El jacinto de agua y la lechuga acuática se han convertido en dos de las plantas acuáticas invasoras (PAI) de mayor impacto en los humedales y cuerpos de agua de El Salvador. En temporadas críticas, el jacinto ha llegado a cubrir hasta un 75% de la superficie del embalse Cerrón Grande, una cifra alarmante que amenaza la biodiversidad, la pesca artesanal, la generación de energía hidroeléctrica y la vida de comunidades enteras.

Las autoridades consideran que la proliferación de la lechuga de agua en el humedal del Cerrón Grande en este 2025 puede llegar a igualar o superar ese porcentaje de invasión ocurrido en el 2019.

Pero ¿Sabía usted que existe un protocolo para el control de plantas acuáticas invasoras en el país? La crisis del 2019 en el Cerrón Grande dio como resultado un documento elaborado por técnicos del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales MARN. Con el título de: “Protocolo para el control de jacinto de agua y otras plantas acuáticas invasoras (PAI) en El Salvador”
Esto significa que desde el 2019 el país cuenta con un marco normativo nacional e internacional y un protocolo técnico que establece fases, responsabilidades y métodos para el control de estas especies invasoras (documento actualizado en el 2022). Sin embargo, la gran interrogante es si estas medidas realmente se están aplicando con diligencia y rigurosidad en el caso del humedal del Cerrón Grande.

Un marco legal sólido… en el papel
El marco jurídico salvadoreño parte de la Constitución, que en su artículo 117 ordena al Estado proteger los recursos naturales y garantizar un desarrollo sostenible. A partir de ahí, la Ley de Medio Ambiente (1998), la Ley de Áreas Naturales Protegidas (2005), la Ley de Conservación de Vida Silvestre (1994, reformada en 2001), la Ley Forestal (2002) y la Ley General de Pesca y Acuicultura (2001), junto a ordenanzas municipales y resoluciones específicas como la de CENDEPESCA para el Cerrón Grande (2003), han creado un entramado normativo que debería dar herramientas para prevenir y responder a la invasión de las plantas acuáticas como la ninfa y la lechuga de agua.
Además, el Plan Nacional de Mejoramiento de Humedales, alineado con la Convención Ramsar y el Convenio de Diversidad Biológica, incluye lineamientos específicos para monitorear y controlar en el tiempo especies exóticas invasoras. Dicho plan establece que el MARN, en coordinación con otras instituciones, debe priorizar el control de las plantas acuáticas invasoras (PAI) en los humedales de importancia internacional.
Al parecer sobre el papel, El Salvador no carece de normativa. El vacío parece estar en su diligente ejecución. Pero conozcamos cuales son los protocolos, fases y métodos de control establecidos en este documento.

El protocolo oficial para el manejo de plantas acuáticas invasoras (PAI) en humedales salvadoreños, incluido el Cerrón Grande o lago Suchitlán, se estructura en cuatro fases operativas que resumimos a continuación:
Preparación:
Ubicación y caracterización del área infestada, uso de GPS o imágenes satelitales, mapeo de unidades de manejo según densidad y usos del agua (pesca, turismo, transporte).
Estudios de calidad del agua para determinar las fuentes de nutrientes.
Inventario de recursos humanos, materiales y financieros.
Preparación de instalaciones y medidas de seguridad para operarios.


Aplicación:
Selección del método de control más adecuado según densidad y extensión de la infestación.

Métodos disponibles:
Manual: extracción con azadones y rastrillos, útil en áreas pequeñas.
Mecánico: retroexcavadoras, barcazas cosechadoras acuáticas y lanchas especializadas; algo caro, pero efectivo en grandes áreas.
Químico: uso de herbicidas como 2,4-D, bajo estricto control para evitar daños colaterales.
Biológico: introducción de insectos y patógenos que atacan al jacinto, con resultados a mediano y largo plazo.
Combinación de métodos según cobertura (alta, media, baja).

Disposición:
Extracción segura de los volúmenes de biomasa y disposición en áreas específicas, evitando que el material vegetal descompuesto genere más contaminación o tapone ríos y quebradas.
Monitoreo y mantenimiento:
Supervisión constante, muestreos de agua, control de fuentes de nutrientes y aplicación de nuevas campañas antes de que la cobertura de las plantas invasoras vuelva a superar el 20-30% del total de extensión del humedal.
Participación comunitaria en labores de vigilancia.

Actores responsables
El protocolo es claro en la distribución de responsabilidades y se enumeran en este orden:
MARN: lidera coordinación, monitoreo y documentación de acciones.
CEL: co-coordina en el Cerrón Grande, al ser administrador y responsable de la represa hidroeléctrica.
ANDA: debe participar en políticas de saneamiento y reducción de descargas contaminantes y creación de Plantas de tratamientos de aguas residuales (PeTAR)
MAG y CENDEPESCA: coordinan con productores y pescadores, promoviendo prácticas sostenibles.
MOP: provee maquinaria y personal para la extracción mecánica.
Municipalidades y COMURES: coordinan trabajo local.
Universidades y ONGs: aportan investigación, monitoreo y propuestas técnicas.
Comité Ramsar: coordina y articula esfuerzos en humedales prioritarios.
y Ministerio de Educación: inclusión de temas de educación ambiental, específicamente sobre humedales, en el currículo nacional y en instituciones educativas.
Este diseño, en teoría, garantiza un control integral y participativo.

¿Qué pasa en el Cerrón Grande?
La realidad, sin embargo, muestra brechas entre lo normado y lo ejecutado. Pescadores y comunidades ribereñas denuncian que el control de la lechuga de agua y del jacinto en el Cerrón Grande ha sido esporádico y reactivo, limitado a campañas puntuales de limpieza hasta cuando la situación ya es crítica y la biomasa a ganado territorio y afecta el tránsito de lanchas y la pesca o se convierte en amenaza para la generación de energía hidroeléctrica.
Expertos advierten que lo que falta es un programa sostenido de monitoreo en el tiempo, que integre efectivamente a los actores locales. Si se tomaran acciones en la etapa de los primeros avistamientos de la biomasa, sería más fácil de controlar, debido a que su proliferación es rápida. Según el documento cuando la planta invasora cubre el 20-30% de la superficie del lago, es cuando debería de activarse el protocolo. Por otra parte, la falta de financiamiento estable es otro obstáculo: la extracción mecánica y el manejo de toneladas de biomasa requieren maquinarias costosas y una logística interinstitucional compleja.
Además, los protocolos de disposición no siempre se cumplen: en ocasiones, la biomasa extraída se deja en las orillas, generando descomposición y contaminación secundaria.
Pero el verdadero gran problema de fondo —la descarga de nutrientes y aguas residuales que alimentan la proliferación de estas plantas— no está siendo abordado con la urgencia y seriedad necesaria. Mientras la contaminación no sea controlada, cualquier esfuerzo de extracción será solamente temporal.

El Salvador cuenta con leyes, tratados internacionales, comités y protocolos técnicos muy detallados para el control de plantas acuáticas invasoras. Sin embargo, la experiencia en el Cerrón Grande evidencia una desconexión entre el marco normativo y la acción real.
La pregunta es inevitable: ¿se están siguiendo los protocolos? La evidencia indica que no se está logrando hacer de manera sistemática ni integral en el tiempo oportuno. El control se limita a respuestas reactivas, sin continuidad ni un enfoque de cuenca que incluya saneamiento, monitoreo permanente y corresponsabilidad entre instituciones, municipalidades, comunidades y sector privado.
La invasión del jacinto y la lechuga de agua es un síntoma de problemas más profundos: contaminación, falta de gobernanza ambiental y ausencia de coordinación interinstitucional. Mientras las acciones sigan siendo parciales y tardías, el embalse Cerrón Grande seguirá repitiendo cada año la misma crisis verde que sofoca la vida, la pesca y la energía del país. Hasta que un día llegue a ser demasiado tarde y perdamos la vida del principal humedal del país.
Fotos tomadas del documento y redes sociales con fines ilustrativos.
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