En un año marcado por transformaciones, silencios institucionales y una creciente incertidumbre sobre el futuro cultural de Suchitoto, el Centro Arte para la Paz (CAP) celebró en el marco de su vigésimo aniversario, una hermosa muestra colectiva que reunió a todas y todos sus estudiantes del año formativo 2025. Fue mucho más que un cierre de año: fue la reafirmación de un proyecto que, contra el tiempo y las circunstancias adversas, sigue siendo faro y uno de los últimos refugios vivos para la formación, creación y proyección artística en la ciudad.
La exhibición mostró un abanico de talentos que incluía música de percusión, clarinete, saxofón, arpa, coro, piano, guitarra, marimba, danza, pintura, expresión corporal y artes marciales entre otros. El CAP volvió a demostrar lo que sucede cuando la comunidad encuentra un espacio seguro, accesible y gratuito donde descubrir su creatividad: emerge un territorio fértil, vibrante, capaz de generar belleza, desarrollar habilidades y fortalecer identidades. Ese ha sido su legado durante dos décadas, impulsado por la visión, el amor y la entrega incansable de hermana Peggy O’Neill, junto con organizaciones solidarias que han contribuido a sostener sus múltiples proyectos de formación y un equipo comprometido con la visión de la institución.
Pero mientras los jóvenes avanzan, el entorno retrocede.

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Un faro que se queda solo
A pesar de su impacto, el Centro Arte para la Paz se va quedando cada vez más solo. La ciudad que durante años se abrió al arte ahora parece cerrarse lentamente: espacios clausurados, iniciativas debilitadas, presupuestos reducidos, indiferencia institucional. En un municipio reconocido por ser destino cultural, cada vez existen menos lugares que apuesten por la formación artística comunitaria. El CAP resiste, pero resiste prácticamente en solitario.

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Suchitoto cuenta con jóvenes músicos, pintores, cantantes, bailarines y artesanos formados en talleres gratuitos, acompañados por docentes locales, muchos de ellos egresados del mismo centro. Sin embargo, esa cadena virtuosa se quiebra cuando se observa el comportamiento de instituciones y comités barriales o comunitarios: que continúan contratando grupos musicales de fuera, aun teniendo en la ciudad bandas, marimbas, tríos, orquestas, grupos, cantantes, arpistas y ensambles con la capacidad profesional para enfrentar cualquier escenario.

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Formamos artistas. Aplaudimos sus esfuerzos. Celebramos sus muestras. Pero no los convertimos en parte activa de la economía local. No cerramos el círculo.
Mientras en otras ciudades se busca promover el talento local como motor económico, aquí seguimos viendo cómo los recursos comunitarios se quedan al margen o salen, en lugar de quedarse y multiplicarse dentro de Suchitoto.

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El círculo de la economía cultural incompleto
El arte necesita tres pilares para florecer:
- Formación.
- Espacios de creación y práctica.
- Oportunidades de trabajo reales.
En Suchitoto, el primer pilar está vivo gracias al CAP, y esfuerzos como el de Fundación Casa Clementina y otras pequeñas iniciativas comunitarias.

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Muchos jóvenes que participan en talleres musicales, de danza o canto se encuentran luego con un muro que no saben cómo cruzar: no tienen dónde presentarse, no son tomados en cuenta en eventos municipales relevantes y rara vez se les contrata para fiestas patronales, comunitarias, culturales o institucionales. Seguimos contratando discomóviles, bandas y agrupaciones de afuera en menoscabo de las que tenemos adentro en Suchitoto.
Dentro de los espacios culturales, hemos visto como para el 2025, escenarios como el Teatro Alejandro Cotto han bajado su presencia, convirtiéndose en una de las ausencias dolorosas del año. Uno de los escenarios más emblemáticos de la ciudad, atraviesa dificultades precisamente por la indiferencia y por la falta de políticas culturales sostenidas. Mientras tanto, las agrupaciones de Suchitoto siguen trabajando sin escenarios, sin apoyo, muchas veces autofinanciando sus propios instrumentos, vestuarios, transporte y ensayos. Para luego no encontrar espacios que les brinden una oportunidad.

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¿Cómo se puede aspirar a vivir del arte si no existe una economía local que valore, contrate y dignifique a sus artistas?
Lastimosamente Suchitoto se ha convertido en una ciudad que crece comercialmente, pero que no va integrando en su crecimiento a sus artistas y creadores.
Suchitoto ha experimentado un crecimiento comercial notable en la última década. Restaurantes, hoteles, cafés, hostales, servicios turísticos… Sin embargo, ese desarrollo no siempre ha ido acompañado de un compromiso con el arte local.

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En ciudades con proyección cultural, los negocios trabajan de la mano con artistas: contratan música en vivo, pagan exposiciones temporales, patrocinan festivales, organizan presentaciones, crean residencias artísticas y compran obra a creadores locales. Esto no solo protege la identidad; también genera empleos, impulsa el turismo y fortalece el sentido de pertenencia.

Pero aquí, la mayoría de las iniciativas artísticas quedan relegadas a esfuerzos voluntarios. Presentaciones esporádicas y números artísticos de relleno. Tristemente.
Suchitoto tiene todo el potencial para construir una economía circular del arte, donde los jóvenes formados en el CAP, o bandas musicales con la del INSU y otras iniciativas puedan realmente vivir de su oficio. Un sistema donde la inversión se queda en la ciudad, donde los talentos se contratan, donde las agrupaciones locales se preparan y vuelven protagonistas y no espectadoras de los eventos sociales y comunitarios.

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¿Qué podemos hacer? Rutas para fortalecer el arte local
El problema tiene solución si la comunidad, los artistas las instituciones y el sector privado deciden actuar y fortalecer nuestras artes en la ciudad. Algunas rutas posibles:
- Priorizar la contratación local
Establecer una política municipal —aunque sea informal— de contratar prioritariamente a artistas y agrupaciones de Suchitoto para eventos públicos. Esto incluye también a organizaciones comunitarias en el marco de sus fiestas.
- Crear una red de apoyo entre negocios
Restaurantes, cafés y hoteles pueden dedicar espacios a música en vivo, exposiciones o presentaciones de arte, generando empleo regular para jóvenes.
- Incentivar el patrocinio comunitario
Incentivar los aportes de comercios locales de forma sostenida que podrían financiar talleres, festivales o infraestructura cultural.
- Establecer un registro municipal de artistas
Para facilitar contrataciones, visibilización y oportunidades laborales.
- Recuperar y defender los espacios culturales
Centro Arte para la Paz, Teatro Alejandro Cotto, museo Alejandro Cotto, y otros espacios comunitarios necesitan políticas claras y participación ciudadana para evitar su ausencia, desaparición o deterioro.
- Crear programas formales de empleabilidad artística
Producción de eventos, gestión cultural, montaje, sonido, iluminación, turismo cultural: todo esto puede convertirse en empleo real para las juventudes.

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El arte como futuro, no como recuerdo
Como vemos el aniversario número 20 y la muestra de fin de año del Centro Arte para la Paz no son solo una celebración interna del lugar: es una reflexión y llamado urgente a la ciudad. Los 20 años de este espacio simbolizan el poder del compromiso comunitario, de la educación artística gratuita, del acompañamiento comunitario y del sueño de hermana Peggy de construir un Suchitoto más justo, más creativo y más pacífico.
Pero el CAP no puede seguir solo. Ninguna institución, por más visionaria que sea, puede sostener por sí misma el ecosistema artístico de una ciudad.
Si queremos un Suchitoto donde los jóvenes tengan la posibilidad real de vivir del arte, necesitamos cerrar el círculo. Necesitamos mirar hacia adentro. Necesitamos apoyar a nuestros artistas más allá del aplauso. Necesitamos creer en nuestro propio talento. Y sobre todo, necesitamos entender que el arte no es un lujo: es una fuerza que sostiene identidades, transforma vidas y proyecta futuro.
La muestra de fin de año del CAP nos recordó algo esencial: el arte en Suchitoto sigue vivo, pero necesita que la ciudad también lo esté para él. El futuro nos pertenece.
Fotos cortesía Edwyn Guzman y Centro Arte para la Paz.





