Gabriela Melgar: una voz salvadoreña que brilla y florece en San Francisco CA

San Francisco California (EE.UU.), es una ciudad donde los sueños pueden costar muy caros, pero Gabriela Melgar, una mujer salvadoreña originaria de Suchitoto, ha aprendido a sortear los retos y desafíos, abriéndose paso con constancia y determinación. Su historia es testimonio de cómo la migración, pese a las rupturas y dificultades que implica, también puede ser una oportunidad para construir nuevos caminos, metas y sueños sin olvidar las raíces de donde un día se partió.

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De Suchitoto a San Francisco: una niña migrante con el corazón dividido

Gabriela emigró a Estados Unidos a los siete años de edad. Su madre tomó la difícil decisión de llevarla junto a su hermano al Área de la Bahía de San Francisco en Estados Unidos buscando el apoyo y respaldo de su familia materna. “Lo más difícil de dejar El Salvador fue despedirme de mi papá y de su lado de la familia. Aun así, estaba emocionada y abierta a la idea de conocer un lugar nuevo”, recuerda.

Su proceso de adaptación fue menos abrupto gracias a que asistió a una escuela bilingüe, donde otros niños hablaban español, y pudo aprender inglés en un año. Aun así, la barrera del idioma fue uno de sus primeros grandes retos. “Recuerdo haber agarrado libros en inglés e intentar, con todas mis fuerzas, entenderlos”, dice. Hoy, el inglés es su idioma dominante y el español, su idioma materno, se ha convertido en “un músculo que tengo que ejercitar y fortalecer constantemente”.

Aunque su infancia la vivió en San Salvador, las visitas a su papá y abuelos, los fines de semana en Suchitoto le dejaron profundos recuerdos imborrables. “Se sentía como un refugio seguro”, cuenta. La tranquilidad del pueblo contrastaba con el peligro de la capital, y esa sensación de paz sigue viva cada vez que regresa. “En Suchitoto podía andar libremente con mis primos, yendo de casa en casa o pasando el rato en la plaza. La vida allí se sentía simple y tranquila. Hasta el día de hoy, cada vez que visito Suchitoto, me siento segura y en paz. La vida allá se mueve mucho más despacio que en Estados Unidos y me recuerda lo que realmente importa: pasar tiempo con la familia”

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Una carrera no lineal: exploración, viajes y creatividad

Dentro de sus estudios superiores Gabriela estudió inglés con énfasis en escritura creativa en la universidad, pero su camino profesional ha sido diverso: ha sido profesora de inglés, coach de vida, asistente de vuelo, actriz y modelo. “Diría que todavía estoy en el proceso de construir mi carrera. He probado muchas cosas, y me imagino que seguiré explorando nuevos caminos a lo largo de mi vida. No veo mi carrera como algo lineal; tengo muchos intereses que quiero explorar y desarrollar”, afirma.

Una de las oportunidades que más valora de vivir en EE.UU. ha sido la posibilidad de viajar. Gracias a una beca en secundaria pudo ir a Australia; en la universidad estudió en España; y más adelante, su fluidez en inglés la llevó a enseñar y dar clases en Vietnam. “He tenido la suerte de viajar mucho, y no creo que habría tenido esas oportunidades si hubiera crecido en El Salvador… Viajar ha sido una pasión mía desde que era niña, y estoy muy agradecida por las experiencias que he tenido en ese sentido”, dice con gratitud.

En 2020 inició su carrera en el mundo del modelaje comercial. Desde entonces ha trabajado en campañas para grandes marcas como McDonald’s, Honda, Chevy y Zoom. Desde pequeña se interesó por el modelaje, aunque confiesa que de adolescente se desanimó al darse cuenta de que no tenía la estatura para el modelaje tradicional, descubrió que “podía hacer modelaje para impresos y trabajo comercial”. Su regreso a San Francisco desde Colorado marcó un nuevo comienzo: se inscribió en una agencia y ha conseguido trabajo de manera constante desde entonces.

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San Francisco: oportunidades y obstáculos

Para Gabriela, San Francisco ha sido un lugar que, si bien ofrece oportunidades, también representa enormes desafíos. “El costo de vida es extremadamente alto, así que esas oportunidades suelen venir acompañadas de un precio considerable”, advierte. Su situación familiar ha sido clave para resistir: vive con su madre y su hijo en la casa que su abuela compró en los años setenta. “Como madre soltera, no sé cómo podría hacerlo sola, y tengo un profundo respeto por quienes logran sobrevivir aquí sin ayuda”.

A pesar de las dificultades económicas, Gabriela se muestra afortunada y agradecida por no haber sufrido discriminación directa como mujer salvadoreña-latina en el ámbito laboral y social. “Me siento afortunada de vivir en un lugar como San Francisco, donde la diversidad es la norma”, comenta. Sin embargo, reconoce que las oportunidades dependen de múltiples factores, entre ellos el estatus migratorio, la educación, el acceso a recursos, las redes de contacto y el apoyo familiar, especialmente si se tienen hijos.

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Madre, migrante y creativa: la búsqueda del equilibrio

Ser migrante y madre en Estados Unidos implica otras batallas. Gabriela es madre de un hijo de dos años. Al preguntar sobre su experiencia de ser madre un Estados Unidos nos comenta: “Tengo varios pensamientos al respecto. Aunque estoy agradecida por las oportunidades económicas y los beneficios que tengo como madre aquí—como la guardería subsidiada y el seguro médico para mi hijo (porque califico)—también creo que ser madre en esta cultura es muy difícil. Es una sociedad altamente individualista, donde depender de la comunidad muchas veces se ve como un fracaso personal. Pero criar a un hijo sin una aldea (comunidad) es sumamente difícil, y para la mayoría de las familias, el costo del cuidado infantil es altísimo. En lugares como El Salvador, los familiares y miembros de la comunidad suelen estar más involucrados en la vida de los niños, lo cual beneficia tanto a los padres como a los hijos. Al mismo tiempo, también estoy agradecida por las oportunidades y recursos a los que mi hijo tiene acceso aquí, como una educación de calidad, actividades extracurriculares y atención médica, por mencionar algunos dice. Por eso, valora los modelos comunitarios de crianza que todavía se preservan en países como El Salvador.

Entre audiciones, sesiones de fotos, tareas del hogar y la crianza de su hijo, su rutina es intensa y cambiante. “No tengo un trabajo convencional ni consistente, así que cada día se ve un poco diferente”. Y aunque no es fácil encontrar el equilibrio, su motivación es clara: su hijo y su pasión por crear.

Parte de esa pasión se canaliza a través de la escritura, una de sus otras pasiones. Desde los diez años mantiene un diario personal, y este año ha decidido apostarle a escribir sus memorias. “Una de las bendiciones de haberme mudado a Estados Unidos fue la oportunidad de explorar diferentes formas de expresión creativa. Desde temprano noté que la escuela en EE.UU. estaba mucho más enfocada en lo creativo que en El Salvador, donde me costaba adaptarme a la rigidez del sistema educativo. Una de mis primeras tareas en segundo grado fue escribir un cuento, y me enamoré de usar mi imaginación para crear un mundo en papel. Mantengo un diario desde los diez años que me ha servido para desahogarme y reflexionar sobre mis experiencias—ha sido una salvación en muchos momentos. He experimentado con blogs, aunque mantener la constancia ha sido difícil para mí. Este año estoy apostando por completo a escribir mis memorias y comenzaré un taller de escritura de memorias”, dice. La escritura ha sido su refugio y su forma de interpretar el mundo.

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Enraizar en el norte sin olvidar el sur

Gabriela se esfuerza por mantener viva la conexión suya y de su hijo con sus raíces salvadoreñas. “Es muy importante para mí que mi hijo hable español… Por ahora, domina más el español que el inglés”, explica. En enero de este año 2025, su hijo visitó por primera vez El Salvador y celebró su cumpleaños con una piñata, una experiencia que reafirma el deseo de Gabriela de que el vínculo con su país de origen no se pierda. “Espero que podamos seguir visitando con frecuencia para que pueda profundizar su conexión con su cultura y su familia. Quiero que él también sienta que Suchitoto es uno de sus hogares”.

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Sobre la realidad migratoria

Al conversar con Gabriela, no podemos dejar de pregunta su apreciación y comentarios sobre la situación actual en EE.UU. en términos de oportunidades para migrantes salvadoreños o latinos. Al respecto ella nos dijo:  “Diría que las oportunidades para las personas migrantes en Estados Unidos varían mucho según varios factores: el estatus migratorio, los sistemas de apoyo y las metas personales. Conozco a muchos inmigrantes que han logrado construir una vida estable aquí, obtener la ciudadanía y brindarles a sus hijos oportunidades que ellos nunca tuvieron. Pero, con el resurgimiento de políticas discriminatorias bajo la administración de Trump, es un momento muy preocupante para ser inmigrante—especialmente si se está indocumentado”.

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Un espejo para la diáspora

La historia de Gabriela Melgar refleja los contrastes, desafíos y potencialidades de la experiencia migrante. Si bien las realidades, condiciones y circunstancias son diferentes para todos y todas, la experiencia de Gabriela es un espejo para miles de mujeres salvadoreñas que luchan día con día desde el exilio por construir un futuro mejor sin renunciar a la conexión con su identidad. Perseverancia, adaptación y una inagotable voluntad de seguir explorando y luchando son las claves que han sostenido su camino.

Ella concluye nuestra entrevista con una última reflexión sobre su futuro: A menudo he soñado con la idea de regresar a El Salvador a largo plazo. Cada vez que visito y me adapto al ritmo más tranquilo de la vida en Suchitoto, me doy cuenta de lo agitada y demandante que es la vida en Estados Unidos. Me encantaría estar más cerca de mi papá y de su familia, y que mi hijo pudiera crecer rodeado de ellos. Pero la realidad es que tengo sueños que, por ahora, siento que debo perseguir desde Estados Unidos. También tengo amigos y familiares aquí a quienes quiero mucho, así que no es fácil elegir entre un lugar y otro. Mi esperanza es poder crear un estilo de vida que me permita pasar más tiempo en El Salvador mientras continúo construyendo mi vida y mi carrera en Estados Unidos—ese punto medio soñado”.

En la afirmación: “No veo mi carrera como una línea recta. Estoy en constante búsqueda, y me imagino que seguiré explorando nuevos caminos” Gabriela define su futuro donde, no solo está construyendo una vida para ella y su hijo, sino también un puente entre dos mundos: el de su tierra natal y el del país que la acogió.

Fotos cortesía: Gabriela Melgar

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