Más de 80 mil personas del municipio de Cuscatlán Norte serán beneficiadas con un programa de gestión del agua impulsado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID. La iniciativa se implementa desde febrero de este año y busca fortalecer el acceso, uso y sostenibilidad del bien hídrico.
Suchitoto fue seleccionado por la Cooperación Española como punto de partida para implementar un programa de fortalecimiento de la gestión hídrica, gracias a su reconocida tradición organizativa en la defensa del agua. El objetivo es reforzar la gobernabilidad hídrica municipal, mejorar los servicios de agua potable y saneamiento en zonas rurales y fortalecer la gestión hídrica municipal y comunitaria con políticas y operadores sostenibles con enfoque de género que garantice los Derechos Humanos al Agua y al Saneamiento, y a un medio ambiente saludable.

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Inicialmente estaba previsto ejecutarse solo en Suchitoto, pero el proyecto se amplió a los distritos de San Bartolomé Perulapía, San Pedro Perulapán, Oratorio de Concepción, San José Guayabal y San Martín. Aunque operativamente ha implicado desafíos para la ejecución del programa, como la necesidad de coordinar con unidades técnicas que ahora cubren un territorio más amplio, este cambio también representa una oportunidad.
Ampliar el alcance territorial permite una intervención más coherente con el enfoque de cuenca hidrográfica, lo que fortalece la gobernabilidad del bien hídrico desde una lógica más integral y sustentable.
Según datos proporcionados por el Ingeniero Óscar Ruiz, coordinador del programa, se esperaba beneficiar directamente a más de 4,000 hogares (alrededor de 14,420 personas) a través de inversiones en sistemas de agua. Pero, con la ampliación de la cobertura, las proyecciones han aumentado a más de 80,000 habitantes.
Durante la formulación del programa se definieron criterios para priorizar a las comunidades que accederán a inversiones en infraestructura. Entre ellos se incluye la certeza jurídica: los sistemas de agua deben contar con personería jurídica, documentación vigente y terrenos legalmente registrados a nombre de las asociaciones comunitarias.
Además, se requiere que las Juntas de Agua estén dispuestas a aportar un 20% del financiamiento como contrapartida, y a mejorar aspectos operativos como la micromedición y la macromedición del bien hídrico, claves para identificar consumos, fugas e ineficiencias.

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Sin embargo, el programa no excluye a las comunidades que no cumplen con todos estos criterios. “No es que si no tienes esto no puedes ingresar al fondo. Se establecen como punto de llegada. Si una Junta de Agua está dispuesta a trabajar y cumplirlos, puede incorporarse al programa”, explicó Ruiz.
También, agregó: “Así vamos incluyendo a más comunidades, garantizando que los fondos lleguen donde realmente se necesita y que haya compromiso local para una gestión sostenible del agua”.
Uno de los elementos claves del programa es la elaboración de un plan hídrico local, adaptado al marco legal de gestión hídrica vigente en El Salvador.
“Este plan nos permitirá definir con mayor precisión la oferta y demanda de agua, así como las presiones sobre el recurso hídrico”, explicó Ruiz. La intervención también contempla la instalación de estaciones de monitoreo de lluvia, temperatura y humedad, lo cual permitirá saber cuál es la disponibilidad de agua que tiene el territorio.
El plan busca establecer las prioridades de uso de uso del agua y fortalecer la toma de decisiones en las comunidades. “Este no es un trabajo solo técnico. Todo está pensado para llegar a una mejor gestión del recurso, con participación ciudadana, coordinación intermunicipal y herramientas técnicas de calidad”, dice Ruiz.

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El programa está siendo desarrollado en coordinación con la alcaldía de Cuscatlán Norte y tiene una duración de 48 meses, por lo que se prevé que finalice en el 2027. Sin embargo, no se descarta la posibilidad que pueda prorrogarse unos meses más.
Una de las grandes apuestas del programa es el enfoque de género. Para garantizar la participación activa de las mujeres en la toma de decisiones sobre la gestión del agua, se ha incorporado este enfoque como un componente transversal.
Además, el programa cuenta con la participación activa de actores locales, cuya experiencia y compromiso han sido fundamentales para avanzar hacia una gobernanza hídrica participativa y sostenible.
Por un lado, está la Asociación de Sistemas Comunitarios de Agua del Municipio de Suchitoto (AGUASUCHI), quien asume un rol articulador y gremial. Se proyecta como un espacio desde donde se impulsan acciones conjuntas entre las distintas Juntas de Agua del municipio.
Desde el programa se pretende brindar formación técnica en operación y mantenimiento de sistemas de agua potable, dirigido a jóvenes de comunidades que son beneficiados con el servicio de agua potable. Este componente del proyecto busca fortalecer capacidades, formando a futuros operadores y operadoras comunitarias que aseguren la sostenibilidad técnica de los sistemas.
Además, el programa contempla diversas estrategias para garantizar la sostenibilidad técnica, financiera y organizativa de los sistemas incluidos. Una es el fortalecimiento de las estructuras comunitarias, dotándolas de herramientas e instrumentos que les permitan dar seguimiento y continuidad a los procesos una vez finalice la intervención directa del proyecto.
Por otra parte, la Mesa de Manejo de Agua y Fuego, donde participan diferentes organizaciones e instituciones de Suchitoto, es reconocida por su trabajo en la protección ambiental y la prevención de incendios forestales. Esta se presenta dentro del programa como una estructura clave para coordinar acciones ambientales.
Desde esta mesa se impulsa, por ejemplo, la propuesta de declaratoria de zonas de protección hídrica en el Cerro Guazapa, un proceso que, según el ingeniero Ruíz, se realiza en coordinación con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) y la Autoridad Salvadoreña del Agua (ASA). Esta zona es considerada área de recarga hídrica esencial para garantizar el abastecimiento del agua en el municipio.
Como parte de una estrategia más amplia de protección de los bosques, el suelo y el agua, también se prevé el equipamiento de brigadas comunitarias para la prevención y el control de incendios forestales. El trabajo articulado entre las juntas de agua, el equipo técnico del programa, la municipalidad, el MARN y la ASA, busca garantizar que las soluciones implementadas no sólo respondan a las necesidades actuales, sino que sean sostenibles en el tiempo.
“No queremos que esto quede solo en estudios o proyectos que se olvidan. Queremos dejar capacidades, estructuras fortalecidas, normas locales, comunidad organizada y, sobre todo, agua segura para las generaciones que vienen”, dice Ruiz.
En ese sentido, el programa no se limita a una visión técnica o de infraestructura, sino que promueve un modelo de gobernanza hídrica con base en el fortalecimiento organizativo, la participación comunitaria, y la legalización de instrumentos normativos que aseguren la permanencia de los cambios a lo largo del tiempo.

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Dentro del programa también está contemplado realizar mejoras a la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Suchitoto, a través de la elaboración de un plan de gestión integral. La planta fue rehabilitada en el año 2021; sin embargo, su funcionamiento actual presenta varios problemas que requieren de intervención.
Entre las acciones previstas se encuentra la realización de un estudio detallado sobre los puntos de conexión de aguas lluvias al sistema de alcantarillado de Suchitoto. Durante la temporada de invierno, estas conexiones incrementan significativamente los caudales de agua que llegan a la planta, lo que decrementa su capacidad operativa.
Transparencia y rendición de cuentas
En cuanto a los mecanismos de transparencia, el programa impulsa espacios periódicos de participación con todos los actores involucrados. Se organizan asambleas con las Juntas de Agua y otros actores clave, donde se presentan avances, inversiones y distribución de los fondos. En estas asambleas las comunidades, a través de sus estructuras organizativas, conocen y validan las propuestas técnicas y financieras.
Sin embargo, la rendición de cuentas no ocurre solo en las asambleas, sino que también mediante mecanismos formales de seguimiento y evaluación definidos por la cooperación. El cumplimiento de indicadores técnicos se realiza con la participación activa de las comunidades beneficiarias para fortalecer la apropiación local.
Por Carolina Mena





