Este 15 de julio, la ciudad de Suchitoto conmemora su aniversario número 167 de haber sido elevada oficialmente al rango de ciudad. Esta es una fecha que no solo nos invita a recordar el pasado, sino también a mirar con ojos críticos y esperanzados el presente que compartimos y el futuro que nos toca construir juntas y juntos.
Suchitoto no es únicamente calles empedradas, balcones coloniales y atardeceres inolvidables. Es sobre todo su gente: hombres y mujeres que han resistido guerras, sequías, temporales, injusticias y abandono; juventudes que siguen soñando con un futuro digno; comunidades que han luchado con dignidad por la defensa de sus derechos, el agua, la tierra y la vida.
Hoy, más que una celebración, este aniversario debe ser una oportunidad para reflexionar sobre quiénes somos, hacia dónde vamos y qué estamos dispuestos a defender y ceder como pueblo. En medio de las crisis, la desinformación, la pérdida de valores comunitarios, la migración, la gentrificación y el avance de modelos que priorizan el interés privado sobre el bien común, urge recuperar lo que nos ha sostenido como ciudad: la unidad, la solidaridad, la organización y la fe en nuestras propias capacidades.
Es momento de volver a creer en nosotras y nosotros. De reencontrarnos como comunidad, de tender puentes entre generaciones, de mirar con amor y responsabilidad nuestros territorios, nuestras raíces, nuestras luchas y derechos fundamentales. No hay futuro posible si abandonamos la defensa de la vida, de lo público, de los comunitario, de lo que nos pertenece por derecho.
A 167 años de historia, Suchitoto sigue teniendo una voz fuerte y una memoria viva. Pero también enfrenta grandes desafíos: la carencia de espacios para el diálogo, el cierre de espacios culturales, el abandono del campo, el olvido de nuestros adultos mayores, la migración forzada de las juventudes, el desplazamiento que genera la gentrificación urbana, el debilitamiento de la organización social y comunitaria. Estos retos solo pueden enfrentarse si recuperamos el espíritu colectivo que nos ha hecho resistir y avanzar.
Este aniversario no debe ser solo un acto ceremonial, que se quema en 167 cañonazos. Debe ser un llamado profundo a recuperar la esperanza, la fe y el optimismo. A volver la vista a lo esencial. A recordar que este pueblo ha sido grande cuando ha estado unido, cuando ha creído en sí mismo y cuando ha caminado con dignidad frente a cualquier adversidad.
Suchitoto necesita de todas y todos. De los que nacieron aquí y los que han llegado después. De los que siembran, los que crean, los que enseñan, los que organizan, los que sueñan. Que esta fecha nos convoque a renovar nuestro compromiso con la vida, con nuestros territorios y con el derecho irrenunciable de vivir con justicia, con libertad y con amor.
Porque defender Suchitoto es también defender lo que somos. Y porque mientras haya un corazón que crea, un alma que luche y una voz que se alce, esta ciudad seguirá siendo esperanza.





