Hay poemas que llegan como un farol encendido en medio del cansancio; otros, como una caricia que recuerda quiénes somos. Algunos nos empujan a seguir, otros nos invitan a volver al origen. Claudia Clavel del programa Lunas de Poesía, nos propone cinco lecturas imprescindibles para cerrar el 2025 con el corazón abierto y la palabra despierta.
Son poemas que acompañan, que abrazan, que nos enseñan a resistir, a caminar y a soñar. Lecturas para guardar en el pecho y volver a ellas cuando el mundo pese.
- “No te rindas” – Mario Benedetti
Un poema que es abrazo y resistencia. Benedetti nos recuerda que siempre hay un motivo para seguir, incluso cuando el cansancio parece ganar. Es un canto a la esperanza activa, a la fe en uno mismo y en la vida que insiste, aun en los días más oscuros.
No te rindas de Mario Benedetti
No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola, porque yo te quiero.
- “No te detengas” – Walt Whitman
Whitman nos habla desde el impulso vital, desde la urgencia de vivir plenamente. Este poema es un llamado a no renunciar al movimiento, al deseo, a la libertad interior. Nos invita a caminar sin miedo, confiando en la potencia de nuestra propia voz.
No te detengas -Walt Whitman
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.
“Un rancho y un lucero” – Alfredo Espino
La sencillez hecha poesía. Espino nos devuelve al campo, a la tierra y a los sueños humildes. Un rancho, una estrella, y la dignidad de quien ama lo simple. Es un poema que celebra la raíz, la identidad y la belleza de lo cotidiano.
Un rancho y un lucero- Alfredo Espino
Un día -¡primero Dios!-
has de quererme un poquito.
Yo levantaré el ranchito
en que vivamos los dos.
¿Qué más pedir? Con tu amor,
mi rancho, un árbol, un perro,
y enfrente el cielo y el cerro
y el cafetalito en flor…
Y entre aroma de saúcos,
un zenzontle que cantará
y una poza que copiara
pajaritos y bejucos.
Lo que los pobres queremos,
lo que los pobres amamos,
eso que tanto adoramos
porque es lo que no tenemos…
Con solo eso, vida mía;
con solo eso:
con mi verso, con tu beso,
lo demás nos sobraría…
Porque no hay nada mejor
que un monte, un rancho, un lucero,
cuando se tiene un “Te quiero”
y huele a sendas en flor…
“El nido” – Alfredo Espino
Aquí la ternura se vuelve palabra. El nido es símbolo de abrigo, origen y cuidado. Espino nos recuerda que todos provenimos de un gesto de amor, de un refugio primero que nos enseñó a sentirnos seguros en el mundo.
El nido -Alfredo Espino
Es porque un pajarito de la montaña ha hecho,
en el hueco de un árbol, su nido matinal,
que el árbol amanece con música en el pecho,
como que si tuviera corazón musical.
Si el dulce pajarito por entre el hueco asoma,
para beber rocío, para beber aroma,
el árbol de la sierra me da la sensación
de que se le ha salido, cantando, el corazón.
“Viajera” – Maura Echeverría
Este poema es una delicada invocación a la infancia, a la magia que habita en quienes miran el mundo con asombro. La niña viajera camina entre aromas, luna y viento, llevando consigo la gracia, la ternura y la libertad.
Es una poesía luminosa, que celebra la imaginación, el vínculo con la naturaleza y la pureza del asombro. Un canto suave que nos recuerda que viajar también es soñar, y que la infancia —real o simbólica— sigue viva en quienes no dejan de mirar con ojos de maravilla.
VIAJERA de Maura Echeverria
(A Maya Elizabeth Yelle)
Aromas del mirto
y la enredadera,
aquí está mi niña,
la dulce viajera.
Me cuenta la luna
que eres su doncella,
y que has aprendido
a viajar con ella.
Dime si has hablado
con el sol y el viento,
o si acaso quieres
que te cuente un cuento.
Chispita de gracia,
palpitar de rosa…
Tienes el encanto
de una mariposa.
Estos poemas, distintos en voz y época, dialogan entre sí: nos hablan de resistencia, de movimiento, de raíz y de esperanza. Leerlos antes de que termine el 2025 es un acto de cuidado personal, una forma de reconciliarnos con la palabra y con nosotros mismos. Porque la poesía, como la luna, no iluminan el camino, pero nos ayudan a no caminar en la oscuridad.





