Más allá de nuestros nombres: construir juntas y juntos la cultura de Suchitoto. Hay algo que por años a distinguido a Suchitoto de muchos otros territorios. No es únicamente su belleza arquitectónica, sus paisajes o su historia. Lo que verdaderamente le ha dado vida y hecho singular es la capacidad de su gente para crear, compartir y encontrarse a través del arte y la cultura.
Desde el impulso dado por el finado Alejandro Cotto, durante décadas, artistas, colectivos, organizaciones culturales, gestores comunitarios, instituciones educativas, grupos juveniles, Iglesias, empresas locales y ciudadanas y ciudadanos comprometidos han contribuido a convertir a Suchitoto en un referente cultural dentro y fuera del país. Ninguno de esos esfuerzos, por sí solo o de manera individual, explica lo que hoy somos. Es la suma de todos ellos la que ha construido esta identidad cultural que tanto apreciamos hoy.
Sin embargo, en tiempos donde los recursos son limitados y los desafíos son cada vez mayores, quizás necesitamos hacernos una pregunta importante: ¿estamos pensando la cultura desde una lógica colectiva o únicamente desde nuestras propias organizaciones?
La respuesta no pretende señalar ni cuestionar el trabajo de nadie. Al contrario. Busca abrir una reflexión sobre cómo podemos fortalecer aquello que ya hacemos bien y cómo podemos construir h fortalecer una comunidad cultural todavía más sólida, articulada y solidaria.
A veces olvidamos que las organizaciones culturales, los colectivos artísticos y los espacios comunitarios no son islas separadas, ni mucho menos rivales. Todas son parte de un mismo ecosistema. Cada organización o colectivo tiene una identidad propia, una historia particular, una misión específica y proyectos que aportan y le dan sentido a su existencia. Esa diversidad de aportes y organizaciones es una fortaleza que debemos cuidar y fortalecer.
Pero hay un detalle que hoy queremos rescatar y resaltar, y es que junto a esa identidad individual existe una responsabilidad e identidad colectiva. Porque la cultura de Suchitoto no pertenece a ninguna organización en particular. Nos pertenece a todas y todos. Porque todas y todos aportamos al enriquecimiento y diversidad de esta ciudad de pájaros y flores.
Quizás por ello sea útil pensar nuestro trabajo desde dos dimensiones que resultan ser complementarias y muy pertinentes en estos tiempos. La primera tiene que ver con aquellas actividades que forman parte de la esencia de cada organización o colectivo. Son los proyectos que responden a su misión, a su experiencia y a los sueños que le dieron origen. Es natural y necesario que cada espacio fortalezca aquello que lo hace único y en lo cual quieren destacar y aportar a Suchitoto.
Pero existe una segunda dimensión mucho más amplia y profunda que muchas veces pasamos desapercibida: nuestra dimensión colectiva, esa capacidad de apoyar y unirnos para fortalecer iniciativas impulsadas por otras organizaciones o que podamos crear y fortalecer en unidad.
Si bien enfocarnos en nuestras organizaciones es loable, no debemos olvidar el trabajo en colectividad, fortalecer la cultura de unidad y colaboración. Es importante ir un poco más allá de nuestra organización y ver algunos proyectos en colectividad, creando alianzas y sinergias con otras organizaciones hermanas que igual hacen esfuerzos por aportar a Suchitoto. Eso sin duda presupone transgredir e ir más allá del protagonismo y sobreponer lo colectivo sobre nuestro individualismo. Sin duda algunas actividades las podemos hacer solos, pero qué tal si las hacemos en conjunto o ayudamos a otros a realizarlas.
Si una organización recibe la posibilidad de realizar un concierto, puede preguntarse si el mejor lugar para desarrollarlo es su propio espacio o si existe otro recinto que, por su capacidad, equipamiento o situación actual, podría beneficiarse más de esa actividad. Si se gestiona un taller artístico, quizás pueda abrirse a la participación de otros colectivos, facilitadores o espacios comunitarios.
No se trata de renunciar a los méritos propios de gestión ni de diluir las identidades institucionales. Se trata de comprender que fortalecer a otro espacio cultural también fortalece el ecosistema del que todos formamos parte. Ayudar a otra organización no apagará jamás tu luz, sino por el contrario fortalecerá los procesos culturales en Suchitoto. Las comunidades más resilientes no son aquellas donde cada actor trabaja de forma aislada, -no es competencia- sino aquellas donde existe confianza para compartir oportunidades, contactos, conocimientos, recursos y esfuerzos.
Esto debemos aplicarlo en la gestión cultural. Durante años hemos aprendido a gestionar proyectos de manera individual, buscando recursos para nuestras propias iniciativas. Esa capacidad es importante y debe mantenerse. Pero quizás ha llegado el momento de explorar con más decisión las posibilidades de la gestión colectiva. ¿Qué ocurriría si más organizaciones presentaran proyectos conjuntos? ¿Si compartieran agendas culturales? ¿Si coordinaran procesos de formación? ¿Si construyeran estrategias comunes para atraer visitantes, financiamiento o cooperación? Probablemente descubriríamos que la suma de capacidades y esfuerzos pueden abrir puertas que individualmente resultan más difíciles de alcanzar y con mayor impacto.
La colaboración también implica reconocer las diferentes realidades que conviven dentro del sector cultural. Hay organizaciones en Suchitoto con décadas de experiencia, redes consolidadas y espacios propios. Otras apenas comienzan su camino o no han tenido la suerte de consolidar procesos y enfrentan limitaciones económicas, técnicas o logísticas. Entonces en una visión de comunidad, las fortalezas de unos pueden convertirse en oportunidades para otros. No porque exista una obligación moral de hacerlo, sino porque una comunidad cultural fuerte se construye precisamente cuando quienes tienen más posibilidades ayudan a empujar la carreta a quienes enfrentan mayores dificultades. Hay varios ejemplos de cómo dejamos desaparecer a su suerte iniciativas importantes en Suchitoto.
Nunca olvidemos que la solidaridad cultural no es un acto de beneficencia, pero sí de corresponsabilidad comunitaria y esto no nos resta luz. Es una estrategia necesaria para la sostenibilidad, la sobrevivencia y desarrollo comunitario, que al final reconoce que buscamos un mismo fin, lograr que nuestra ciudad siga siendo un referente cultural.
Sin embargo, también es necesario ampliar esta reflexión hacia otros sectores de la sociedad. La empresa privada local y presente en la ciudad tiene un papel importante en el fortalecimiento de la vida cultural. Cada aporte, patrocinio o alianza representa una inversión en la identidad, la educación, la convivencia y el desarrollo humano y económico del territorio. Y por supuesto no podemos dejar a fuera a la ciudadanía, quien puede y debe asumir un rol más activo en la sostenibilidad de los procesos culturales. Esto significa asistir a los eventos, y apreciar los esfuerzos de las organizaciones culturales. Pero también significa valorar el trabajo que existe detrás de cada actividad, ofrecer tiempo como voluntariado, difundir iniciativas, participar activamente y comprender que pagar una entrada para un espectáculo es un acto de justicia económica que permitirá seguir sosteniendo la presencia artística en la consolidación de los procesos culturales en la ciudad. Porque la cultura tiene un enorme valor social, pero también tiene costos humanos, económicos y organizativos que muchas veces permanecen invisibles.
Expuestas estas ideas quizás el mayor desafío de Suchitoto para los próximos años no sea únicamente mantener sus festivales y crear más actividades culturales. Tal vez el reto más importante sea fortalecer las redes y los vínculos de confianza, cooperación y solidaridad entre quienes sostienen la vida cultural del territorio. Necesitamos seguir siendo un pueblo de artistas, gestores y organizaciones comprometidas. Pero también un pueblo capaz de reconocerse como una comunidad cultural que comparte un destino común.
La historia de Suchitoto nos enseña que los mayores logros nunca han sido obra de una sola persona o institución. Han sido el resultado de esfuerzos colectivos, de sueños compartidos y de la voluntad de caminar juntas y juntos. De modo que más allá de nuestros nombres, nuestros proyectos o nuestros espacios, nunca olvidemos que todas y todos somos parte de una misma historia cultural. Recordemos que son tiempos difíciles para la cultura, que el futuro que soñamos para Suchitoto comenzará a construirse el día que entendamos que el éxito de una organización cultural no debe medirse únicamente por lo que logra para sí misma, sino también por su capacidad de entenderse como parte de un ecosistema, de una comunidad viva y solidaria.




