¿Desde dónde miramos el desarrollo de Suchitoto?

Una reflexión sobre inequidad, igualdad, equidad y justicia.

Por décadas hemos escuchado que el éxito del desarrollo consiste en llevar oportunidades a las personas y comunidades. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos qué entendemos realmente por oportunidades, quién las recibe y bajo qué condiciones.

Para entenderlo mejor recurrimos a una clásica ilustración que muestra a tres personas de distintas estaturas intentando observar un paisaje detrás de una cerca. Si ponemos atención esta imagen nos ayuda a explicar las diferencias entre inequidad, igualdad, equidad y justicia. Aunque parece una simple metáfora, ofrece una valiosa lección para comprender muchos de los desafíos que enfrentan los pueblos como Suchitoto.

Porque en este pueblo sabemos muy bien lo que significa vivir frente a cercas invisibles. No siempre son de madera o de alambre. A veces tienen forma de pobreza. Otras veces de abandono institucional. En ocasiones se llaman centralización, falta de oportunidades, desigualdad, burocracia o simplemente indiferencia. Son esas barreras que no todos alcanzamos a ver porque quienes vivimos al otro lado aprendimos a convivir con ellas.

Muchos discursos sobre el desarrollo hablan de construir más infraestructura, atraer inversiones o aumentar el turismo. Todo eso puede ser importante, sí.Pero rara vez nos preguntamos desarrollo para quién, decidido por quién y construido junto a quién. Esa diferencia cambia completamente la conversación…

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INEQUIDAD: cuando algunos ni siquiera alcanzan a mirar

La inequidad ocurre cuando los recursos, las oportunidades y el poder se concentran en pocas manos, mientras otros quedan excluidos.

En Suchitoto podemos observar este fenómeno en distintas dimensiones. Mientras algunos sectores tienen acceso a mejores ingresos, conectividad, educación, movilidad y oportunidades económicas ligadas al turismo, muchas comunidades rurales continúan enfrentando dificultades para poder acceder al agua potable, al transporte, a servicios públicos de calidad o también a oportunidades laborales dignas.

La inequidad también aparece cuando las decisiones sobre el territorio son tomadas lejos de quienes viven sus consecuencias. Cuando la ciudadanía tiene poca capacidad de incidir en los proyectos que afectan su comunidad, la cerca se vuelve más alta y la distancia entre quienes deciden y quienes viven la realidad cotidiana se amplía.

 

IGUALDAD: tratar a todos por igual no siempre es justo

Ante estas diferencias, una respuesta común es ofrecer exactamente lo mismo para todas y todos. En teoría esta acción parece justa. Pero en la práctica, no siempre funciona. Si una institución destina los mismos recursos para una comunidad urbana y otra rural, ignorando que una de ellas enfrenta mayores carencias, el resultado puede ser una distribución aparentemente igualitaria, pero profundamente insuficiente.

Lo mismo ocurre cuando se diseñan programas para jóvenes, mujeres o agricultores sin considerar las condiciones específicas que enfrentan. Dar lo mismo a todos puede terminar beneficiando más a quienes ya cuentan con ventajas previas.

Entonces, un detalle importante a tener presente es que la igualdad es importante como principio de derechos, pero por sí sola no corrige las desigualdades existentes.

 

EQUIDAD: reconocer que las realidades son distintas

La equidad representa un paso más adelante. Significa reconocer que no todas las personas parten del mismo punto y que algunas necesitan apoyos específicos para alcanzar oportunidades similares.

Becas para estudiantes de escasos recursos, programas de apoyo para mujeres emprendedoras, inversiones prioritarias en comunidades históricamente abandonadas o políticas que faciliten la participación de jóvenes son ejemplos de acciones equitativas.

En Suchitoto existen numerosos esfuerzos impulsados por organizaciones comunitarias, colectivos de mujeres, asociaciones culturales y proyectos de desarrollo local que buscan precisamente compensar desigualdades históricas.

Sin embargo, la equidad tiene un límite. Aunque proporciona herramientas para superar obstáculos, muchas veces no se trabaja en enfrentar y resolver las causas que generan la exclusión. Las personas reciben un apoyo o una «caja» que les permite ver por encima de la cerca, pero la cerca sigue estando ahí.

 

JUSTICIA: transformar las estructuras que generan exclusión

La justicia va más allá de distribuir recursos o apoyos diferenciados. Consiste en preguntarse por qué existe esa cerca y cómo hacer para resolver y derribar esa barrera.

¿Por qué algunas comunidades carecen de servicios básicos mientras otras los tienen garantizados? ¿Por qué ciertos sectores participan activamente en la toma de decisiones y otros permanecen invisibles? ¿Por qué el desarrollo económico beneficia más a unos grupos que a otros? ¿Por qué se invierte en una plaza y no en caminos rurales de comunidades?

Esto nos explica y ayuda a entender que la justicia busca modificar las estructuras que producen esas desigualdades, busca trascender y enfrentar los obstáculos que no nos permiten acceder al futuro en equidad e igualdad.

En el contexto de Suchitoto, esto implica entre otras cosas fortalecer la participación ciudadana, garantizar transparencia en la gestión pública, proteger los bienes comunes como el agua y el medio ambiente, impulsar oportunidades económicas inclusivas, asegurar el acceso a la cultura y reconocer el papel de las comunidades en la construcción del territorio.

La justicia no consiste únicamente en entregar ayudas; consiste en crear y construir condiciones para que todas las personas -y no unos cuantos- puedan ejercer plenamente sus derechos sin depender permanentemente de apoyos externos.

 

¿Estamos construyendo “cajas” o desmontando cercas? Esta reflexión adquiere especial relevancia en un momento en que el país experimenta procesos de centralización administrativa, transformaciones en la gestión municipal y nuevos debates sobre el uso de los recursos naturales, el desarrollo económico y la participación ciudadana. La pregunta que deberíamos hacernos como suchitotenses es sencilla, pero profunda: ¿Se están resolviendo los problemas de fondo o solamente administrando sus consecuencias?

Cuando una comunidad carece de agua potable, ¿la solución es llevar cisternas periódicamente o garantizar un sistema sostenible de acceso al agua? Cuando los jóvenes migran por falta de oportunidades, ¿basta con redactar una política municipal de juventudes  o debemos construir una economía local capaz de ofrecerles un futuro? Cuando se cierran los espacios culturales y la cultura enfrenta dificultades para sostenerse, ¿es coherente organizar y gastar en show´s mediáticos en la plaza o debemos fortalecer y rescatar instituciones como el Teatro Alejandro Cotto que necesita apoyo?

Las respuestas a estas y otras preguntas determinarán el tipo de desarrollo que estamos construyendo y priorizando para Suchitoto. Porque el verdadero progreso no ocurre solo cuando aprendemos a repartir mejor los apoyo o las cajas entre la ciudadanía. El verdadero progreso curre cuando somos capaces de derribar las cercas que impiden a todas las personas contemplar el horizonte en igualdad de dignidad y derechos. Ese es, quizá, el desafío más importante para Suchitoto en la actualidad y el futuro.

 

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