Teatro Alejandro Cotto: una joya que no debe apagarse

Hay silencios que duelen más que el ruido. En Suchitoto, ese silencio se siente cada vez que se pasa frente al majestuoso e icónico Teatro Alejandro Cotto: un espacio que siempre ha sido sinónimo de arte, de encuentro, de música, de poesía, de teatro vivo. Hoy, su imponente arquitectura resiste el paso del tiempo, pero su escenario parece cada vez más silencioso, esperando que la ciudad —la misma que lo vio nacer— vuelva a darle vida.

No es posible que Suchitoto, reconocida como una de las ciudades culturales más importantes del país, viva de espaldas a uno de sus símbolos más representativos. El teatro no puede ser solo un edificio hermoso, ni un monumento silencioso a la memoria de quien lo soñó. Un teatro sin arte es como una lámpara apagada en medio de la noche: está ahí, pero no alumbra.

El Teatro Alejandro Cotto no es cualquier espacio. Es un lugar que encierra el espíritu visionario de un hombre que creyó que Suchitoto podía ser el corazón cultural de El Salvador. Alejandro Cotto no solo construyó muros, él levantó un símbolo. Cada butaca, cada columna y cada piedra del teatro están impregnadas de su sueño: el de un pueblo que respira arte, que se educa en la sensibilidad y que celebra su identidad a través de la creación.

Sin embargo, en el presente año, la agenda cultural del teatro se ha ido apagando y desapareciendo lentamente. Las luces del escenario se encienden ya muy pocas veces, y el eco de las risas, los aplausos y la música parece haberse quedado atrapado en el pasado. Este medio ha intentado en reiteradas ocasiones conversar con representantes del espacio, sin obtener respuesta alguna. Y aunque el silencio y la falta de actividades no necesariamente es abandono, preocupa la falta de comunicación y de vida artística activa y visible en un espacio que debería ser el corazón palpitante de la cultura en Suchitoto.

Para muchos, el teatro necesita revitalizarse y volver a ser lo que fue —y puede volver a ser—: un punto de encuentro entre artistas, gestores culturales, empresarios y comunidad. No puede depender únicamente de una agenda estatal que muchas veces no alcanza a ver el valor e importancia de lo local. El Teatro Alejandro Cotto es un espacio independiente, nacido del esfuerzo y del amor al arte en Suchitoto. Fue construido con el propósito de impulsar el desarrollo cultural de esta ciudad y debe seguir siendo ese faro que ilumine las expresiones artísticas del municipio y del país.

No dejemos que el teatro se nos vaya apagando. No permitamos que la indiferencia y el silencio lo diluyan como si se tratara de algo sin importancia. Quizás muchos no alcanzan a dimensionar la fortuna que significa tener un espacio escénico de tal magnitud en una ciudad pequeña. Pero quienes sí lo comprendemos, tenemos la responsabilidad de actuar. El teatro no se sostiene solo con admiración y postales: necesita presencia, programación, compromiso, apoyo y, sobre todo, amor.

Mantener con vida el Teatro Alejandro Cotto es una deuda moral y ética con el maestro que lo creó, pero también con las generaciones que vendrán. Es un compromiso con la historia y con el futuro de Suchitoto. No se trata únicamente de rescatar un edificio, sino de preservar un símbolo, un legado y un espacio donde la comunidad puede encontrarse y reconocerse.

Suchitoto tiene todo para seguir siendo esa ciudad cultural viva y vibrante de la que tanto se habla. Cuenta con artistas, músicos, escritores, teatristas, gestores culturales y jóvenes con talento y pasión. Lo que hace falta es creer y articular esfuerzos, creer en la colaboración, abrir espacios de diálogo y devolverle al teatro su voz, su función y su sentido.

El Teatro Alejandro Cotto tiene un enorme potencial para generar grandes actividades, conciertos, festivales, temporadas de teatro, presentaciones de danza, encuentros poéticos y exposiciones artísticas. La ciudad ofrece todas las condiciones para apoyar y generar oportunidades para nuestros artistas o traer artistas internacionales: belleza, historia, infraestructura, hoteles, restaurantes y una comunidad que, cuando se une, demuestra que puede hacer cosas extraordinarias.

Por eso, este es un llamado —más que una crítica— a la acción colectiva. A las instituciones culturales locales, a los empresarios, a los artistas y a todas las personas amantes de las artes: no dejemos que el teatro se apague. Sumemos esfuerzos, ideas y recursos para reactivarlo, para mantener las luces del escenario encendidas brillando como tantas veces lo ha hecho. De seguir indiferentes, el espacio correrá el riesgo con el tiempo de apagarse o pasar a otras manos.

En tal sentido, es necesario poner atención a este espacio, y llenarlo no solo de recuerdos sino de vida, de interés y apoyo para mantener vivo el espíritu del maestro Alejandro Cotto. Hagamos que su legado no se quede dormido entre cortinas cerradas, sino que siga floreciendo en cada aplauso y en cada mirada que se ilumina frente a las luces del escenario. Hagamos que este espacio siga brillando.

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