Rhina Rehmann: la historia de una mujer, una hacienda y el añil en Suchitoto

En esta segunda parte, abordamos la integración del añil con la experiencia turística y las dinámicas culturales de Suchitoto, incluyendo el surgimiento del Festival del Añil. A través de las reflexiones de Rhina Rehmann, se analizan los aportes medioambientales, los retos superados y los interrogantes sobre la transmisión de este patrimonio identitario de cara al futuro.

La recuperación del añil también abrió una puerta hacia el comercio y el turismo. Por primera vez -luego de años de ausencia- en Suchitoto, Los Nacimientos abría la oportunidad de conocer todo el proceso del añil. Los visitantes podían conocer el cultivo del jiquilite, observar el obraje y acercarse al proceso de transformación de la planta en el característico pigmento azul.

Para Rhina, el turismo tenía sentido cuando permitía aprender. “El turista busca aprender algo nuevo y conocer acerca de la historia del país a través del producto”, explica. Por eso Los Nacimientos terminó siendo algo más que una finca productiva. Se convirtió en un lugar donde agricultura, historia, artesanía y turismo podían encontrarse en un mismo lugar.

Incluso la relación con Suchitoto formó parte de esa visión. Rhina explica que procuró que quienes visitaran la hacienda también llegaran a la ciudad, conocieran sus espacios y consumieran en ella. Rhina tenía la claridad de que hacienda y ciudad podían beneficiarse mutuamente.

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Una historia que llegó hasta el Festival del Añil

Si bien la historia del añil tuvo un enorme empuje desde la Hacienda Los Nacimientos, no fue la única. Como bien lo reconoce Rhina, tuvo a otras mujeres que contribuyeron a su recuperación y rescate. Gracias a estas mujeres, con los años, el producto volvió a ocupar espacios dentro de la vida económica, cultural y turística de la ciudad.

En 2017 nació el Festival del Añil, entonces bajo el nombre “Azul Azul”, con una apuesta por recuperar una tradición, fortalecer el trabajo artesanal y vincular el añil con la economía local, pero sobre todo rescatar el sentido de identidad que este aportaba a Suchitoto.

Diez años después de aquel primer festival, la celebración ha permanecido y se ha convertido en una plataforma para artesanos, emprendimientos, diseño y productos vinculados al añil. Pero también ha surgido una pregunta necesaria: cuánto de ese crecimiento se traduce realmente en el fortalecimiento de la producción propia de sus artesanos locales y del conocimiento del añil en Suchitoto.

Rhina considera que el festival sí ha cumplido parte de su objetivo. “Sí, sí está cumpliendo con su objetivo inicial, porque está dando a conocer los productos y artesanos encargados de producir las artesanías”. Pero también plantea una crítica constructiva. Considera necesario mejorar su organización y comenzar a prepararlo con al menos seis meses de anticipación, de manera que pueda realizarse una  organización y promoción más amplia, incluso internacional.

La observación resulta pertinente porque coloca la discusión en un punto que va más allá de realizar un festival: cómo convertir una celebración en una oportunidad permanente para sus productores locales y quienes producen, crean y trabajan con el añil.

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Más que una planta

Una de las cosas interesantes de Los Nacimientos es que también fue diversa; se experimentó con otros cultivos, entre ellos marañón, rosa de Jamaica y moringa. La diversificación respondía a una preocupación por la tierra. “Cuando la producción es diversificada no se dañan los suelos y los cultivos presentan más fertilidad”, explica.

Para Rhina, uno de los aprendizajes importantes fue demostrar que la agricultura podía desarrollarse utilizando otras prácticas y buscando alternativas a los fertilizantes que deterioran los suelos. Su visión del añil estaba, por tanto, vinculada a una idea más amplia de agricultura. No se trataba únicamente de recuperar un producto histórico, sino de buscar formas diferentes de relacionarse con la tierra.

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El momento más difícil

No todo fue éxito. El momento más difícil, reconoce, fue precisamente aquel con el que comenzó todo: regresar a una hacienda destruida después de la guerra. Pero hubo también otros obstáculos. Las sequías, las plagas y las dificultades para encontrar trabajadores agrícolas fueron parte de los problemas que tuvo que enfrentar. A pesar de ello, cuando mira hacia atrás no identifica una decisión de la que se arrepienta. Nunca renunció: “No, porque creía en mí misma, en mis ideas y en mi potencial”. Quizás esa frase resume buena parte de la historia.

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¿Qué queda de aquel sueño?

Después de más de tres décadas vinculada a esta historia, Rhina no identifica su mayor aporte solamente con la producción del añil. Ella habla del conocimiento, de las personas, de los emprendimientos, de las oportunidades de empleo, de la memoria y el patrimonio.

“Más allá de la producción del añil, considero importante el conocimiento que se logró transmitir, las oportunidades de empleo y emprendimiento que se generaron y la recuperación de un patrimonio”.

Esa quizá sea una de las claves para entender el verdadero alcance de esta mujer y Los Nacimientos. Una hacienda puede cambiar de propietario. Un cultivo puede dejar de sembrarse. Una instalación puede deteriorarse. Pero el conocimiento que una persona transmite a otra puede permanecer durante generaciones.

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“Yo lo volvería a hacer una y mil veces”

Cuando se le pregunta qué le diría a aquella Rhina que en 1995 decidió comenzar nuevamente, después de una guerra y frente a una hacienda destruida, responde sin demasiadas dudas: “Que no tenga miedo de lo nuevo y los retos, porque yo lo volvería a hacer una y mil veces”. Con esta frase Rhina resume la claridad de su sueño y lucha durante décadas en Suchitoto,  que la llevó a convertirse en una de las mujeres referentes del añil en Suchitoto.

Es de destacar que uno de los logros más significativos de Los Nacimientos está ligado a la calidad del añil que llegó a producirse allí. Según nos cuenta, el producto alcanzó un 75 % de pureza y pudo competir en el mercado internacional, superando incluso el añil de la India, uno de sus mayores productores. Y eso sin duda es un enorme orgullo y logro.

Pero cuando se le pregunta qué quisiera que quedara escrito en la memoria de Suchitoto sobre ella y Los Nacimientos, su respuesta vuelve a llevarnos a la historia colectiva:

“Que logramos rescatar nuestro patrimonio, que es el añil, que logró sostener nuestra economía por más de 300 años”.

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El azul como memoria

La historia del añil en Suchitoto no comenzó con Los Nacimientos ni terminó con su venta realizada recientemente.  Esta es una historia mucho más larga. Es la historia de un producto que durante siglos estuvo ligado a la economía de El Salvador; de los obrajes y haciendas que transformaban el jiquilite; de su decadencia frente a los tintes industriales; de los conocimientos que estuvieron a punto de desaparecer; y de los esfuerzos que, después de la guerra, intentaron recuperarlos.

Rhina Rehmann y hacienda Los Nacimientos forman parte de ese capítulo contemporáneo. Su historia y legado nos recuerdan que recuperar patrimonio no significa únicamente restaurar edificios o volver a cultivar una planta. Significa recuperar conocimientos. Transmitirlos. Crear oportunidades. Dar espacio a quienes los trabajan. Y lograr que una comunidad pueda reconocerse nuevamente en aquello que alguna vez la sostuvo y dio identidad. Y eso ha sido parte del enorme legado de esta mujer de índigos sueños.

El futuro del añil en Suchitoto dependerá, en buena medida, de que esa memoria no se quede únicamente en los festivales, las fotografías o las historias del pasado. Como dice Rhina, todavía existen posibilidades para el añil por su versatilidad y por la diversidad de productos que pueden elaborarse a partir de él. Pero para que ese futuro exista será necesario conservar y transmitir los conocimientos, formar nuevos artesanos y emprendedores y encontrar mercados para sus productos. Pero quizá sobre todo en empoderarnos de su historia como parte del patrimonio y la identidad de Suchitoto.

Quizá esa sea la pregunta que queda abierta después de escuchar su historia: ¿Qué hará Suchitoto con el azul que heredó? Porque mientras exista alguien que cultive el jiquilite, transforme su color y transmita el conocimiento a otra persona, el añil seguirá siendo algo más que una memoria. Seguirá siendo parte de la historia viva de Suchitoto.

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En 2025, la Hacienda Los Nacimientos dejó de ser propiedad de la familia Rehmann. Con ello se abre una nueva incertidumbre sobre el futuro de este espacio emblemático, que durante años mantuvo activo en Suchitoto el ciclo completo de producción del añil. Rhina Rehmann manifestó, por ahora, no sentirse preparada para abordar públicamente las circunstancias relacionadas con la venta.

Pero la historia no termina aquí. Al finalizar la entrevista, Rhina dejó claro que el cierre de Los Nacimientos no significa el fin de sus sueños ni de su labor en pro del indigo. Se prepara para comenzar un nuevo proyecto, más pequeño y cercano a Suchitoto. Se llamará “Herencia Azul”: un terreno de dos manzanas donde, desde antiguas raíces y su experiencia, espera continuar cultivando no solo el añil, sino también los conocimientos, la memoria y el legado construido durante tantos años.

Fotos cortesía: Rhina Rehmann

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