¿Qué se pudo hacer con un millón y medio?

 

 

Aquí hay algo que no cuadra. Nos han dicho y siguen repitiendo que Suchitoto ha sido “revitalizado”. Que ahora todo Suchitoto es una ciudad moderna, ordenada, con cableado subterráneo y una imagen renovada que ponen a la ciudad como un destacado destino turístico.

Pero basta caminar unas cuadras fuera del centro histórico para que el discurso se desmorone y la perspectiva cambie. Porque la verdad para quienes habitan la ciudad es simple y contundente: Suchitoto no ha sido revitalizado completamente. Se han intervenido sí, algunas cuadras y calles que corresponden al área más reconocida del centro histórico. Punto. Lo demás sigue igual. Sin embargo, lo que si sobresale es el costo que ronda el millón y medio de dólares.

 “Hoy Suchitoto tiene 100% de cableado subterráneo”

Esto es una exageración publicitaria. Porque Suchitoto no tiene cableado subterráneo. Lo que existe es una intervención puntual en una pequeña parte del centro. Decir que “Suchitoto tiene cableado subterráneo” no es una imprecisión: es una exageración deliberada.

Es vender la idea de una narrativa de transformación total cuando, en realidad, se trata de un proyecto limitado, localizado, caro y profundamente desigual en su impacto. Porque mientras unas pocas calles lucen limpias y ordenadas, el resto de la ciudad sigue exactamente igual: con cables colgando, calles deterioradas, comunidades con caminos de acceso en mal estado y necesidades básicas sin resolver.

Entonces, mientras la gente sigue repitiendo la fotografía y exponiendo esta imagen, la narrativa se va instalando en la ciudadanía y sin quererlo al repetir acepta que no hay nada más importante que una buena imagen de Suchitoto. Pero entonces ¿de qué ciudad estamos hablando?

 

Lo que se ha construido en el centro histórico no es una revitalización. Es un escenario. Un lugar pensado para la fotografía, para el turismo rápido, para la publicación en redes sociales. Un decorado que funciona bien en el encuadre… siempre y cuando no se mire un par de cuadras más allá o no se transiten los caminos de las comunidades.

Pero la ciudad real de Suchitoto —la que vive, la que trabaja, la que resiste— esa está fuera de ese encuadre. Y ahí es donde la inversión pública pierde sentido. No porque el proyecto no sea importante, sino por el orden de prioridades que la ciudad amerita.

¿Un millón y medio? Hablemos en serio $1.300,000 no es poca cosa. En estos tiempos, es una cantidad capaz de cambiar realidades si se invierte con menos burocracia y más visión. Por eso, aquí la pregunta es inevitable: ¿Qué problemas reales de Suchitoto resolvió esta inversión?

Cuestionemos esta inversión millonaria de otra manera. Y preguntémonos ¿Qué otros proyectos urgentes y más necesarios se hubieran podido hacer con cerca de un millón y medio de dólares en Suchitoto?  Porque con ese dinero se pudo haber hecho, por ejemplo:

  • Creación de un parqueo público de la ciudad, para mejorar el orden y tráfico vehicular en el centro de la ciudad.
  • Reparación y mantenimiento de todas las calles y aceras del casco urbano de la ciudad.
  • Sistemas de agua potable para comunidades que aún enfrentan escasez.
  • Mejoramiento de calles y accesos comunitarios que necesitan con urgencia obras de mantenimiento.
  • Asignación de un presupuesto anual para el fortalecimiento de espacios culturales, en una ciudad que presume ser capital cultural, pero pierde sus propios espacios.
  • Programa de vivienda digna para jóvenes que hoy no pueden independizarse
  • Apoyo a la economía local, a emprendedores, a agricultores, a pequeños negocios que sostienen la vida diaria.
  • Rescate de espacios patrimoniales en el abandono con enorme valor cultural como dinamizadoras del turismo en Suchitoto.

Estas entre otras muchas necesidades de mayor impacto ciudadano se pudieron haber resuelto con más de un millón y medio. Pero no. Se decidió invertir en la estética de unas pocas cuadras, que siendo honestos no eran una necesidad para la ciudad. Pero esto no es un error técnico. Es una decisión política calculada.

Sin plan, no hay ciudad. Luego con la obra finalizada, lo más grave no es la obra. Es el vacío que la rodea. A estas alturas, la municipalidad sigue sin presentar un plan estratégico claro del rumbo de la ciudad. No hay una hoja de ruta pública que explique hacia dónde va Suchitoto, qué prioridades tiene, ni cómo se están tomando las decisiones, ni como beneficiará o se aprovechará esta intervención en la ciudad.

Entonces, la interpretación que queda es que esta inversión no responde a un proyecto de ciudad. Responde a otra lógica: la de la imagen, la de la inmediatez, la del impacto visual. La de seguir construyendo una narrativa de imagen. Sin planificación, cualquier obra —por costosa que sea— termina siendo aislada, superficial y desconectada de las verdaderas necesidades y dinámica de la ciudad.

Y mientras tanto… el silencio. El silencio que valida la inversión. El silencio que da por aprobada la obra y anula las otras necesidades de la población. El silencio. Porque no hay ciudadanía que cuestione. Solo ciudadanía que mira, calla y aplaude. Se invirtió una cantidad millonaria. Se tomaron decisiones sin consulta. Se construye un relato que no coincide con la realidad. Y, sin embargo, no pasa nada. La reacción ha sido evidente. La gente aplaude. Pero si la ciudadanía está contenta entonces todo está bien, (disculpas, no hemos dicho nada).

Increíblemente en las redes sociales la ciudadanía de Suchitoto se indigna más por una publicación cualquiera en redes que por el uso de fondos públicos. La gente comenta más una foto bonita que una decisión cuestionable, que un contenido. Se aplaude la forma… mientras se ignora el fondo. Se prefiere lo superficial a el contenido. Y así, poco a poco, la ciudad va cediendo su derecho a decidir sobre su propia ciudad. Y otros seguirán decidiendo por ellos. Hoy Suchitoto tiene luces nuevas en la plaza, pero una profunda oscuridad en sus casas.

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