Lugares donde una ciudad se encuentra: los “terceros lugares” en Suchitoto

 

¿Cuáles son los lugares de encuentro de la gente en Suchitoto? No dónde vive. No dónde trabaja. No dónde estudia. Sino ¿Dónde se encuentra para conversar, para pasar el rato, para coincidir con otros, para hacer amigos, para escuchar música, para leer, para jugar, para discutir sobre lo que ocurre en la comunidad o, simplemente, para estar?

Una parte importante de la vida de una ciudad ocurre precisamente en aquellos lugares que muchas veces no aparecen en los planes urbanos, guías de turismo, ni en las estadísticas.

Son los lugares donde alguien se sienta en una banca, en una acera y termina conversando con sus vecinos u otra persona. Donde los mismos rostros vuelven a aparecer cada tarde. Donde un joven encuentra a sus amigos después de clases. Donde una persona mayor pasa parte de la tarde. Donde alguien llega solo y termina encontrándose con alguien conocido.

Hoy queremos hablar sobre estos espacios cotidianos, que el sociólogo estadounidense Ray Oldenburg llamó “terceros lugares”.

Entre la casa y el trabajo

La idea de «los terceros lugares» es bastante sencilla. El primer lugar es la casa: el espacio de la familia, la intimidad y la vida doméstica.

El segundo lugar es el trabajo, la escuela o cualquier otro espacio relacionado con nuestras obligaciones cotidianas.

El tercer lugar es diferente. Es un espacio al que acudimos voluntariamente y donde podemos encontrarnos con otras personas fuera de las obligaciones de la casa, el trabajo o los estudios.

Este lugar puede ser una plaza, un parque, una biblioteca, una cafetería, una cancha, una casa comunal, un centro cultural, una Iglesia, una tienda de barrio o incluso un espacio que nadie consideraría formalmente un “lugar de encuentro”, como las aceras, o la esquina del barrio.

Pero hay una diferencia importante: no todo espacio que llamamos público es necesariamente un tercer lugar. Un parque vacío es un espacio público, pero no necesariamente un lugar de encuentro. Una cafetería llena de clientes tampoco necesariamente funciona como tercer lugar. Lo que importa no es solamente el edificio, la plaza o la infraestructura. Lo importante es lo que ocurre allí.

¿Las personas se reconocen? ¿Regresan? ¿Conversan? ¿Se construyen relaciones? Y esta es la diferencia y cuando comienza la verdadera importancia del concepto.

Lugares que producen comunidad

Los terceros lugares pueden parecer espacios modestos, incluso insignificantes. Una banca, una cancha, una biblioteca o una esquina de barrio pueden no tener ninguna importancia desde el punto de vista monumental. Pero socialmente pueden tener un enorme valor. Son lugares donde circulan conversaciones, convivencia, noticias, recuerdos y experiencias.

Allí se construyen relaciones que no necesariamente nacen dentro de la familia o del trabajo. Es lo que algunos investigadores han llamado infraestructura social: lugares que permiten que las personas establezcan y mantengan relaciones. La importancia de estos lugares está en que pueden convertirse en infraestructura para algo mucho más difícil de medir: la construcción cotidiana de comunidad.

Y si usted se pregunta ¿qué tiene que ver esto con Suchitoto? Aquí le va. Suchitoto es una ciudad que ha construido buena parte de su identidad alrededor de sus espacios públicos, su patrimonio, su cultura y sus lugares de encuentro.

Pero también es una ciudad que ha cambiado. En los últimos años han aparecido nuevos negocios y espacios culturales. Algunos lugares tradicionales han desaparecido o cambiado de función. Algunos espacios públicos han sido cerrados como la biblioteca o casa de la Cutltura. Otros permanecen, pero ya no necesariamente cumplen la misma función que tuvieron años atrás.

Por eso vale la pena mirar Suchitoto desde otra perspectiva. No solamente como aquella que repetimos es una ciudad turística y cultural, ni solamente como una ciudad patrimonial. Ni el Suchitoto como un conjunto de calles, casas antiguas, restaurantes, parques y monumentos. Sino el Suchitoto como ciudad de relaciones humanas. Por eso vale la pena identificar y preguntarnos: ¿Cuáles son hoy los lugares de encuentro donde se construye comunidad?

Quizá cuando hablamos de lugares que todavía sostienen la vida cotidiana, sea el Parque Central y San Martin los primeros lugares que viene a la mente. Pero habría que observarlos más allá de su belleza o de su importancia turística o paisajística. ¿Quiénes lo utilizan? ¿Están los suchitotenses ocupando su plaza? ¿Qué hace allí? El parque Infantil. ¿Está ocupando el mismo uso que los otros dos parques?

Por otra parte, tenemos los espacios culturales. El Centro Arte para la Paz, por ejemplo, reúne talleres, mediateca, museo y actividades culturales y comunitarias. Su existencia permite pensar en una forma de tercer lugar que no depende únicamente del comercio: un espacio donde las personas pueden encontrarse alrededor del arte, la educación, la memoria y la participación.

También tenemos la Casa de Todas, que es un espacio comunitario vinculado a mujeres, jóvenes y comunidades rurales, donde encuentran un espacio abierto y apoyo sororo.

La Casa del Adulto Mayor que es otro de los espacios especiales que brinda la oportunidad de encuentro a las personas adultas mayores desde donde se fortalece la inclusión y solidaridad.

Todos ellos entre otros pueden cumplir funciones diferentes, pero tienen algo en común: generan posibilidades de encuentro. Es decir, las personas pueden permanecer allí, sin la obligación de consumir o pagar algo, es accesible para personas con discapacidad, las personas de la zona rural son bienvenidos, se puede llevar a los hijos, estar, etc. Porque la ciudad puede tener varios espacios físicamente abiertos y, sin embargo, ofrecer pocas posibilidades reales de encuentro para determinados sectores de su población.

¿Qué ocurre cuando un tercer lugar desaparece?

Esta quizá sea una de las preguntas más importantes para Suchitoto, pues en los últimos años la ciudad ha perdido o dejado de utilizar algunos espacios que alguna vez cumplieron funciones culturales y comunitarias.

La Biblioteca Municipal Alejandro Cotto, la Casa de la Cultura y el Centro de Convivencia Ciudadana son buenos ejemplos. La Casa de la Cultura había sido modernizada en 2021 con biblioteca, ludoteca, internet y espacios para talleres y actividades dirigidas a distintos grupos de edad. El propio Ministerio de Cultura señalaba entonces que recibía alrededor de 150 usuarios semanales antes de la pandemia. Más allá de las razones de su cierre, queda la pregunta  ¿Qué pasa con una ciudad cuando desaparecen los lugares donde sus habitantes podían encontrarse gratuitamente?

Cerrar una biblioteca no significa solamente cerrar un lugar donde había libros. Puede significar perder un lugar para estudiar, leer, conversar, aprender, esperar, hacer tareas, encontrarse con otros o pasar una tarde. Por eso la desaparición de un espacio físico puede significar también la desaparición de determinadas relaciones sociales. Y qué decir del Centro Cultural de Convivencia Ciudadana, un hermoso espacio municipal, que está ausente de la vida pública y cotidiana de la ciudad. Un espacio que ocasionalmente hace eventos sociales pese a su razón de ser.

Porque una ciudad puede tener edificaciones, pero también necesita lugares abiertos al encuentro para simplemente estar, para encontrarse. Sobre todo en una época en la que buena parte de los espacios urbanos que estan surgiendo están relacionados con el consumo, por eso esta pregunta adquiere todavía mayor importancia: ¿Dónde puede estar una persona sin tener que comprar nada?

Un parque, una biblioteca, una plaza, un centro cultural puede ofrecerlo. Pero un restaurante o una cafetería tienen otra lógica. Esto no significa que los negocios no puedan convertirse en terceros lugares. De hecho, históricamente muchos cafés y pequeños comercios han cumplido esa función. La cuestión es observar cómo funcionan. ¿Son lugares donde se forman relaciones entre habitantes? ¿Existen clientes habituales? ¿Se conversa? ¿Hay actividades culturales? ¿Son accesibles económicamente para buena parte de la población? ¿O son principalmente espacios de consumo y negocios?

Ahora la pregunta es ¿dónde están los jóvenes? Tal vez una de las preguntas más urgentes para la ciudad sea esta: ¿En que espacios se estan encontrando los jóvenes? No, el asunto no es solamente dónde estudian o dónde trabajan. Sino  ¿Dónde pueden estar juntos después de clases? ¿Dónde pueden hacer o escuchar música? ¿Dónde pueden leer? ¿Dónde pueden conversar? ¿Dónde pueden crear? ¿Dónde pueden reunirse sin que alguien tenga que organizarles una actividad? ¿Dónde pueden encontrarse jóvenes de diferentes barrios y comunidades?

Una ciudad que no ofrece lugares de encuentro para sus jóvenes corre el riesgo de convertir el espacio público únicamente en un lugar de tránsito o simplemente para el turismo. Y eso también es una forma de perder ciudad.

 

Por eso, quizá entender el concepto de «los terceros lugares» nos ayuden a mirar la ciudad con una medida diferente. No solamente cuántas calles tiene. No solamente cuántos edificios históricos conserva. Ni si esta bonita la plaza. Ni cuántos turistas recibe. Sino: ¿Cuántos lugares tiene para encontrarse? Necesitamos lugares accesibles, seguros, donde puedan convivir diferentes generaciones, los de la ciudad y comunidades, jóvenes y mayores, donde se pueda conversar, dialogar, y donde nadie tenga que comprar algo para permanecer alli, quiza por eso la pregunta de reflexión es: ¿Dónde se está encontrando actualmente la comunidad y qué necesitamos hacer para que ese encuentro sea posible, seguro, accesible y digno?

Fuentes de referencia consultadas:

  • Ray Oldenburg, The Great Good Place — fundamento del concepto de tercer lugar.
  • UNESCO, entrevista/ensayo con Ray Oldenburg y Karen Christensen sobre los terceros lugares.

 

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