Fotorreportaje: Los tumbeadores del Día de Difuntos en Suchitoto

A primeras horas de la mañana del 2 de noviembre, aparece la figura de los tumbeadores. Caminan con brochas y botes de pintura en mano, listos para renovar las tumbas del cementerio de Suchitoto.

El cementerio de Suchitoto es un lugar centenario. Aunque no hay una fecha exacta de su fundación, se cree que el camposanto es antiguo porque este pueblo fue el primer asentamiento español, establecido en 1528. Sus tumbas más antiguas datan de finales del siglo XIX y son parte del patrimonio cultural e histórico de Suchitoto.

Cada año, los primero días de noviembre, cientos de familias acuden a este cementerio a honrar la memoria de sus seres queridos fallecidos. En este escenario aparecen los “tumbeadores”, este término se usa para referirse a quienes realizan tareas como azadonear la tierra, limpiar la maleza, pintar cruces y bóvedas, y hacer letreros. Este trabajo representa una oportunidad de ingresos económicos para hombres, mujeres e incluso para la niñez y adolescencia.

Suchitoto amanece distinto cada 2 de noviembre. El sonido habitual del casco urbano cede al murmullo proveniente del cementerio. Se escuchan los cantos del coro de la iglesia, que anuncia que la misa a está pronta a iniciar. Más allá, en medio de las bóvedas, suena el tradicional “¿La va a pintar? ¿La va a tumbear?”, un ofrecimiento de los tumbeadores, quienes son los primeros en llegar al camposanto.

Llevan con ellos sus herramientas de trabajo, sencillas pero indispensables: Brochas, botes de pintura, botellas con agua y un azadón que tiene función de limpiar la tierra y levantar las tumbas. Este oficio es tan antiguo como la tradición de ir a enflorar el 2 de noviembre.

Los tumbeadores trabajan sin parar. Antes, durante y después de la misa, esta actividad no se detiene. Ellos saben que esta es una de las pocas fechas del año donde pueden tener un ingreso económico extra. Cada tarea tiene un precio, pero que puede ser negociable de acuerdo con el tamaño y las condiciones de las tumbas.

Algunos tumbeadores ya son reconocidos por su trabajo y llegan al cementerio con la agenda llena, a pintar por encargo.

Aunque tradicionalmente este oficio es considerado como masculino, hoy las mujeres también se dedican a tumbear. “Hay que venir temprano para agarrar clientes porque somos muchas personas las que andamos trabajando en esto”, dice Carmen Rodríguez. Cuenta que empezó a trabajar en esto por necesidad ya que es mamá de 3 niños y las oportunidades laborales son escasas en el pueblo. “La única manera de salir adelante es emprendiendo”, agrega, y ella encontró en esto una oportunidad de emprender.

En el transcurso del día, el cementerio ya ha cambiado su rostro. Los colores de las flores naturales y artificiales resaltan entre las tumbas, y las velas encendidas, a plena luz del día, reflejan pequeños puntos de luz en las bóvedas.

Mientras tanto, las familias platican, recuerdan anécdotas, rezan, comparten comida o simplemente se sientan junto al recuerdo de sus fieles difuntos. Entre ellos se mueven los tumbeadores, atentos a cualquier señal que indique a alguien necesita de sus servicios. Sin el trabajo de los tumbeadores, la tradición del 2 de noviembre no estaría completa.

El cierre de la jornada llega lentamente. Algunos cuentan el dinero que han ganado para ver si ya ha sido suficiente o si deben continuar a pesar del cansancio. Otros permanecen hasta que cae la noche, recogiendo las herramientas que utilizaron durante el día.

LOS TUMBEADORES DEL DÍA DE DIFUNTOS EN SUCHITOTO

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Cada 2 de noviembre, desde tempranas horas de la mañana cientos de familias visitan el cementerio de Suchitoto. Foto por Carolina Mena
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Los tumbeadores trabajan para conservar la memoria histórica y colectiva de Suchitoto. Foto por Carolina Mena
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«La vida de los muertos está en la memoria de los vivos», Marco Tulio Cicerón. Foto por Carolina Mena
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La mayoría de los tumbeadores llegan al cementerio alrededor de las 7:00 de la mañana; algunos logran atender más de 15 tumbas en un solo día. Foto por Carolina Mena
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Cuando son bóvedas grandes, los tumbeadores trabajan en parejas para avanzar más rápido. Foto por Carolina Mena
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Pintar bóvedas es una de las tareas más demandadas por las familias el Día de los Difuntos. Las más antiguas suelen requerir dos o tres capas de pintura. Foto por Carolina Mena
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Para muchos, este oficio representa la primera oportunidad de ganar un ingreso propio mientras ayudan a conservar una tradición centenaria. Foto por Carolina Mena
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Elmer Martínez arregló con sus propias manos el nicho donde descansan sus abuelos, su mamá y su papá. En el 2025 perdió a su mamá, doña Lina, y en esta visita la recuerda con ternura y cariño. Foto por Carolina Mena
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«Quien ha dejado de vivir sigue viviendo en el que lo recuerda», Antonio Machado. Foto por Carolina Mena 
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Muchos tumbeadores jóvenes trabajan solo este día del año, pero logran generar ingresos equivalentes a una semana de trabajo informal. Foto por Carolina Mena
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Aunque históricamente fue un oficio masculino, en los últimos 5 años las mujeres se han involucrado más en este trabajo. Foto por Carolina Mena
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El precio por limpiar y pintar una tumba en el cementerio de Suchitoto varía entre los $5.00 y los $10.00, según el tamaño o deterioro de la bóveda. Foto por Carolina Mena 
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El oficio del tumbeo es estacional, pero para las juventudes representa su principal ingreso económico en el año. Foto por Carolina Mena
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«Habló bien el que dijo que las tumbas son las huellas de los ángeles», Henry Wadsworth Longfellow. Foto por Carolina Mena
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«Recordar es la única manera de detener el tiempo», Mario Benedetti. Foto por Carolina Mena 
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El trabajo de los tumbeadores transforma por completo el aspecto del cementerio. Foto por Carolina Mena
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«La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados», Jean Paul. Foto por Carolina Mena
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Varias de las tumbas datan del siglo XIX. Esto convierte el trabajo de los tumbeadores en un aporte a la conservación del patrimonio histórico de Suchitoto. Foto por Carolina Mena
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