En marzo de 2025 un informe elaborado por el Laboratorio de Toxinas Marinas (LABTOX) de la Universidad de El Salvador (UES) reveló que el Embalse Cerrón Grande presentaba una situación grave de contaminación, debido a la proliferación masiva de cianobacterias potencialmente tóxicas que sobrepasan ampliamente los estándares internacionales para cuerpos de agua recreativos. Los análisis, realizados el 23 de febrero de 2025, evidenciaron concentraciones alarmantes de microorganismos, nutrientes y fósforo, asociados con condiciones eutróficas que amenazan la salud pública, los ecosistemas acuáticos y las actividades socioeconómicas ligadas al agua.

Los datos clave del estudio
El informe: «Fitoplancton y estado trófico del embalse Cerrón Grande» identificado como INF-2025-02, fue entregado el 6 de marzo de 2025, fruto del monitoreo realizado por LABTOX-UES con apoyo del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales MARN. Se tomaron muestras en seis puntos distribuidos a lo largo del embalse, además de un punto extra (“Punto Extra”) donde se observaron parches extensos de color verde en la superficie.
Nutrientes y calidad de agua:
Clorofila-a (indicador de biomasa algal) entre ~60-100 µg/L en la mayoría de puntos; en el punto extra se observó un valor excepcional: ~550 µg/L.
Fósforo total (PT) entre ~0.05-0.11 mg/L.
Nitrógeno total (NT) entre ~0.17-0.32 mg/L.

Estado trófico:
Con base en el índice de Carlson, el embalse se clasifica como eutrófico. Esto significa que tiene un alto contenido de nutrientes que promueven el crecimiento excesivo de algas y cianobacterias.

El estudio de la Universidad de El Salvador (UES), realizado por el Laboratorio de Toxinas Marinas (LABTOX), confirma que el embalse Cerrón Grande —como oficialmente se denomina— está en un estado de contaminación alarmante: niveles altísimos de nutrientes, proliferación masiva de cianobacterias potencialmente tóxicas y condiciones ambientales que favorecen la expansión de plantas acuáticas invasoras que asfixian el ecosistema.
Lo que antes fue un lago de aguas tranquilas y abiertas, hoy muestra extensas alfombras verdes de plantas flotantes —lirio acuático, y principalemte lechuga de agua y otras especies— que cubren grandes superficies. A simple vista y desde lejos, los visitantes creen ver un “tapete verde” o “un campo de futbol”, pero en realidad se trata de una señal de alerta: el lago se está enfermando.

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Diagnóstico científico: contaminación y eutrofización
El informe INF-2025-02 de LABTOX-UES, basado en muestreos realizados en febrero de este año, señala que el lago presenta concentraciones fuera de norma de cianobacterias, organismos microscópicos que proliferan cuando hay exceso de nutrientes como fósforo y nitrógeno.
Los investigadores registraron niveles de clorofila-a y fósforo que ubican al lago en estado eutrófico, es decir, un cuerpo de agua sobrecargado de materia orgánica que estimula el crecimiento descontrolado de algas, microorganismos y plantas flotantes.
En algunos puntos del lago, las concentraciones de cianobacterias alcanzaron más de 7 millones de células por mililitro, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece límites mucho más bajos para considerar un agua segura para actividades recreativas.
A esta proliferación microscópica se suma la visible: las plantas invasoras que, alimentadas por esa misma carga de nutrientes, se reproducen aceleradamente y terminan formando densas capas en la superficie.

Las plantas invasoras: una consecuencia visible
El lirio acuático, la lechuga de agua y otras especies flotantes no nacieron en el lago por casualidad. Son el resultado directo de la contaminación que baja por los ríos, quebradas y desagües que alimentan el Suchitlán.
Aguas residuales domésticas sin tratamiento.
Escorrentías agrícolas cargadas de fertilizantes y pesticidas.
Desechos sólidos arrastrados desde comunidades y ciudades ribereñas.
Todo esto se deposita en el lago como una sopa de nutrientes que acelera el crecimiento vegetal.
Lo que parece abundancia, en realidad es un grave problema: estas plantas cubren la superficie, bloquean la entrada de luz solar, disminuyen el oxígeno disuelto y alteran la vida acuática. Pescadores locales ya reportan disminución de especies nativas, mayor dificultad para navegar y pérdida de zonas de pesca.

Impactos en las comunidades
El embalse no es solo un paisaje: es fuente de alimentación, de agua para consumo doméstico y agrícola corriente abajo, de empleo a través de la pesca artesanal y del turismo.
Pesca en riesgo: las poblaciones de tilapia y guapote se ven afectadas por la baja oxigenación y el cierre de hábitats.
Navegación difícil: los parches de lirio forman verdaderos “muros” que traban lanchas y cayucos.
Salud pública comprometida: tanto las plantas como las cianobacterias generan riesgos. El contacto con el agua puede provocar irritaciones, alergias y enfermedades gastrointestinales si se consume sin tratamiento.
Turismo en retroceso: un lago cubierto de plantas y con olor desagradable por la descomposición orgánica ahuyenta visitantes.

¿Qué hacer frente a la crisis?
El informe de la UES plantea la urgencia de monitoreos periódicos y la identificación de toxinas presentes en las cianobacterias. Pero más allá de los análisis, lo fundamental es detener la entrada de contaminación:
Tratamiento de aguas residuales en los municipios aledaños.
Regulación del uso de agroquímicos en la cuenca.
Educación ambiental comunitaria, para evitar que la basura termine en el lago.
Planes de manejo del lirio acuático, combinando control mecánico, biológico y comunitario.

Un espejo que refleja nuestra relación con la tierra
El Lago Suchitlán es un espejo: refleja no solo el cielo y las montañas, sino también la forma en que tratamos nuestro territorio y bienes naturales. La proliferación de plantas invasoras y cianobacterias es una alerta roja que no debe ignorarse.
La contaminación no reconoce fronteras municipales; lo que se tira en una quebrada termina afectando nuestro medio ambiente y fuentes de agua. Por eso, la solución tampoco puede ser aislada: la situación del principal humedal de país, requiere un esfuerzo conjunto entre comunidades, gobiernos locales, gobierno central, instituciones y ciudadanía.

El embalse de Cerrón Grande, creado en los años setenta como el embalse más grande del país, y una de las principales fuentes de energía hidroeléctrica fue concebido como símbolo de progreso. Hoy, medio siglo después, pide a sus creadores auxilio.

Las plantas acuáticas invasoras no son el problema en sí, sino la consecuencia visible de un lago intoxicado por contaminación humana. Si no se toman medidas urgentes, el lago Suchitlán corre el riesgo de volverse un cuerpo de agua muerto, incapaz de sostener la vida y la economía local. La pregunta que queda abierta es: Si esta alerta roja fue emitida en marzo de 2025 ¿Por qué no se activaron oportunamente los protocolos de atención al embalse? ¿seguiremos viendo cómo el verde lo cubre todo, hasta ahogar al lago, o actuaremos para devolverle su vitalidad?
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Leer informe completo: «Fitoplancton y estado trófico del embalse Cerrón Grande» Laboratorio de Toxinas Marinas (LABTOX) de la Universidad de El Salvador (UES)





