Recientemente en septiembre de 2025, la UNESCO presentó su Informe Mundial sobre Políticas Culturales 2025, titulado “La cultura: el ODS que falta”. Se trata del primer documento global que analiza el papel de la cultura en el desarrollo sostenible, los avances alcanzados y las brechas que aún persisten en el reconocimiento de la cultura como motor de transformación social, económica y ambiental.
El informe —presentado en la Conferencia Mundial de Cultura MONDIACULT 2025 en Barcelona— plantea una idea contundente: la cultura no puede seguir siendo un accesorio del desarrollo, sino que debe reconocerse como un objetivo en sí mismo. Según la UNESCO, la cultura debe ocupar el mismo nivel de importancia que los demás Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, porque sin cultura no hay cohesión social, ni identidad, ni sostenibilidad posible.
Sin embargo, mientras la comunidad internacional avanza en este debate, en El Salvador y particularmente en Suchitoto la realidad muestra una brecha dolorosa entre el discurso global y las políticas nacionales y locales.
El mundo reconoce el valor de la cultura. El gobierno salvadoreño la invisibiliza.
El informe destaca que el 93 % de los países encuestados reconocen el papel de la cultura en sus estrategias de desarrollo. En contraste, El Salvador ha reducido su inversión en cultura, ha centralizado las decisiones y ha cerrado la red nacional de casas de la Cultura: espacios culturales y comunitarios que antes fortalecían la vida cultural de los pueblos.
Suchitoto —considerada por años la “capital cultural de El Salvador”— no escapa a esa tendencia. El cierre de la Casa de la Cultura, la situación de precariedad en la que existe el Teatro Alejandro Cotto, la desaparición de programas culturales sostenidos y la falta de apoyo a las expresiones artísticas comunitarias, son ejemplos de cómo el Estado y la municipalidad ha abandonado su responsabilidad con la cultura. Hoy, los proyectos culturales sobreviven por gracia de Dios y el compromiso de la sociedad civil, los colectivos independientes, grupos de ciudadanos y ciudadanas, las organizaciones culturales locales y la solidaridad internacional.
Mientras la UNESCO plantea que los Estados deben garantizar la participación cultural, los derechos de los creadores y la inversión en infraestructura, en Suchitoto todo reposa sobre el voluntariado, el compromiso y la resiliencia de su gente. El Estado ha reducido la cultura a un instrumento de propaganda o a un espectáculo para la foto en redes sociales, mientras las verdaderas expresiones de arte y memoria son ignoradas o marginadas.
El informe global y las realidades locales: coincidencias y contradicciones
El informe de la UNESCO subraya varios ejes que son claves para entender la situación de Suchitoto:
1. Cultura y desarrollo sostenible
El documento muestra que las industrias culturales y creativas representan más del 3 % del PIB mundial y generan más de 3 % del empleo global. Pero en América Latina, especialmente en países como El Salvador, no existen políticas que integren la cultura en la planificación económica.
En Suchitoto, los festivales internacionales de arte, cultura y cine, festivales del maíz y del añil, los talleres de arte, música y pintura, las cooperativas artesanales y el turismo cultural generan empleo y fortalecen la economía local. Sin embargo, estos esfuerzos no cuentan con respaldo estatal ni con estrategias de apoyo a largo plazo. No hay un plan de desarrollo cultural municipal ni fondos públicos que garanticen su sostenibilidad. Lo que la UNESCO llama “ecosistemas culturales sostenibles”, en Suchitoto son esfuerzos fragmentados que dependen de la voluntad de un par de personas.
2. Derechos culturales y participación
El informe señala que la cultura es un derecho humano y que los Estados deben asegurar la participación de todas las personas en la vida cultural. Pero en la práctica, la participación cultural en El Salvador está limitada por el cierre y falta de espacios, recursos y políticas incluyentes. En Suchitoto, la juventud que antes encontraba una diversidad de talleres de música, teatro y arte, hoy enfrenta la ausencia de esos programas en la ciudad. Las comunidades rurales tienen aún menos oportunidades.
La cultura no puede florecer donde el Estado impone silencio o indiferencia. La UNESCO enfatiza que la participación cultural es clave para la cohesión social y la paz. En ese sentido, Suchitoto —con su larga historia de trabajo comunitario, memoria y reconciliación— representa un ejemplo de cómo la cultura puede y debe sostener la paz, no el miedo impuesto, la cultura es la que ha sostenido la paz aun sin apoyo estatal. Pero también es de advertir una alerta: sin respaldo institucional, esa energía se agota.
3. Cultura, educación y juventud
El informe insiste en que la educación cultural debe integrarse en los sistemas educativos nacionales. Es admirable como en Suchitoto, algunos centros educativos y organizaciones mantienen destacadas actividades culturales, pero sin coordinación ni apoyo del Ministerio de Cultura ni del Ministerio de Educación. Las y los jóvenes artistas, cantautores, muralistas, artesanos, músicos, y pintores locales carecen de estímulos, becas o programas de formación que de continuidad a su aprendizaje.
La UNESCO habla de “formar ciudadanía cultural”. Algo que ha sostenido a Suchitoto, es precisamente esa identidad ciudadana con la cultura, pero se ha construido desde abajo, sin políticas públicas que la fortalezcan.
4. Cultura, memoria y medio ambiente
El informe dedica un apartado a la relación entre cultura y sostenibilidad ambiental. Reconoce que la cultura puede ser un instrumento de adaptación frente a las luchas por la defensa del medio ambiente, el cambio climático, una herramienta de resiliencia y una expresión de identidad frente a la crisis ambiental.
Suchitoto, por años ha mostrado una fuerte lucha en defensa de la tierra y el agua, la defensa del territorio, encarna ese vínculo histórico. Pero de nuevo, en lugar de existir políticas públicas que reconozcan estas expresiones y compromiso con el medio ambiente hoy se descalifican y criminalizan. Son las organizaciones e iniciativas ciudadanas, las que asumen el rol de estimular la participación de las artes en la defensa del territorio.
5. La brecha en la protección de los artistas y trabajadores culturales
El informe revela que solo el 9 % de los artistas en el mundo cuentan con protección social. En El Salvador, esa cifra podría ser aún mucho menor. En Suchitoto, la mayoría de los artistas y gestores culturales trabajan sin seguridad laboral, sin acceso a salud, sin contratos y sin fondos para producir o difundir su obra.
Mientras la UNESCO recomienda fortalecer el estatus laboral del trabajador cultural, el Estado salvadoreño despide a trabajadores de la cultura y ni siquiera reconoce formalmente la existencia de los artistas. En Suchitoto, la mayoría de artistas sobreviven de trabajos alternativos o del turismo, sin apoyo ni incentivos.
La paradoja salvadoreña: cultura sin política cultural
El informe de la UNESCO llama a que los gobiernos adopten un objetivo específico de cultura en la agenda post-2030. Pero El Salvador ha ido en sentido contrario: sin políticas culturales claras, sin presupuesto transparente, sin rendición de cuentas y con el cierre de los espacios públicos de cultura.
La paradoja local es evidente: Suchitoto produce cultura, pero sin política cultural.
Los festivales siguen, los grupos artísticos resisten, los museos comunitarios abren sus puertas, el teatro A.C. sobrevive, pero lo hacen con esfuerzo y gestiones propias sin un acompañamiento institucional constante.
El discurso oficial reduce la cultura a una imagen turística, para redes sociales, cuando en realidad, como dice la UNESCO, la cultura es el corazón del desarrollo sostenible, el espacio donde se construyen los valores, la memoria, la identidad y la paz. La visión del Estado reduce a Suchitoto a un escenario para Instagram invirtiendo millones en lo urbano pero no en el corazón de la sostenibilidad: la cultura.
Lo que la UNESCO propone y lo que Suchitoto necesita:
El informe de la UNESCO ofrece una hoja de ruta que Suchitoto podría tomar como punto de partida:
- Reconocer la cultura como eje de desarrollo local, no como entretenimiento.
- Crear una política cultural municipal, con presupuesto, programas, datos e indicadores.
- Asegurar espacios culturales abiertos y democráticos, gestionados con participación ciudadana.
- Proteger los derechos laborales de artistas y gestores culturales.
- Fortalecer la educación artística y cultural, especialmente entre la juventud.
- Vincular la cultura con el medio ambiente, la memoria y la economía creativa local.
- Fomentar la protección, digitalización y documentación del patrimonio cultural.
Si algo enseña el informe de la UNESCO es que no hay desarrollo sostenible sin cultura.
Suchitoto, con su herencia, su creatividad y su identidad, ya tiene el contenido y los actores; lo que falta es organización, voluntad política, planificación y reconocimiento institucional.
Una deuda pendiente
Mientras el mundo avanza en políticas culturales inclusivas y sostenibles, en El Salvador la cultura sigue siendo vista como un gasto y no como una inversión.
Suchitoto, con todo su potencial, resiste sin el apoyo debido, crea sin respaldo, y mantiene viva la llama de la memoria y la identidad con sus propios recursos y gestiones. Mientras en silencio y resignación ve como se invierten millones frente a sus ojos en enterrar cables, que servirán para una foto linda, pero sin alma.
La resiliencia tiene un límite. Sin un compromiso real del Estado y de las autoridades locales, el futuro cultural de Suchitoto dependerá únicamente del esfuerzo de su gente. Y eso, como bien advierte la UNESCO, no es sostenible. Un día quienes lo hacen se cansarán o partirán.
Lea el informe completo:





