¿Qué hay detrás del turismo en Suchitoto?

Este artículo es una mirada acuciosa sobre quién invierte en Suchitoto, quienes ganan y pierden en este juego, y hacia dónde parece dirigirse la ciudad bajo las actuales lógicas de turismo, plusvalía y modernización de El Salvador.

Suchitoto ha pasado, en las últimas dos décadas, de ser una pequeña cabecera rural a un destino turístico reconocido dentro y fuera de El Salvador. Esa transformación no es neutra: y en los últimos años implica decisiones públicas, dinámicas de mercado y apuestas privadas que configuran quién prospera y quién se va quedando fuera del juego y es empujado al margen. Este artículo quiere mirar con rigor acucioso quién invierte en Suchitoto, quién se beneficia, quién se margina, quienes ganan y pierden en este juego, y hacia dónde parece dirigirse la ciudad bajo las actuales lógicas de turismo, plusvalía y modernización de El Salvador.

En la primera línea de la transformación reconocemos dos tipos de actores que suelen combinarse: inversiones públicas para “revitalizar” la ciudad y el casco histórico y empresas turísticas privadas (hoteles boutique, restaurantes, operadores de turismo) que ocupan el espacio rehabilitado y lo convierten en producto para visitantes. En 2023 y 2025, por ejemplo, la Dirección de Obras Municipales (DOM) aparece ejecutando fases de revitalización del centro histórico como parte de una cartera más amplia de obras en Cuscatlán —una intervención que, en la práctica, abre una fotografía de invitación a nuevas inversiones y flujo turístico.

Esto no es casual y no viene solo, trae consigo nuevas políticas y leyes que favorecen la inversión, intervención y transformación de los espacios y centros históricos patrimoniales que eran regulados y protegidos por la Ley de Patrimonio Cultural.  A partir de octubre del 2024 la Asamblea Legislativa reformó la Ley de Patrimonio Cultural para establecer que una nueva Dirección de Ordenamiento Territorial y Construcción (DOT) será la instancia encargada de autorizar intervenciones en construcciones relacionadas a bienes culturales inmuebles, una dependencia directa del Ejecutivo.

Pero sigamos. En lo privado, el crecimiento de hoteles boutique, hostales y cadenas pequeñas es evidente. Marcas y proyectos como Casa 1800 y Hotel Jardín de las Marías, entre otros alojamientos ya existentes han venido posicionando a Suchitoto como destino de “turismo cultural y boutique”, con infraestructura para visitantes con capacidad de pago media-alta. Ese tipo de oferta consolida una imagen selecta y cuidada, que atrae a turistas nacionales e internacionales y dispara la demanda por inmuebles en zonas del centro histórico.

Por otra parte, tampoco es casual que el Ministerio de Turismo y sus canales promocionales suelan acompañar la inauguración de proyectos hoteleros y actividades que proyectan la ciudad a audiencias mayores, funcio­nando como multiplicador de la oferta privada. Esa promoción pública facilita flujo de turistas, pero también legitima la lógica de mercado como estrategia del desarrollo local.

Pero ¿Quiénes prosperan? —

Propietarios de inmuebles céntricos y nuevos inversionistas: quienes ya poseían casas coloniales o terrenos en el casco se revalorizan; otros llegan con capital para comprar, restaurar y convertir en hospedajes o restaurantes.

  • Empresas de hospedaje boutique y restaurantes: obtienen márgenes altos especialmente en temporada alta y con clientes internacionales.
  • Operadores de turismo y eventos culturales con respaldo institucional: festivales y eventos artísticos (cuando cuentan con patrocinio) atraen público y patrocinadores, lo que beneficia a organizadores con redes y acceso a recursos.

Estos beneficiarios puntuales diríamos que construyen la narrativa del “Suchitoto cultural” y capturan la mayor parte de la renta turística: alojamiento, gastronomía y experiencias guiadas.

¿Quiénes quedan fuera del juego?

La “turistificación” suele traer desplazamientos directos e indirectos: aumento de alquileres, conversión de viviendas en hostales y alojamientos tipo Airbnb, y cambios en el uso del suelo que encarecen la vida cotidiana. La literatura sobre gentrificación turística describe exactamente este proceso: la vivienda se vuelve más rentable como activo para turistas que como hogar para residentes, lo que provoca el desplazamiento social hacia la periferia y comunidades rurales y por consecuencia la pérdida de prácticas locales.

En tal sentido en Suchitoto, los perdedores suelen ser:

  • Familias de largo arraigo con recursos económicos limitados, que ven cómo subir precios de alquiler y servicios dificulta su permanencia y posibilidad de pago.
  • Pequeños productores, comerciantes y artesanos informales cuyos clientes cambian, o que no participan de las cadenas de valor locales de turismo. Los nuevos hoteles suelen tener sus propios proveedores y no participan del dinamismo de la economía local, incluso muchas veces traen ya cubierto el equipo personal, limitando la dinámica económica local.
  • Espacios culturales comunitarios y servicios públicos que, sin financiamiento sostenido, quedan relegados frente a inversiones que “se ven” (obras, fachadas, iluminación).
  • Trabajadores y dinamizadores de la economía turística mal remunerados (empleos temporales, estacionales, sin protección laboral).
  • Grupos de artistas y artesanos que con sus propios esfuerzos realizan eventos y festivales artísticos y culturales, generando visibilidad y flujo de visitantes, pero no cuentan con patrocinio ni reconocimiento económico.

Aunque Suchitoto carece de indicadores locales precisos (cuántas familias desplazadas, negocios, variación de alquileres) datos municipales y encuestas, los mecanismos son conocidos y observables: inversión pública y privada que eleva la plusvalía, oferta de alojamiento a corto plazo y un mercado recreativo y de entretenimiento orientado a turistas.

El Estado por su parte —a través de instituciones como la DOM y MITUR— juega un doble papel: financia o impulsa la rehabilitación del espacio público y promociona destinos. Eso es útil: la mejora de infraestructura puede facilitar la actividad económica. Pero cuando la intervención no va acompañada de políticas de protección y proyección social, control de uso del suelo, y mecanismos de participación ciudadana, la rehabilitación se transforma en catalizador de procesos especulativos. Proyectos de “embellecimiento” sin claridad sobre vivienda asequible ni prioridad de beneficios a los habitantes puede profundizar la exclusión y encarecer la vida para los ciudadanos.

Veamos hacia dónde va Suchitoto analizando algunos escenarios posibles:

Escenario dominanteturistificación con gentrificación: Si la dinámica actual continúa (promoción estatal + llegada de capital privado orientado al turismo boutique) es probable que la ciudad se consolide como destino de alto valor turístico, incrementando plusvalías y marginando por consecuencia a sectores vulnerables que no tengan la capacidad ni solvencia del nuevo estándar.

Escenario alternativoturismo inclusivo y regulado: Con políticas públicas y participación ciudadana que regulen alquileres de corto plazo, incentiven la propiedad y gestión comunitaria, y destinen una parte de la renta turística a programas sociales, culturales y de desarrollo. Suchitoto podría generar espacios de diálogo y colaboración para equilibrar el desarrollo y justicia social.

Una de las grandes preocupaciones es la gentrificación de la ciudadanía originaria, por eso es importante construir propuestas para un turismo que no expulse a su gente, propuestas y regulaciones con ideas, políticas y prácticas. Algunas ideas incluyentes podrían ser:

  • Participación ciudadana vinculante: si se necesitan proyectos de revitalización, pero con participación ciudadana, con mesas locales que definan prioridades, necesidades y reglas de uso del casco histórico.
  • Regulación de alquileres de corta estancia (plataformas y conversiones de vivienda) para proteger a la ciudadanía local.
  • Fondos de desarrollo social y local financiados por una tasa turística que reinviertan en proyectos sociales, cultura comunitaria y formación para microemprendimientos locales.
  • Programas de capacitación y generación de cadenas productivas locales que integren a artesanos, productores agrícolas y pequeños comerciantes en la oferta turística.
  • Presupuesto municipal y de empresarios para el apoyo y financiamiento a las artes y cultura que a través de festivales y eventos impulsan organizaciones, colectivos y artistas en Suchitoto.

Suchitoto tiene una riqueza patrimonial y cultural real que justifica su atractivo. Pero hay que tener cuidado que esa riqueza no sea apropiada exclusivamente por quienes traen capital o por el discurso oficial del “desarrollo” si ello supone marginar o expulsar a quienes hicieron y construyeron la identidad de la ciudad. El reto es diseñar políticas y prácticas —públicas y privadas— que conviertan al turismo en una oportunidad compartida entre todos y para todos, y no en un motor de exclusión. Para lograrlo hacen falta transparencia, indicadores, datos (encuestas sobre desarrollo, vivienda y empleo), y mucho compromiso y voluntad política para anteponer el bienestar de la población local por encima de la mera estética del destino o los intereses económicos.

https://diario.elmundo.sv/politica/inicia-vigencia-de-reforma-que-permite-intervenir-bienes-culturales-para-su-puesta-en-valor

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