Cerrón Grande: residuos de 71 medicamentos en sus aguas

Un estudio científico publicado en 2026, analiza por primera vez de manera específica la presencia de residuos farmacéuticos en las aguas del embalse y encuentra concentraciones que representan un alto potencial de riesgo para organismos acuáticos.

Desde hace algún tiempo las aguas del embalse Cerrón Grande, conocido también como lago Suchitlán, esta continuamente siendo contaminado. Un nevo estudio ha puesto en evidencia que contiene algo que no podemos ver a simple vista: residuos de medicamentos.

Así lo revela el estudio científico “First Evidence of Pharmaceutical Residues in the Cerrón Grande Reservoir, El Salvador”, publicado el 28 de enero de 2026 en la revista Molecules. La investigación fue realizada por especialistas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y del Institut Químic de Sarrià de la Universitat Ramon Llull, en España.

Los investigadores analizaron 76 compuestos farmacéuticos presentes en muestras de agua tomadas durante enero y julio de 2024, correspondientes a las temporadas seca y lluviosa. En total se tomaron muestras en 12 puntos durante enero y en 9 durante julio. El resultado llama la atención: solamente cinco de los 76 compuestos analizados no fueron detectados. Los demás aparecieron en las muestras analizadas en más del 50 % de los casos, según el estudio.

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¿Qué encontraron?

Entre los residuos detectados aparecen medicamentos y sustancias de diferentes grupos: antibióticos, analgésicos, antihipertensivos, antidepresivos, antivirales y otros productos farmacéuticos. Uno de los hallazgos más llamativos fue la presencia de mecamilamina, un medicamento antihipertensivo, que durante la época seca fue encontrado en todos los puntos muestreados, con concentraciones entre 1,710 y 6,913 microgramos por litro. En la época lluviosa continuó presente, aunque en concentraciones menores, entre 1,526 y 2,198 microgramos por litro.

También se encontraron concentraciones importantes de 1,7-dimetilxantina, cloroquina e hidroxicloroquina durante la época seca. En el caso de esta última, las concentraciones llegaron hasta 315.4 microgramos por litro. Otros compuestos detectados fueron acetaminofén, cafeína, valsartán, norfloxacina, ivermectina, levofloxacina, sulfametoxazol y numerosos medicamentos más.

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¿Cuáles son los riesgos?

Los investigadores no se limitaron a detectar medicamentos. También realizaron una evaluación de riesgo ambiental. Para ello utilizaron el llamado cociente de riesgo (RQ), que compara la concentración encontrada en el agua con una concentración prevista en la que no se esperarían efectos sobre determinados organismos acuáticos.

De los compuestos priorizados, cuatro presentaron durante la época seca valores de RQ superiores a 100: cloroquina, mecamilamina, hidroxicloroquina y manidipina. En la época lluviosa, la mecamilamina continuó superando ese umbral. Los autores interpretan estos valores como un alto potencial de efectos adversos sobre especies acuáticas.

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El estudio advierte además que la evaluación individual de cada sustancia puede no reflejar completamente la realidad, porque los organismos están expuestos a una mezcla de otros diferentes compuestos. Los autores señalan que los efectos combinados podrían hacer que el riesgo ecológico real sea mayor que el estimado para sustancias consideradas por separado.

Una de las conclusiones interesantes es que la concentración de los residuos no fue igual durante todo el año. En general, las concentraciones disminuyeron durante la época lluviosa. Los investigadores relacionan esta reducción probablemente con la mayor cantidad de agua que ingresa al embalse y el consecuente efecto de dilución. El análisis estadístico mostró que la estacionalidad fue el principal factor que explicó la distribución de los residuos farmacéuticos.

Sin embargo, advierte que menor concentración no significa ausencia. La mecamilamina, por ejemplo, permaneció en concentraciones elevadas durante ambas temporadas.

Si bien este es  problema que nadie suele advertir desde las riberas del lago, el estudio aporta también una advertencia sobre las dificultades para estudiar las aguas del embalse. Durante la época lluviosa los investigadores no pudieron acceder a cinco de los puntos que habían muestreado en enero debido a la proliferación de Pistia stratiotes, conocida como lechuga de agua. La presencia de esta vegetación, junto con las algas, dificultó el acceso a determinadas zonas del embalse.

Los autores relacionan estas condiciones con la zona de confluencia de los ríos Lempa y Acelhuate y señalan que el Acelhuate es uno de los ríos más contaminados del país. También plantean que las aguas residuales provenientes de zonas densamente pobladas y las actividades agrícolas y ganaderas pueden contribuir a la carga de contaminantes farmacéuticos. Esto coloca al Cerrón Grande frente a un problema que va más allá de la basura que podemos observar desde la orilla.

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¿Significa esto, que bañarse en el lago provoca enfermedades?

El estudio no demuestra eso. La investigación evalúa principalmente el riesgo ambiental para organismos acuáticos. Es importante aclarar queo este no es un estudio epidemiológico sobre personas que se bañan, pescan o consumen pescado del embalse, ni establece que la exposición al agua produzca determinada enfermedad humana.

Lo que sí demuestra este estudio es que existe una contaminación farmacéutica que hasta ahora había sido prácticamente invisible para los monitoreos convencionales y que algunas de las concentraciones encontradas presentan un alto potencial de efectos adversos sobre organismos acuáticos.

El estudio tampoco explica qué cantidad de estos compuestos puede acumularse en los peces del Cerrón Grande ni cuál podría ser la exposición o consecuencias de las personas que consumen pescado proveniente del embalse o están en contacto con sus aguas. Son preguntas que sin duda requieren respuestas y nuevas investigaciones.

Los autores del estudio presentan su trabajo como una línea base para futuras investigaciones y para desarrollar estrategias de monitoreo y reducción de la contaminación. Importante es recordar que el Cerrón Grande es un ecosistema del que dependen pescadores, familias, actividades agrícolas, turismo y otras formas de vida. Por eso conocer qué contienen realmente sus aguas no debería ser solo un ejercicio académico aislado sino una responsabilidad de monitoreo de las autoridades que administran el embalse.

 

Fuentes consultadas:

UCA, Vicerrectoría de Investigación e Innovación. Investigación sobre residuos farmacéuticos en el embalse Cerrón Grande, 2026.

Romero-Alfano, I. et al. (2026), First Evidence of Pharmaceutical Residues in the Cerrón Grande Reservoir, El Salvador, Molecules, 31, 455. El estudio fue recibido en diciembre de 2025, aceptado en enero de 2026 y publicado el 28 de enero de 2026

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