Suchitoto y el Festival del Añil, diez años después

Diez años y ocho festivales después, el Festival del Añil ha logrado permanecer y crecer. Pero la pregunta que nadie parece estar haciendo es la más sencilla: ¿cuánto de ese crecimiento ha fortalecido realmente al añil de Suchitoto?

 

Si, diez años después de aquel primer “Azul Azul”, el festival ha crecido, se ha institucionalizado y se ha venido convirtiendo en una plataforma de moda, diseño y emprendimiento. Pero queda una pregunta pendiente, de la cuál vale la pena reflexionar: ¿qué ha pasado con la identidad original que le dio vida?

Fue en 2017, cuando en Suchitoto se realizó el primer Festival del Añil. La apuesta parecía sencilla, pero al mismo tiempo profundamente ambiciosa: recuperar una tradición ancestral, fortalecer el trabajo de las mujeres artesanas y convertir el añil en una oportunidad para la economía local que reafirmara la identidad de Suchitoto. Este objetivo marco su inicio.

Aquel primer festival, bautizado como “Azul Azul”, no nació como un gran espectáculo. Nació desde las organizaciones de mujeres, particularmente la Concertación de Mujeres de Suchitoto, la Colectiva Feminista y artesanas locales, y fue creciendo con la incorporación de la municipalidad, CONAMYPE, MITUR, FANTEL, organizaciones de cooperación, empresarios y otros actores.

El añil era entonces mucho más que un color. Era memoria, conocimiento, trabajo, identidad y una posibilidad económica para impulsar la economía local. Había cultivos, talleres, mujeres que teñían y confeccionaban, productores, emprendimientos y lugares donde todavía podía conocerse el proceso del jiquilite. El festival intentaba conectar toda esa cadena: del cultivo a la artesanía, de la artesanía al turismo y del turismo a la economía local

La idea de una “ciudad Azul” tenía sentido porque no se trataba solamente de decorar Suchitoto de azul. Se trataba de construir una identidad alrededor de un patrimonio, dando lugar a sus protagonistas.

El festival creció. Sí. La tercera edición, en 2019, llegó a registrar más de 5,000 visitantes, una cifra que muestra que el festival estaba logrando convertirse en uno de los acontecimientos importantes del calendario cultural y turístico de Suchitoto.

Pero, después vino la pandemia y dos años de interrupción en los años 2020 y 2021.

Cuando el festival del Añil regresó en 2022, algo había cambiado.

El festival pasó de celebrarse en julio a septiembre. Este cambio se debió a la declaración del 6 de septiembre como Día Nacional del Añil y le dio un nuevo marco institucional. Ya no era solamente el festival del añil de Suchitoto: comenzaba a formar parte de una celebración de carácter nacional. Aquí lejos de fortalecer empezó a debilitarse su identidad.

Ese cambio estuvo acompañado también de una nueva escala. Las instituciones públicas adquirieron mayor protagonismo. Aparece la municipalidad y CONAMYPE -por ejemplo- quien comenzó a colocar con mayor fuerza la agenda de emprendimientos y MYPE. Aparecieron más diseñadores, pasarelas, moda, exposiciones y actividades comerciales vinculadas a la promoción de emprendimientos y pequeños negocios, negocios no necesariamente de la localidad.

En el 2025 ocurrió otro salto más visible: el Festival del Añil se integró al Festival de Arte y Diseño El Salvador, reuniendo a decenas de MYPE y alrededor de quince diseñadores y artesanos en las pasarelas. El pequeño festival nacido en 2017 de un día para otro se había convertido en una plataforma mucho más grande. Y eso, en principio, debería ser una buena noticia. Por supuesto, si algo de esa experiencia y recursos se hubieran quedado en la ciudad. Pero con la misma rapidez que llegaron al festival con esa misma se fueron de la ciudad. Suchitoto fue un escenario y su festival de Añil un marco perfecto para impulsar otro festival.

Entonces la pregunta que quedó es ¿Festival del añil o festival alrededor del añil? ¿Qué lugar ocupa actualmente el añil dentro del Festival del Añil?

En sus primeras ediciones, el añil era el punto de partida y también el punto de llegada. Se hablaba de productores, cultivos, obrajes, técnicas de teñido, se destacaba el papel de las artesanas locales, talleres, cultivos y productos elaborados en Suchitoto.

Con el paso de los años, el festival ha incorporado cada vez más elementos: moda, diseño, gastronomía, música, emprendimientos y marcas provenientes de distintos lugares del país. La evolución no es negativa y puede ser entendida como una ampliación natural. Pero también puede leerse de otra manera.

En ese sentido es de cuidar que el festival que nació para fortalecer una economía y una identidad local no corra el riesgo de convertirse en una gran plataforma nacional de eventos, donde Suchitoto solo aporte un escenario, la arquitectura, la plaza y la imagen turística, mientras el añil se convierte nada más en uno de los contenidos del espectáculo. No el protagonista. Porque una cosa es que el festival crezca y otra que crezca aquello que le dio origen.

El primer festival estuvo estrechamente vinculado a las organizaciones de mujeres y a la búsqueda de autonomía económica para las artesanas. Ellas no eran un elemento decorativo de la programación: estaban entre quienes impulsaron la idea. Eran protagonistas.

Hoy, en cambio, la estructura institucional del festival es mucho más reducida y la presencia de instituciones nacionales, MYPE, diseñadores y patrocinadores tiene un peso considerable. Esto de ninguna manera es negativo.  Pero ¿siguen teniendo las mujeres artesanas y productoras de Suchitoto el mismo protagonismo que tenían cuando el festival nació?

 

Del patrimonio a la marca

En 2018 ya se hablaba de una idea interesante: construir algo que pudiera identificarse como “Añil de Suchitoto”, incluso explorar mecanismos de protección territorial y denominación de origen. Diez años y ocho festivales después, esa pregunta sigue siendo pertinente.

Porque si Suchitoto quiere ser realmente una Ciudad Azul, no basta con que durante un fin de semana sus calles y plaza se llenen de prendas azules, pasarelas y actividades. Necesitamos saber quién cultiva el jiquilite, quién produce el pigmento, quién conserva las técnicas, cuántos talleres siguen funcionando, cuántas mujeres viven de esta actividad y cuánto de la economía generada por el festival permanece realmente en el territorio. Hacer que ellas crezcan se conecten y sigan produciendo. Visibilizar sus productos y promoverlos no ponerlos a competir con otros negocios. Se Necesita estimular, potenciar y reconocer públicamente sus esfuerzos y tenacidad de años.

Ese es el verdadero indicador del éxito. No solamente cuántas personas llegaron. No solamente cuántas MYPE participaron o cuántos diseñadores desfilaron. Lo importante es qué quedó en Suchitoto después de que se desmontaron los escenarios.

 

Diez años y Ocho festivales después

El pasado 4 de septiembre se dio una conferencia de prensa para anunciar el VIII Festival del Añil a realizarse el sábado 26 y domingo 27 de septiembre de 2026. Llegará después de diez años de historia. ¿Qué trae de nuevo la edición 2026? La conferencia de prensa presidida por el alcalde de Cuscatlán Norte, (sin revelar una agenda concreta) dijo que este será el inicio de los festivales del municipio, que habrá seguridad en el evento y que se promoverá el añil, recorridos turísticos, la gastronomía y la economía local del municipio Cuscatlán Norte.

El Festival del Añil llega a su octava edición. Llegará con una historia que ya tiene diez años, aunque dos de ellos hayan quedado suspendidos por la pandemia. Importante será detenerse y reflexionar sobre qué se está haciendo bien y qué cosas hay que mejorar. Preguntarse qué funciona, qué se está perdiendo, quiénes siguen participando, quiénes quedan fuera, y quienes deciden hoy el rumbo del festival.

Porque recordemos que el Festival del Añil no debería medirse únicamente por su capacidad para atraer visitantes. También debería medirse por su capacidad para conservar una memoria, fortalecer una comunidad, reconocer s sus protagonistas locales y generar oportunidades para quienes mantienen vivo ese patrimonio en Suchitoto.

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