Belleza y crisis: el desafío de ver la realidad completa del lago Suchitlán

 

El lago Suchitlán —o embalse Cerrón Grande— es, para Suchitoto mucho más que un paisaje: es identidad, es sustento, es un refugio de aves, un hermoso paisaje lleno de vida y escenario de vida comunitaria. Pero también es, hoy, un territorio en disputa entre dos miradas que coexisten, se superponen y a veces chocan. Mirar solo una de ellas empobrece nuestra comprensión; sostener con honestidad ambas al mismo tiempo es el verdadero reto.

 

Por un lado, está la mirada luminosa, la que todos reconocemos: el azul que se despliega al amanecer, las islas verdes salpicadas de garzas y aves, el reflejo del cielo que convierte al Suchitlán en una de las postales más hermosas del país. Esta visión no es fantasía, es real y necesaria. Es la que amamos ver, la que nos inspira e impulsa el turismo, la que nutre la economía local, la que inspira a quienes encuentran en el lago un motivo para volver a Suchitoto o para enamorarse de él por primera vez. El paisaje no es un engaño: Suchitlán es uno de los humedales más importantes del país, hogar de una biodiversidad invaluable, un lugar bellísimo donde navegar y encontrarse con la vida y la naturaleza.

 

Pero existe también otra mirada, la mirada profunda, la que se atreve a ver más allá de la superficie brillante. Esa mirada que nos enfrenta a la crisis silenciosa que se esconde bajo las aguas: la contaminación que cada año aumenta, los residuos que llegan desde la cuenca del Lempa, la acumulación de sedimentos, nutrientes y basura que alimentan el crecimiento desmedido de plantas acuáticas y reducen el oxígeno del lago, afectando la vida acuática y toda la vida que depende de ella. Esta mirada dura y triste, también es real, e importante de reconocer, es vital para entender qué ocurre con el Suchitlán y qué futuro le espera.

 

Ambas miradas son totalmente verdaderas y validas de reconocer. Una celebra la belleza, la otra alerta el peligro. Negar cualquiera de las dos sería una forma de renunciar a la responsabilidad que tenemos como comunidad y como territorio. Ser indiferentes o destacar su belleza más que su crisis no contribuye a su rescate, al contrario, le hace más daño y profundiza más su gravedad.

 

Por eso, más que optar entre una visión “optimista” o una “fatalista”, es necesario encontrar el punto de equilibrio: mirar el lago con amor, pero también con honestidad. Admirar y destacar su paisaje, pero sin usar esa imagen para ocultar o minimizar la crisis que lo afecta. Reconocer su potencial económico y turístico, pero entendiendo que nada de eso será sostenible si no se toman hoy medidas serias para frenar su deterioro.

 

El gran embalse Cerrón Grande no necesita una sola narrativa; necesita un compromiso integral y responsable, que garantice su vida. Y es en este punto donde aparece la gran pregunta: ¿Dónde está el plan real para rescatar el embalse Cerrón Grande?

No basta con limpiezas temporales, con fotos, ni con promesas de temporada. El lago necesita: un plan de saneamiento integral pensado en el tiempo, que se coordine entre las instituciones estatales responsables del medio ambiente en coordinación con las municipalidades, y que aborde de raíz las descargas de aguas residuales y la contaminación de la cuenca. Son necesarios recursos sostenidos y no proyectos improvisados. Transparencia y rendición de cuentas para saber qué se está haciendo, quién es responsable y qué resultados se esperan. Metas claras y plazos definidos que permitan conocer y participar de su rescate.

 

Porque si seguimos viendo el lago solo desde la superficie, el paisaje seguirá viéndose bonito… hasta que llegue el día en que deje de serlo. Y si lo vemos únicamente desde la crisis, correremos el riesgo de paralizarnos por la frustración. El equilibrio está en mirar el paisaje completo: reconocer lo que el Suchitlán aún es, para defender lo que aún puede ser.

 

Afirmar que el lago Suchitlán es hermoso, y que está enfermo es real. Ambas afirmaciones conviven, y ambas nos exigen verlas con honestidad y actuar.

Es momento de que la ciudadanía, las organizaciones locales y la municipalidad unan estas dos miradas para construir una sola ruta: la que lleve a la recuperación real del humedal y sitio Ramsar más importante del país.

Es importante no caer en la narrativa del poder, que pretende hacer ver solo la belleza, ocultando la enfermedad que va destruyendo la vida en la profundidad.   Negar la realidad solo contribuye a que se sigan posponiendo y evadiendo la responsabilidad de su recuperación.

Disfrutemos de la bella del lago, pero sin ocultar su crisis, para garantizar que las futuras generaciones puedan seguir viendo en él un espejo de vida, y no un recordatorio de nuestra indiferencia.

Foto portada cortesía Oscar Orellana.

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El embalse Cerrón Grande se encuentra ubicado al norte del país, entre los departamentos de San Salvador, Cuscatlán, Chalatenango y Cabañas en la cuenca media del río Lempa.
Es un humedal de origen artificial creado durante la década de 1970 con el fin de proporcionar agua a la central hidroeléctrica que lleva su mismo nombre; posee una superficie de 6,900 ha en época seca y 10,224 ha durante la época lluviosa, su área de tierras fluctuantes es de 14.8 Km² y presenta una profundidad máxima de 52 metros. Fue declarado como humedal de importancia internacional el 22 de noviembre del 2005 por la convención RAMSAR. – (DIPCA-UCA).

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