La exposición “La ropa sucia se lava donde se pueda”, inaugurada recientemente en Casa Clementina, es más que una muestra artística; es una declaración íntima y política, un acto de ruptura con un mandato cultural profundamente arraigado en El Salvador: el silencio.

*
Ivette Guardado, artista salvadoreña -originaria de Cojutepeque- que desde hace años comparte su trabajo en redes y en espacios culturales y comunitarios, nos cuenta que, llegó a esta exposición desde un lugar personal atravesado por la enfermedad, la memoria familiar y el reconocimiento de su propia voz. “Desde pequeñas nos enseñaron a no hablar de nuestros problemas con cualquier persona —recuerda—. Y yo me preguntaba: ¿qué hago cuando necesito hablar, escucharme y entender lo que estoy sintiendo?”.
De esa pregunta, dice, nació el concepto que da vida a toda la muestra que hoy comparte en Casa Clementina, lugar que desde hace años a abrazado su obra.

*
El origen de una exposición que comenzó en un cuaderno
La obra de Ivette es inseparable de un proceso que inició hace un año, cuando recibió un diagnóstico de distimia*. Ese punto de quiebre emocional la llevó a desarrollar un proceso de terapia y, desde ahí, a un descubrimiento conocido pero inesperado: el dibujo como una manera de sanar y narrarse a sí misma.
“Empecé a trabajar en mí con un diario visual —cuenta—. Llevo cinco libretas de dibujos, con experiencias y avances que me han ayudado a entender y reconocer por lo que estoy pasando y desde cuándo lo estoy experimentando”.
Este diario visual, que ella describe como “mi casa creativa”, no solo fue una herramienta terapéutica, sino el lugar donde comenzaron a germinar muchas de las piezas que hoy componen la exposición. “Fue una gran herramienta de vida y una divertida experimentación artística”, afirma.
Ella nos explica, que en ese espacio íntimo, donde se mezclaban rutina, cansancio, memoria familiar y emociones a veces difíciles de nombrar, fue donde apareció primero el dibujo y luego el título. “Primero fue el dibujo”, explica, rompiendo la idea de que el concepto llegó antes que la obra. Algo así como dijo Picasso: Yo no busco; yo encuentro.

*
Un lenguaje visual hecho de objetos y símbolos cotidianos
En sus lienzos y objetos intervenidos aparecen pájaros, nubes que lloran, casas vistas desde afuera, gatos, tazas de café: signos que parecen hablar desde un universo doméstico, sencillo, casi familiar. ¿Qué significan? Ivette responde con franca honestidad: “Están porque simplemente me gustan, y representan un acompañamiento imaginario. Invito a que cada quien les dé su propio significado”.
La materialidad también es una parte esencial de su propuesta. La artista trabaja con yeso pastel, acrílico, tintas chinas y objetos domésticos como ropa, una bolsa o hasta un huacal. “Aunque son cotidianos, son parte de nuestro entorno y diario vivir —dice—. Guardan historias, momentos y significados”.
El diálogo entre lienzo y objeto crea una tensión expresiva que atraviesa toda la exposición. Cada objeto o prenda pintada tiene un peso real, una función, un olor, una textura que el lienzo no puede replicar. “El objeto habla por su forma, material, peso, olor, textura, sonido. El lienzo es una superficie plana… no posee una dimensión funcional”.
Esa diferencia —esa frontera entre lo útil y lo simbólico— se vuelve en La ropa sucia se lava donde se pueda un puente narrativo para hablar de la vida, de lo cotidiano, de lo emocional.
En la paleta cromática —amarillos, azules, negros— también hay una intuición emocional: “El amarillo es un color primario y brillante que combina muy bien con casi todo. Por eso lo utilizo primero cuando comienzo a pintar. A partir de ahí se crea una armonía según el sentir. Los colores tienen su propia energía”.

*
Hablar de lo que nos pasa: una ruptura con el mandato del silencio
Uno de los ejes más potentes de la exposición es la decisión consciente de Ivette de romper con la idea tradicional de “la ropa sucia se lava en casa”. Para ella, exhibir su proceso emocional no es una transgresión, sino una liberación.
“En mi mundo ha sido emancipador —explica—. Para mí lavar la ropa sucia donde se pueda es un darse cuenta”.
Ese “darse cuenta” también tiene que ver con mirar el propio dolor sin minimizarlo. “Los problemas personales son temas recurrentes en lo cotidiano —reflexiona—. A veces se consideran insignificantes porque a todas las personas nos pasan, pero es necesario reconocer que estas emociones las experimentamos de distintas maneras. Es necesario hablarlas para comprendernos y poder relacionarnos”.
La exposición dialoga, de manera simbólica, con su madre, su tía, su abuela y con todas las personas que forman parte de su vida. “El diálogo no solo ha sido con ellas, sino con todas las personas con las que me relaciono”, afirma.
Según la artista, lya terapia y el reconocimiento de la depresión fueron elementos cruciales que abrieron el camino creativo. “Me dio la motivación para seguir creando —confiesa—. Fue un punto de partida para hablar desde un lugar más honesto”.

*
Casa Clementina: un hogar artístico para sanar y crear
Exhibir en Suchitoto, específicamente en Casa Clementina, tiene un significado especial para la artista. “Es valioso y significativo porque es un hogar artístico que ha apoyado mi crecimiento personal y creativo. Aquí he podido explorar, equivocarme y experimentar sin miedo”.
Esa libertad se siente al tener varios años colaborando y habitando con su obra el espacio, y en su nueva muestra invita a quien la mire a hacer su propia lectura.
“Ojalá el público de Suchitoto pueda identificarse e interpretarla libremente, desde su manera de mirar el mundo”, expresa.
Sin embargo, Ivette no ignora el contexto social donde su obra se inserta: la salud mental continúa siendo un tema tabú en muchas comunidades salvadoreñas. “Persiste la idea de que los problemas emocionales se superan solo con fuerza de voluntad. Aunque ahora se habla más del tema, la información no siempre llega a los espacios que más lo necesitan. Y la atención profesional es económicamente inaccesible para muchas personas”.

*
Por eso cree profundamente en el poder del arte para abrir esas conversaciones que todavía cuestan. “El arte tiene la capacidad de permitir decir lo que normalmente se calla. Crea un espacio seguro donde cada persona puede verse reflejada sin exponerse directamente”.
Aunque Ivette no se identifica como artista política, reconoce que su trabajo tiene una dimensión social inevitable. “No me etiqueto como artista política, pero sí asumo que mi trabajo tiene una dimensión social”.
Que su obra sea leída por muchas personas como un proceso de sanación colectiva la confirma en esa intuición: “Es un recordatorio de que el arte es un espacio seguro para sentir y expresar”.
Para las mujeres jóvenes que cargan dolores heredados, memorias familiares que no han podido nombrar, Ivette comparte un mensaje directo: “Reconocer e identificar lo que sentimos, aunque sea difícil nombrarlo, es un acto de valentía y resistencia”.

*
Una artista en evolución constante
En redes sociales y otros espacios culturales , sus seguidores reconocen desde hace años su trabajo, pero esta exposición marca un punto de madurez artística. Ivette, sin embargo, lo vive con humildad: “Sigo aprendiendo y experimentando con nuevos formatos y técnicas. En esencia me siento igual que antes, con la misma curiosidad y ganas de crear”.
Sobre lo que viene después, no tiene respuestas cerradas: “No sé exactamente hacia dónde me llevará mi investigación artística. Solo sé que quiero seguir explorando, hacer lo que me gusta y conectar con quienes observan mi obra”.
Cuando se le pide resumir esta exposición en una sola frase, no como título, sino como verdad íntima, su respuesta es silenciosa y precisa:
“Espacio para nombrar lo que a veces no tiene voz”.
Y tal vez ahí reside la fuerza más contundente de La ropa sucia se lava donde se pueda: en permitirnos mirar lo que somos, incluso aquello que nos dijeron que debíamos esconder. Porque, el arte no solo acompaña: también nombra, valida y libera.
- La exposición permanecerá abierta hasta el 23 de febrero de 2026, en la Galeria ARTLab de Casa Clementina, Suchitoto.
Fotos cortesía: Ivette Guardado y Casa Clementina.


Cuando se le pide resumir esta exposición en una sola frase, no como título, sino como verdad íntima, su respuesta es silenciosa y precisa:


