Desfile de las antorchas: tradición, memoria y orgullo en Suchitoto

El desfile de las antorchas no solo ilumina la noche de cada 14 septiembre: ilumina también la historia, la identidad y el orgullo de un pueblo que ha sabido convertir un acto cívico e histórico en una celebración trascendental que se mantiene de generación en generación.
felexiones en torno al Desfile de las Antorchas

Cada 14 de septiembre, las calles de Suchitoto se encienden con una luz muy particular: la de decenas de antorchas que iluminan la noche y el corazón de una ciudad patrimonial. «El Desfile de las Antorchas», es una tradición que desde hace 36 años convoca a estudiantes, familias y vecinos en una expresión que combina fiesta, civismo y memoria.

El Desfile de las Antorchas de Suchitoto tiene su origen en los años más difíciles de la historia reciente del país, cuando el conflicto armado limitaba la posibilidad de realizar actividades masivas durante el día. Fue entonces que el Instituto Nacional de Suchitoto (INSU), como principal referente educativo de bachillerato del municipio, decidió mantener viva la celebración patria de una manera distinta: marchando de noche, iluminando el camino con antorchas.  Lo que nació como una adaptación a las condiciones del conflicto armado terminó consolidándose en una tradición que, con el paso del tiempo, se transformó en un símbolo de identidad para la ciudad.

La tradición del desfile de antorchas y faroles forman parte de una reminiscencia histórica a las celebraciones cívicas que se remonta a los años de movimientos independentistas de Centroamérica, en Guatemala, con una mujer como protagonista: María Dolores Bedoya (1783-1853). Ella fue una mujer revolucionaria y prócer guatemalteca -poco reconocida- que la noche del 14 de septiembre de 1821 recorrió las empedradas calles de la ciudad de Guatemala (hoy Antigua), con una antorcha en mano para instar e invitar a la gente a congregarse en la plaza frente al cabildo para apoyar y exigir la independencia. De aquí el origen más histórico, expresión que se mantiene viva en varios pueblos de la región centroamericana.

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Una llama que atraviesa generaciones

Treinta y seis años después, el INSU sigue siendo el corazón de esta tradición. Año tras año, sus estudiantes organizan y protagonizan el desfile, acompañados por bandas musicales, antorchas, faroles artesanales y expresiones artísticas temáticas que enriquecen y recorren las principales calles del centro histórico. Para muchos, no hay septiembre completo sin ver la procesión de luces y algarabía que avanza entre las calles empedradas, aplausos y vivas a la patria.

Es importante destacar que el desfile no solo representa un acto cívico en el marco de las fiestas de independencia; también es un ritual de paso para los estudiantes del INSU. Quienes alguna vez marcharon con una antorcha en la mano y/o representaron algún personaje recuerdan con nostalgia la emoción de encenderla, sentir el calor de la llama, desfilar y mirar a sus familias entre el público. Esa memoria compartida conecta a varias generaciones de exalumnos que, hoy como padres o incluso abuelos, vuelven a presenciar el desfile y se reconocen en él con nostalgia.

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Con el transcurso de los años, el fuego de las antorchas se ha convertido en una metáfora poderosa: es la luz de la independencia, pero también la llama de la educación, del esfuerzo colectivo y de la esperanza en el futuro. En Suchitoto, el desfile simboliza la capacidad de una comunidad para resistir, reinventarse y mantener viva su identidad.

En lo festivo, el desfile es un evento que viste de gala a la ciudad. La noche del 14 de septiembre no es una noche cualquiera: muchas de las familias que viven en San Salvador vienen y se congregan con familiares de las comunidades y la ciudad en las calles, las cámaras se encienden, los vendedores locales ofrecen bocadillos, y el sonido de la banda del INSU inunda y estremece cada esquina de la ciudad. Con el pasar del tiempo el desfile de las antorchas no solo pertenece a los estudiantes del INSU, pertenece a todo Suchitoto, que lo ha asumido y hecho suyo como parte esencial de sus celebraciones patrias.

Un patrimonio vivo

Mantener una tradición por más de tres décadas no ha sido una tarea sencilla. Requiere del compromiso de profesores, directores, autoridades educativas y, sobre todo, de la juventud estudiantil del INSU y sus familiares que año con año toma la estafeta y responsabilidad de mantenerlo vivo. El desfile de las antorchas ha sobrevivido cambios políticos, crisis sociales y hasta la pandemia, demostrando su fortaleza como patrimonio cultural y cívico de la ciudad.

Hoy, cuando se cumplen 36 ediciones de esta tradición, se hace evidente que el desfile de las antorchas no es solo un recuerdo escolar: es una memoria colectiva que habla de Suchitoto como ciudad viva, orgullosa de sus estudiantes y de su capacidad de mantener encendida una tradición y la llama de la identidad.

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Nostalgia y futuro

Para casi todos quienes se graduaron del INSU, el desfile es un recuerdo que se atesora con cariño. Es volver a escuchar los tambores, sentir el humo de la antorcha en las manos y vivir la adrenalina de marchar entre aplausos y vítores. Es una tradición que, más allá de la nostalgia, proyecta un mensaje hacia el futuro: cada generación tiene la responsabilidad de mantener encendida la llama de la memoria y del civismo.

En Suchitoto, el desfile de las antorchas no solo ilumina la noche de cada 14 septiembre: ilumina también la historia, la identidad y el orgullo de un pueblo que ha sabido convertir un acto cívico e histórico en una celebración trascendental que se mantiene de generación en generación.

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