aún no encontrarle fin.

¿Qué te duele más: lo que no se dice o lo que no se puede decir? 

Creo que en lo personal he sentido ambas cosas, pero para mí es lo que no se puede decir, lo que ya no te pueden escuchar ni sentir, de lo que no tendrás repuestas, aunque lo digas.

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Suchitoto: territorio de memoria

Nadie escribe desde el vacío. Siempre hay un territorio que nos atraviesa: sus calles, su gente, sus historias, sus contradicciones. Suchitoto no es sólo el lugar donde Vilma creció. Es también un espacio de memoria colectiva, de luchas cotidianas, de sobrevivencias silenciosas. Un territorio donde la belleza convive con la desigualdad, donde la historia no siempre está en los libros, sino en la vida de la gente.

En ese contexto, escribir también es una forma de mirar. De registrar. De reconocer. Aunque Vilma insista en que su poesía es profundamente íntima y personal, en ella también resuena algo más amplio: una experiencia vivida y compartida por muchas niñas, madres y abuelas.

¿Cómo dialoga tu poesía con Suchitoto, con su historia, su gente y sus luchas?

Admiro mucho la vida cotidiana de Suchitoto, la rutina de su gente es la lucha constante que las personas hacen, de esos niños, niñas que tienen que trabajar para comprase comida, de la madre soltera que a pesar la situación difícil no deja de luchar.   

¿Qué significa escribir desde un territorio cargado de memoria como Suchitoto? Significa encontrarse consigo mismo, ver pasar la vida a través de una ventana imaginaria, Suchitoto y sus historias, su gente son las piezas claves para armar ese verso lleno de memorias.

   ¿Sientes que tu poesía también es una forma de resguardar la memoria colectiva?

Pueda parecer egoísta de mi parte, pero no lo es. Mi poesía es más personal, lo que yo siento, mis tristezas, sobre el amor que no fue, lo vivido con mi madre y hermanos, no siento que esté resguardado la historia de nadie más, más que la mía.

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La poesía frente al mundo

En una época dominada por la inmediatez, por lo efímero, por la necesidad constante de producir y consumir contenido, la poesía parece ir a contracorriente. Sin embargo, la poesía de Vilma no se deja apresurar. No responde a algoritmos. No busca aprobación. Pocos saben que escribe. La poesía exige algo que hoy parece escaso: tiempo. Presencia. Silencio.

La poesía supera por mucho al algoritmo. Porque hay emociones que no caben en una publicación, duelos que no se resuelven con una reacción, memorias que necesitan más que una imagen. La poesía, en ese sentido, no compite con el mundo: lo abraza y cuestiona.

En tiempos donde todo parece inmediato y superficial con las redes, ¿qué lugar tiene la poesía?

La poesía necesita ser vivida, las redes es algo volátil que no deja de ser solo reacciones virtuales. La poesía es más que eso, vivir o revivir cada palabra, cada frase, la poesía es para ser sentida toda la vida.

 ¿Crees que la poesía sigue siendo necesaria? ¿Para qué sirve hoy?

Hay muchas cosas que todos sentimos y no son solo relaciones virtuales.  Es esa mezcla de rabia y nostalgia cuando ves la casa de tu infancia, ese barrio que te vio correr bajo la lluvia es el mismo lugar pero hoy siendo una adulta. Es ese nudo que aprieta la garganta y el pecho cuando parte un ser querido y no le dijiste todo lo que pensabas y sentías. La poesía le pone palabras justas a ese sentimiento. Y cuando le pones un nombre, duele menos.

 

¿La poesía puede transformar la realidad o, al menos, la forma en que la habitamos? Hay realidades diferentes, duelos diferentes, ansiedad, dolor, pobreza, la poesía no las borra, pero todo ese sentimiento que hoy sentimos mañana son hermosas grietas que la poesía crea. La poesía no puede transformar al mundo, pero si puede cambiar como pensamos y a donde no queremos volver.

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 La palabra que permanece

Toda conversación tiene un final, pero no todas cierran. Algunas quedan abiertas, como una pregunta que sigue resonando. Al llegar a este punto, ya no se trata solo de entender la relación de Vilma con la poesía, sino de comprender qué queda después de todo: después del dolor, de la pérdida, después del poema. Y lo que queda no es una respuesta definitiva. Es una forma de estar en el mundo. De saber que la vida sigue y florece entre las manos.

Si tuvieras que decirle algo a alguien que está atravesando el dolor y aún no encuentra su voz, ¿qué le dirías?

No existen palabras mágicas para cambiar el dolor de otra persona y ni comparación alguna a mi dolor. Solo puedo decirle que escuche su corazón, su voz interior está hablando, y si el llorar o escribir te salva no dudes en hacerlo.

 ¿Qué has aprendido de ti misma a través de la poesía?

Que soy más fuerte de lo que pensaba, que a pesar todo lo vivido y sufrido Dios y la Poesía han sido mi fiel compañía. Y sobre todo he aprendido que las heridas del corazón nunca curan, pero la poesía se convierte en ese pequeño curita y hace que duela menos.

¿Qué le debe la Vilma de hoy a la poesía?

Le debo las veces que me quebré, los días en el que mi realidad pesaba y no tenía con quien hablar, las noches de insomnio donde el corazón dolía más fuerte y donde la poesía ha sido mi refugio.

La poesía me enseño a vivir con el dolor, a extrañar en versos y silencio, a vivir una realidad para la cual no estaba preparada, la poesía no me quitó las cicatrices me enseñó a mirarlas y sentirlas y poder decir, esta soy yo también y no sentir vergueza.

 ¿Tienes algún proyecto literario a futuro?

Me gustaría decir que si pero ya tuve malas experiencia y eso me limita a querer ser libre y descubierta. Aunque no niego que mi sueño ma agrande es tener un libro físico con todas las cicatrices de mi corazón.

Poemas

Los poemas de Vilma no son ilustraciones de su historia: son parte de ella. Son la continuidad de su voz en otro registro. Son, quizá, el lugar donde todo lo dicho antes encuentra su forma más honesta. Sus poemas laten con la fuerza de la honestidad del dolor y la esperanza.

 

Carta para Mi Hermano

Hechaste a andar tus alas a otro sendero. Volaste, entre sonido de agua y murmullo del viento, tu voz se marchó.

Hechaste a andar tus alas, mi valiente guerrero, tu devoción por vivir llegó a su fin, mares llenos de espinas y caminos con dolor. Con tu sacrificio y amor, flores brotaron en cada rincón.

Hoy te escribo esta carta, con pequeños versos quebrantados de tormento. Hechaste a andar tus alas dejando en mi pecho los gratos recuerdos de tu voz.

En cada estrella veo tu reflejo, en cada amanecer siento tu calor. Aunque ya no estés aquí, tu espíritu vive en cada rincón, en cada flor.

En memoria de mi hermano

17 de febrero 2024

Quevedo

 

Maldita Memoria  12 de marzo del 2025

 

Que facil era cuando en la escuela nos preguntaban, que queríamos ser de grande, como si solo con pensarlo y desearlo sería fácil.

 De grande quiero ser poeta, viajar por el mundo, una casa, un trabajo  y encontrar un gran amor de donde brotará el fruto que nos unira eternamente.

Pero a veces nos engaña el espejo

No existen tales cosas,vamos por el mundo como animales indomables tratando de conquistar el universo, luchando contra vientos y mareas.

maldita Memoria, hoy me haz regresando al pasado viviendo en un presente que nunca soñe pero la vida me obligó.

Entre boscosos recuerdo,vagabundean los pocos momentos en los que  fui feliz, en donde brota un torbellino de emociones que me hacen regresar al presente  a resguardar mi memoria.

 

 

«Cuando yo muera» 24/04/2025

Cuando yo muera,

no lleves flores que no me gustan,

ni llores lágrimas que no me diste en vida.

Llévame en el recuerdo de tus noches largas, en los suspiros que no te atreviste a nombrar.

 

Guarda mis poemas entre tus costillas,

donde el amor duele más bonito.

Recuérdame en el café que se enfría,

en la música que rompe el pecho,

en la brisa que huele a ausencia.

 

Cuando yo muera,

hazme eterna en tus palabras,

hazme carne en tu nostalgia,

hazme voz en tus silencios.

 

No quiero lápidas frías ni rezos sin alma.

Quiero que me pienses cuando ames,

cuando llores,

cuando goces.

Ahí, donde yo fui más viva.

 

Porque no moriré del todo,

si me sigues escribiendo.

 

 

Febrero se llevó mi sol  02 de agosto 2025

El amor que no fue

no se extinguió por falta de fuego,

sino por el golpe cruel del destino

que llegó sin aviso,

como tormenta en pleno verano.

 

Cinco años de amor,

tejidos con risas, con sueños,

con la ternura de cada aniversario,

y una hija que apenas comenzaba

a entender el mundo con sus ojitos de luz.

 

Diciembre nos abrazó con promesas,

pero febrero…

febrero se llevó mi sol,

y dejó la casa en penumbra,

el alma en silencio,

el corazón en duelo.

 

Desde entonces,

cada día es un eco de lo que fue,

cada respiro duele,

como si el aire supiera

que falta su presencia.

 

El amor que no fue

no se ha ido del todo,

vive en cada rincón,

en cada fotografía,

en cada palabra que no alcanzamos a decir.

 

Es como un rayo de sol

que se esconde tras la tormenta,

esperando volver,

aunque sepa que jamás será.

 

Porque el amor verdadero

no muere,

solo se transforma

en eternidad.

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La dignidad de nombrar lo que duele

En general hay una idea persistente de que la poesía embellece la realidad. Pero la poesía de Vilma Quevedo hace algo distinto: la enfrenta. La nombra sin rodeos. La sostiene con palabras que no buscan suavizar el golpe, sino hacerlo visible. Llevadero.

Y en ese gesto – advierto- hay una forma profunda de dignidad.

Porque escribir, cuando todo ha sido adverso, es también un acto de afirmación: decir “esto pasó”, “esto dolió”, “esto sigue aquí”. Es negarse al olvido. Es resistir a la desaparición. Es no ceder. Resistir.

La poesía no le devolvió a Vilma lo que perdió. No borró las ausencias, no corrigió las injusticias, no cambió el pasado. Pero le dio algo que, en ciertos momentos, puede ser incluso más vital: un lugar donde existir sin fragmentarse.

Un espacio donde su historia, con todas sus heridas, puede ser dicha sin vergüenza. Y quizá ahí radica su fuerza más grande: en recordarnos que no siempre podemos elegir lo que vivimos, pero sí podemos elegir cómo lo nombramos.

Vilma eligió escribir.

Y en ese acto, no solo se sostuvo a sí misma. También deja una puerta abierta para otras niñas como ella que quieren vivir con dignidad.

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