Rhina Rehmann: la historia de una mujer y el añil en Suchitoto

En esta primera entrega, exploramos las raíces históricas del añil en Suchitoto y su resurgimiento tras el conflicto armado en El Salvador. Conocemos la historia de Rhina Rehmann y la Hacienda Los Nacimientos, un proyecto pionero que devolvió la fertilidad a la tierra, recuperó técnicas olvidadas y empoderó a las mujeres en un sector tradicionalmente liderado por hombres.

Hay historias que son necesarias para poder comprender una ciudad más allá de sus calles, sus casas antiguas, sus paisajes, festivales y tradiciones.

La historia del añil es una de las historias más fascinantes de Suchitoto. Durante siglos, el jiquilite fue mucho más que una planta. El añil obtenido de ella se convirtió en uno de los principales productos de exportación de la región centroamericana y tuvo un peso fundamental en la economía de El Salvador entre finales del siglo XVI y finales del siglo XIX. En Suchitoto, distintas fuentes sitúan el cultivo y procesamiento del añil desde finales del siglo XVIII, cuando varias haciendas de la zona comenzaron a producirlo y procesarlo. Tuvo tal importancia que fue llamado el oro azul de El Salvador.

Con el tiempo, aquella economía fue decayendo. La aparición de los tintes industriales y el auge del café contribuyeron a desplazar al añil y a debilitar una tradición que durante generaciones había estado vinculada a los cultivos, los obrajes y a la vida económica de muchas comunidades.

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El renacer del añil en Suchitoto

Pese al paso del tiempo, la historia no terminó allí. Después de la guerra civil salvadoreña comenzaron nuevos esfuerzos por recuperar el cultivo, el procesamiento y los conocimientos asociados al añil. En Suchitoto, uno de esos capítulos tuvo como escenario la Hacienda Los Nacimientos y como protagonista a una mujer que decidió volver a empezar prácticamente desde las ruinas. Su nombre es Rhina Rehmann.

 

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“Siempre me he identificado con Suchitoto”

Rhina nació en San Salvador. Sin embargo, cuando habla de Suchitoto lo hace desde un sentido de pertenencia construido a lo largo de los años.

“Soy originaria de San Salvador, pero siempre me he identificado con Suchitoto”, dice.

Su relación con el territorio también estuvo vinculada a la historia de su familia. Su padre había adquirido la Hacienda Los Nacimientos para producir caña de azúcar y abastecer al Ingenio San Francisco, que él mismo había fundado durante la Segunda Guerra Mundial.

En aquellos años, Los Nacimientos era fundamentalmente una hacienda agrícola. Para la familia representaba una fuente de producción y de trabajo. Pero la historia de la propiedad cambiaría profundamente después del conflicto armado.

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Volver cuando todo parecía perdido

En 1993, dos años antes de retomar la hacienda Los Nacimientos, Rhina había regresado de Alemania. Se incorporó a proyectos de cooperación técnica alemana relacionados con la inserción de personas desmovilizadas de la guerra. Era un país que intentaba reconstruirse después de doce años de conflicto. Y fue precisamente en ese contexto cuando decidió volver la mirada hacia la hacienda familiar.

Lo que encontró no fue la propiedad productiva y alegre que había conocido. “Estaba totalmente destruida y habían quemado los cañales”, recuerda. Volver —recuerda— significaba reconstruir instalaciones, recuperar cultivos y crear nuevamente fuentes de trabajo en una zona que había sido duramente golpeada por la guerra.

Pero también significaba recuperar la confianza en que la tierra podía volver a producir. “El amor que mi padre me enseñó fue que la vida no era fácil y que había que luchar por nuestros sueños”, recuerda. Es ese principio el que terminaría convirtiéndose en una de las claves de su proyecto.

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Recuperar la tierra, recuperar el añil

El primer sueño de Rhina no fue simplemente producir o retomar viejos cultivos. El sueño era recuperar la fertilidad de la tierra. Volver a conectar con la tierra. En ese camino encontró en el añil una posibilidad. No solo porque era un cultivo con profundas raíces en la historia salvadoreña y de Suchitoto, sino porque podía convertirse nuevamente en una actividad productiva y, al mismo tiempo, en una forma de recuperar conocimientos y una tradición que prácticamente se habían perdido.

“Desde el principio mi sueño era recuperar la fertilidad de la tierra”, explica. Y aquel desafío era enorme. Había que volver a aprender a trabajar con una planta cuyo cultivo y procesamiento ya no formaban parte del conocimiento cotidiano de muchas personas.

“Lo más difícil fue trabajar con el desconocimiento de esta planta y su transformación al polvo para generar el tinte y crear hermosas piezas”, recuerda.

La recuperación del añil no consistía entonces solamente en sembrar jiquilite. Había que recuperar una cadena completa de conocimientos: cultivar, cosechar, procesar, extraer el pigmento, teñir y finalmente convertirlo en productos capaces de encontrar un mercado.

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El oro azul que volvió a circular

En ese proceso, la hacienda Los Nacimientos se convirtió en un espacio de recuperación y aprendizaje. Rhina estuvo muy vinculada a los esfuerzos de cooperación técnica alemana que buscaban desarrollar el cultivo del añil y llevarlo hacia mercados internacionales.

Pero quizás uno de los resultados más importantes ocurrió a nivel local. Porque aquella iniciativa tendría un enorme impacto en la recuperación de la tradición del añil en Suchitoto. El conocimiento comenzó a circular. Artesanos, emprendedores y otras personas comenzaron a aprender las técnicas relacionadas con el añil.

“Cuando se inició el proyecto existían cero artesanos que conocieran estas técnicas”, afirma. Con el tiempo, ese escenario empezó a cambiar. “El conocimiento se fue extendiendo y permitió desarrollar diferentes productos derivados del añil”. Ese proceso ayudaría a que el añil volviera a aparecer en la vida económica, artesanal, cultural y turística de Suchitoto.

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Una mujer en un mundo de hombres

La recuperación del añil tuvo además otra dimensión: la participación de las mujeres. Para Rhina, asumir la dirección de un proyecto agrícola y agroindustrial en los años posteriores a la guerra significó enfrentarse a un ámbito predominantemente masculino. “Fue una tarea difícil hacer que la mujer fuera respetada y escuchada en un rubro dominado por hombres”, recuerda.

Pero ella no se quedó al margen. “Alcé mi voz y me hice escuchar”. La experiencia le permitió observar también el potencial de otras mujeres que participaron en los procesos de capacitación y producción. “Las mujeres son altamente creativas, sensibles y muy innovadoras”, afirma. Y agrega que para ella fue significativo ver cómo surgió un movimiento de mujeres suchitotenses, y cómo se superaban y “alzaban su voz”.

En ese sentido, la historia de Los Nacimientos no es únicamente una historia sobre el rescate de un cultivo. Es también una historia sobre conocimiento, trabajo, autonomía y participación de mujeres en un ámbito productivo donde históricamente habían tenido menos espacio.  Sin saber las dimensiones e impactos de aquella iniciativa, aquel esfuerzo marco el resurgir de una tradición ancestral que por años había identificado a Suchitoto y hoy volvía a resurgir en manos de las mujeres. No como algo nuevo, sino como algo que quedo en pausa esperando mejores tiempos.

(I parte)

Fotos cortesía: Rhina Rehmann

 

 

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