La lechuga de agua y el silencio que ahoga al principal humedal de El Salvador

“El embalse Cerrón Grande, declarado humedal Ramsar, está al borde del colapso: recibe más de 8.5 millones de libras de excretas al mes, enfrenta eutrofización, proliferación de cianobacterias y falta de gestión ambiental concreta. ¡Exijamos una declaratoria de Emergencia Ambiental y un plan real de recuperación y protección del embalse!”

El embalse Cerrón Grande, mejor conocido como lago Suchitlán, atraviesa una de sus peores crisis ambientales. La proliferación masiva de plantas acuáticas invasoras, principalmente la lechuga de agua (Pistia stratiotes), que ha cubierto gran parte de su superficie —más de 130 kilómetros cuadrados— dejando a la vista una problemática que no es nueva, pero sí cada vez más grave: la falta de un plan de mantenimiento y manejo responsable del mayor y más importante centro de producción de energía hidroeléctrica del país.

Hoy, lancheros, pescadores y comunidades ribereñas enfrentan una lucha de supervivencia a mano limpia. Las aguas cubiertas por un espeso y apacible manto verde dificultan la navegación, generan vectores de moscas y zancudos, frenan la pesca artesanal, bloquean la entrada de oxígeno al agua y amenazan con un colapso ecológico. A pesar de que no es la primera vez que ocurre, la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL) administrador del embalse, sigue sin implementar un manejo preventivo y sostenible a este problema en un sitio reconocido internacionalmente bajo la Convención RAMSAR por su importancia ecológica y medio ambiental.

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Por su parte la municipalidad de Cuscatlán Norte se ha sumado a CEL y al MARN en las labores de limpieza mediática, retirando toneladas de plantas desde la superficie. Sin embargo, la estrategia sigue siendo superficial: sacar a toda costa la lechuga de agua sin atender la raíz del problema. Porque la verdad incómoda es que la proliferación no es un fenómeno tan natural; es una respuesta directa a la fuerte contaminación que el embalse recibe cada día. Toneladas de desechos sólidos, aguas negras y residuos químicos y pesticidas son descargados en sus afluentes sin control, tratamiento ni sanación.

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Muchos han preferido culpar a campesinos y las comunidades ribereñas por el uso de pesticidas o el manejo inadecuado de basura, mientras guardan silencio frente a las descargas industriales, el deficiente tratamiento de aguas residuales y la evidente ausencia de políticas de protección ambiental efectivas. El lago, como un organismo vivo, está enviando señales de alarma cada vez más urgentes y continuas, pero la respuesta institucional ha sido tibia y lenta.

El último informe oficial del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) que reflejó con claridad la gravedad de la situación data del 2017. Desde entonces, el problema sigue creciendo y aumentando, mientras las autoridades concentran esfuerzos en aprobar permisos para construcciones en zonas de reserva natural, impulsar proyectos mineros y minimizar la crisis ambiental que se avecina. Pese al anuncio de una inversión de millones de dólares destinados a la protección y restauración de la cuenca del río Lempa, sobre el espejo del agua apenas se ven dos pequeñas barcazas recolectoras, insuficientes para enfrentar un problema de grandes magnitudes.

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Lechuga de Agua (Pistia stratiotes) y Jacinto o Lirio de Agua (Eichornia crassipes) Dos de las plantas invasoras en embalse del Cerrón Grande.

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La lechuga de agua, lejos de ser el enemigo principal, es el síntoma visible de una enfermedad profunda: la contaminación causada por el ser humano. Arrancarla de raíz sin sanear el agua es como curar una fiebre sin tratar la infección. Varias comunidades de Suchitoto y al menos 12 comunidades más dependen directamente de este lago, pero sus afectaciones trascienden lo local. Lo que ocurre en este embalse es un problema de dimensión nacional.

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El Cerrón Grande no es solo un espejo de agua; es el principal humedal del país, un regulador del clima, un refugio de biodiversidad y la base de una de las principales plantas hidroeléctricas que generan energía en el país. Es inaceptable que a estas alturas y con tantos síntomas no exista un plan integral de manejo, monitoreo y recuperación de este recurso.

Este es un llamado a la ciudadanía, las organizaciones ambientales y la comunidad científica para alzar la voz. No basta con “limpiar” la superficie: se necesitan soluciones reales, urgentes y sostenibles en el tiempo. El lago Suchitlán no puede esperar. Es imperativo generar una mayor presión social y visibilizar más las dimensiones del problema, todos debemos unirnos en un solo clamor: ¡Salvemos el Lago Suchitlán! antes de que la mancha verde se convierta en un silencio irreversible.

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El punto crítico: contaminación orgánica directa

El Índice de Calidad de Agua (ICA), de tres de los principales ríos que vierten al embalse (Acelhuate, Sucio y Suquiapa), varía según los puntos entre malo y pésimo. Este humedal recibe del río Acelhuate una descarga mensual de más de 8.5 millones de libras de excretas, procedentes de 18 sistemas de aguas negras que drenan más de 1.5 millones de hogares del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS). Los ríos Suquiapa, Sucio y Acelhuate, que juntos representan el 30 % del caudal que entra al humedal Cerrón Grande trasladan descargas contaminantes de 157 fuentes, 54 industrias, 55 beneficios de café, siete ingenios azucareros, 29 redes de alcantarillas y nueve rastros municipales. El Acelhuate recibe descargas de 17 industrias de metal y afines, 22 textilerías, siete fábricas de pintura y 11 plantas papeleras. De un total de 145 industrias, solo nueve tratan sus desechos.

De 120 industrias que generan vertidos, solo el 14 % realiza algún tipo de tratamiento. En el AMSS, el 25 % de la población no tiene servicios de conexión a la red de alcantarillado y 40 % de las aguas negras descargan directamente en los ríos Las Cañas y Urbina (SNET, 2002; Vásquez, IXEP, 2001).

Guevara (1983) reporta otros datos para las estaciones de medición de Colima, San Cristóbal y Suchitoto: para bicarbonatos, 57.5 a 132.3 mg/L; nitratos de 3.35 a 0.02 mg/L; nitritos de 0.41 a 0.001 mg/L. Se reporta también la presencia de metales como plomo (1.77- 6.28 mg/L) y cromo (0.27- 0.78 mg/L).

Por otra parte, el Estudio de Sedimentación de la cuenca del río Lempa de CEL/HARZA (1999) reportó haber encontrado concentraciones de plomo y cobre en peces del Cerrón Grande, valores que superan los límites máximos recomendados por la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (USFDA). Mientras que Jiménez IXEP (2004) reportan que en muestreos de agua realizados por el FOSEP-BID en 1977 se detectaron concentraciones de 1.77 a 6.28 mg/L de plomo y 0.27 a 0.78 mg/L de cromo al este del puente Colima, antes de la desembocadura del río Acelhuate. Esto corresponde a unas mil veces las concentraciones señaladas por el Reglamento sobre la calidad del agua, el control de vertidos y las zonas de protección (Decreto No. 50), que son de 0.50 y 0.05 mg/L, respectivamente.

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Llamado urgente

El lago Suchitlán es más que un embalse: es un símbolo nacional de ecosistemas acuáticos, producción energética y vida rural. Su contaminación masiva y sostenida exige una declaratoria de Emergencia Ambiental y Sanitaria por parte del estado, que entre otras cosas incluya:

  • Atención urgente a las comunidades afectadas y retiro de la lecha de agua.
  • Activación urgente de las instituciones vinculadas la protección del medio ambiente y salud.
  • Monitoreo riguroso de descargas contaminantes en los principales afluentes que contaminan el embalse.
  • Tratamiento adecuado de aguas residuales y control de residuos sólidos en los mismos.
  • Planes de manejo ecosistémico con respaldo institucional y financiamiento.
  • Participación activa de la sociedad civil, comunidades ribereñas, y autoridades ambientales.

¡Salvemos el Lago Suchitlán!

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