Por Grecia Zoe Guevara
Estudiante del Centro Escolar Cantón El Caulote y ganadora del primer lugar del concurso estudiantil «A mi Suchitoto 2025», en la categoría «tercer ciclo».

En el pueblo de Suchitoto existe una comunidad llena de belleza y esplendor. Donde las aves cantan una melodía llena de tranquilidad y amor. Sus paisajes verdes y su gente amable dejan hipnotizado a cualquiera que de él escuche hablar.
El suave ruido de las rocas al chocar se escucha en cada río por el cual sus habitantes suelen pasar. Sus campos verdes y llenos de ganado ocultan misteriosas historias del pasado. Los niños se ven en cada calle jugar, con risas y carcajadas que llenan el lugar.
Ay, mi cantón, eres mi anhelo. Llenas mi corazón con las historias del abuelo. Al pasado él viajaba, y de nostalgia sus ojos se llenaban. “Ay, cuando yo tenía tu edad”, exclamaba. Y yo, con mucha atención, escuchaba cada susto, cada pasada, cada tristeza que él me contaba.
Pero el amor a su cantón siempre lo expresaba, y el aprecio a su gente se reflejaba en su mirada. En cada rincón de mi cantón hay un relato por contar, misteriosas historias que a los niños hacen temblar.
A las doce del mediodía, los pequeños salen de la escuela; van cantando y saltando de alegría, queriendo llegar a casa para contar a sus padres su día. A lo lejos se escucha sonar una campana anunciando la santa misa. “¡Hay fiesta en la ermita!”, exclaman las abuelitas.
Y yo, respirando profundo y bajito, sintiendo el olor a la milpa y al elote, te hablo. Nada más y nada menos que de mi amado cantón El Caulote.

El cantón El Caulote se encuentra ubicado en el distrito de Suchitoto, departamento de Cuscatlán. Mi comunidad nació cuando las primeras personas empezaron a repoblarla; estas fueron José María Quiñones, Concepción Verduo, Dolores Marroquín, Carmen Mesas, Miguel Rivera, Antonio Gámez, Juan Rodríguez, Rosario Melgar y Ramón de Jesús Rodríguez.
Mi comunidad fue dividida en sectores: Sector central, El Bonete, Los Cáceres, Guaycume, Aguazarca, El Pito y La Pringa. En este último, hace casi cien años, estaba habitada por las primeras familias que empezaron a construir. En dicho lugar se encontraba una molienda que pertenecía a Rafael Vaquero.
Este mismo caserío fue reconstruido después de la guerra de 1970. Algunas de estas familias decidieron vender y otras conservar sus terrenos. Dicha molienda años después pasó a ser propiedad de Miguel Rivera, quien también era dueño de los terrenos vecinos por donde pasaban las personas de Tenango y Pepeshtenango.

La comunidad no contaba con escuela ni iglesia hasta años después, cuando fueron construidas por los mismos habitantes. El adobe para la iglesia fue donado por Guillermo Hernández, mientras que el terreno fue donado por Cirilo de Paz, siendo así construida en el siglo XX y nombrada como la Ermita.
El material para la escuela fue donado por una ferretería y el predio fue regalado. La escuela contaba con dos manzanas que habían sido donadas por Manuel Menjívar, pero solo fue entregada una manzana para la construcción. No hay una fecha exacta de cuándo fue construida por primera vez, pero sí se sabe que fue reconstruida en febrero del año 2001.
Desde años antiguos, las personas se han dedicado a la ganadería y la agricultura. Sembraban maíz, frijol, caña de azúcar y hortalizas. En la comunidad existen diferentes creencias y tradiciones, como las fiestas en honor a la Virgen y las leyendas del cipitillo, la siguanaba, las burletas de El Caulote y el cadejo negro, entre otras.
Una de las familias más importantes de la comunidad es la familia Rivera, conocida por ser dueña de muchas tierras. El nombre Caulote fue puesto a mi cantón por el árbol representativo del lugar.

Mi comunidad es muy especial para mí. Sus calles empedradas y sus paisajes verdes cautivan mi corazón y lo llenan de paz. Mi mayor deseo es que sus calles sean arregladas. Es un orgullo para mí pertenecer a esta bella comunidad.
Personas que brindaron información para esta historia:
Lorenzo Del Carmen Hernández
Florentina Rodríguez
Angelina Salinas
Liseth Hernández
Fotografías por Edwyn Guzmán





