Desde julio de este año, el embalse del Cerrón Grande comenzó a mostrar señales de una crisis que muchos han preferido ignorar. La superficie del lago, antes reflejo de cielos y aves migratorias, empezó a cubrirse de una densa alfombra verde: la lechuga de agua. En pocos meses, esta planta invasora llegó a ocupar más del 70% del espejo del embalse, sofocando la vida acuática bajo una capa de vegetación que simboliza el abandono ambiental que sufre una de las reservas de agua dulce más importantes del país.
Pese a que la gravedad del problema era evidente desde mediados del año, las autoridades tardaron más de cuatro meses en reaccionar oficialmente. No fue sino hasta el 29 de octubre que el Consejo Asesor de Protección Civil se ha visto en la necesidad de: «recomendar a la Comisión Nacional de Protección Civil, Prevención y Mitigación de Desastres como instancia político estratégica del Sistema Nacional de Protección Civil; minimizar el impacto de lechuga de agua, como vegetación flotante presente en el embalse Cerrón Grande, ubicado en el lago Suchitlán al norte de El Salvador, extendiéndose por los departamentos de Chalatenango, Cuscatlán y Cabañas».
«El Consejo Asesor es un órgano interinstitucional de carácter científico y técnico que emite informes, opiniones o dictámenes, por tanto, en base al informe técnico sobre atención a la problemática de vegetación acuática flotante en el embalse Cerrón Grande, elaborado por el equipo técnico de la Dirección General de Ecosistemas Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente Recursos Naturales; recomienda que el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) y el Ministerio de Obras Públicas y de Transporte (MOPT) realicen todas las gestiones necesarias para el manejo integral de la vegetación acuática; por medio de las acciones de prevención control y remoción propuestas en dicho informe, y, también es preciso elaborar una estrategia de mantenimiento y control de vegetación acuática flotante.» *

*
La medida, aunque necesaria, llega tarde y con un enfoque limitado: la actuación sobre los síntomas, pero no sobre las causas. La gestión hasta ahora sigue reactiva, centrada en extraer lo visible (la vegetación) más que preventiva y estructural (control de la contaminación, rehabilitación de la cuenca, monitoreo ecológico). Esto implica que se está mitigando un efecto, no la causa.

*
Un lago enfermo de descuido
El Suchitlán, nació en los años setenta con la construcción de la represa del Cerrón Grande. Era el símbolo del progreso hidroeléctrico y de la promesa de desarrollo. Medio siglo después, si bien sigue siendo un importe fuente de energía hidroeléctrica, ese espejo de agua se ha convertido en un cuerpo contaminado, saturado de residuos y sedimentos que lo asfixian lentamente.
A los ríos Lempa y Acelhuate —que alimentan el embalse— llegan toneladas de aguas residuales sin tratamiento, agroquímicos, plásticos y desechos industriales. Todo ese material cargado de fósforo y nitrógeno actúa como fertilizante para la proliferación de la lechuga acuática. El resultado: un ecosistema eutrofizado, donde el oxígeno se agota, los peces mueren y el agua se pudre.
Los recientes reportes de mortandad de peces en las riberas no son un accidente, sino la evidencia más visible de una crisis que se ha incubado por años.


Estudios e informes presentados en noviembre de 2024 y marzo de 2025 por: LABTOX-UES
*

*
Entre informes, comunicados y lentitud institucional
El comunicado del Consejo Asesor de Protección Civil recomienda la extracción de la vegetación flotante y la elaboración de una estrategia de control. Sin embargo, no menciona plazos, presupuestos ni responsables, ni aborda los factores que originan la proliferación. Tampoco se detalla si habrá inversión para el saneamiento de la cuenca, ni se señala la participación de la CEL, principal administradora del embalse.
La acción del Consejo Asesor de Protección Civil refleja la preocupación discreta por la forma en que el gobierno ha manejado una crisis ambiental en el embalse. Sin embargo, las recomendaciones, aunque formalmente correctas, se limita a atender la superficie del problema sin adentrarse en sus causas profundas.
Para que la actuación sea adecuada frente a la urgencia, los técnicos saben que deberá acompañar la medida de extracción con otras acciones como:
- Un plan con plazos, responsables y recursos claramente definidos;
- Acciones de saneamiento y tratamiento de aguas en la cuenca del embalse;
- Monitoreo ecológico que permita observar y advertir impactos (plantas invasoras, oxígeno disuelto, biodiversidad);
- Transparencia y participación de las comunidades ribereñas. Brindar información oportuna y tomar en cuenta reportes ciudadanos.

Mientras CEL sigue sin parar produciendo energía hidroeléctrica para el país, las comunidades ribereñas, -por su parte-, viven las consecuencias: con una amenaza constante a su salud y medios de vida. Sin minimizar que la vida acuática del ecosistema del humedal poco a poco se va ahogando. En ese contexto, es importante aclarar que los trabajos del gobierno hechos en la remoción de la lechuga son importantes, pero representan apenas un paliativo ante una enfermedad estructural que sufre el embalse.

La urgencia que el gobierno no declara
El Cerrón Grande es un sitio Ramsar, un humedal de importancia internacional. Su degradación compromete no solo la biodiversidad local, sino el equilibrio ecológico de toda la cuenca del Lempa. Frente a esta situación, la ausencia de una respuesta integral —que combine saneamiento, monitoreo, control de contaminantes y restauración ecológica— resulta alarmante.
Más allá de los anuncios y fotos, lo que se necesita es voluntad política. La magnitud del daño y la velocidad con que avanza la degradación del embalse deberían bastar para declarar una emergencia ambiental nacional. Solo así se podría movilizar inversión pública, cooperación internacional y un plan de restauración a largo plazo que priorice la vida sobre los intereses burocráticos.

*
El lago Suchitlán, corazón azul del centro del país, está enfermo. Y su enfermedad no es solo biológica: es política, institucional y moral. Cada día que pasa sin acciones contundentes, el embalse pierde oxígeno, biodiversidad y esperanza.
Las autoridades no pueden seguir observando cómo un humedal de valor incalculable se descompone lentamente bajo la indiferencia oficial. Declarar la emergencia ambiental no es un gesto simbólico: es una necesidad vital.
En embalse del Cerrón Grande necesita una respuesta inmediata, una política seria y una inversión real que le devuelva el aliento para seguir siendo fuente de vida.
Fotos tomadas del portal de Protección Civil.





