Natalicio de Alejandro Cotto: el hombre detrás del mito

A 97 años de su natalicio, Suchitoto recuerda al hijo meritísimo que le dio identidad, belleza y alma.

Este 13 de noviembre, Suchitoto celebra —más que un aniversario— la permanencia espiritual de un hombre que cambió el destino cultural de su pueblo. Si estuviera vivo, hoy Don Alejandro Cotto cumpliría 97 años. Pero su presencia no pertenece solo al pasado: habita las calles empedradas, el eco del teatro que lleva su nombre, las imágenes de sus películas y la memoria colectiva de quienes aún siguen creyendo que la cultura es una forma de resistencia.

Un visionario que soñó antes que existiera el sueño.

Hablar de Alejandro Cotto es hablar del nacimiento cultural de Suchitoto. Desde muy joven, supo que el arte podía ser un instrumento para dignificar al pueblo y construir identidad. Cuando nadie creía en el cine salvadoreño, él se atrevió a filmar. Cuando las ruinas parecían solo eso, él imaginó un teatro levantado con belleza y convicción, símbolo de lo que el arte podía hacer con la fe de un solo hombre y la participación del pueblo.

Su nombre está ligado al Teatro Alejandro Cotto, al Festival de Arte y Cultura de Suchitoto, a la recuperación del patrimonio arquitectónico, al diseño del escudo municipal, la composición del himno de Suchitoto y, sobre todo, al nombre que le dio vida al Lago Suchitlán, al que él mismo dio nombre, comprendiendo que el lenguaje podía dar alma a la geografía de un pueblo.

Alejandro no solo fue un artista: fue un constructor de imaginarios, un soñador terco y lúcido, un hombre que vivió entre la incomprensión y el orgullo, que amó a Suchitoto con una pasión que rozaba lo místico, con aires de perfeccionista y arrogancia infinita.

El hombre detrás del mito

Si bien todo mundo a oído hablar alguna vez de él, pocos lo conocen de verdad. Alejandro Cotto fue un hombre de carácter fuerte, convicciones firmes y sensibilidad inagotable. Amaba la belleza, la disciplina y la verdad. No soportaba la mediocridad ni la improvisación. Su vida fue en ese sentido llena de frustraciones y reclamos por un pueblo que no entendía sus ideas y proyecciones. Un reclamo que lo llevaría en ocasiones a la incomprensión de muchos y la admiración de otros que encontraban en sus ideales una defensa permanente de la cultura como una forma de ética.

Quienes lo conocieron de cerca recuerdan su elegancia, su ironía, su exigencia y su ternura. Era un creador total, obsesionado con la perfección, pero también un hombre profundamente humano y culto, que creyó que la cultura era el verdadero rostro de un pueblo y estuvo decidido a arriesgarlo todo por cumplir sus sueños de construir y hacer de Suchitoto una ciudad cultural.

Don Alejandro no se conformó con hacer cine: quería construir ciudadanía a través del arte. Por eso su enorme descuido en cuidar y resguardar su producción y legado, al punto de que no existe una cineteca con sus obras completas de celuloide, apenas hay un par de registros de sus producciones, sueños y premios. Su obsesión con construir una ciudad cultural le absorbió la vida. En una época en que Suchitoto era apenas una sombra rural, él imaginó un pueblo lleno de vida cultural, de teatro, de artistas, con festivales helénicos y eventos de nivel internacional.

A casi una década de su partida, no sabríamos decir con certeza si su huella sigue dando frutos. Eso sí, su casa, convertida en Casa Museo Alejandro Cotto, es un templo de recuerdos que sigue siendo custodiada con responsabilidad por el Centro Cultural Salvadoreño Americano. Pero más allá de los objetos y legado material, su verdadero legado está en el espíritu cultural que hoy define a Suchitoto: ese aire artístico, esa búsqueda de belleza, esa conciencia de lo cultural como bien común.

Sin embargo, al pasar el tiempo, el legado de don Alejandro no puede limitarse a la nostalgia. Mantener su memoria viva implica hacer lo que él hizo: crear, arriesgar, educar, exigir. Significa entender que el arte no es solamente entretenimiento, sino conciencia. Que la cultura no es un lujo, sino un derecho y necesidad vital. Una responsabilidad compartida.

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En el marco de su natalicio, la gran pregunta es:

¿Su ejemplo está inspirando a las nuevas generaciones?

Suena triste pero las nuevas generaciones poco conocen del legado de don Alejandro. Si acaso han escuchado su nombre, pero pocos conocen a fondo su pensamiento, su obra cinematográfica o su visión del arte como compromiso ético y social. Sin lugar a dudas ha faltado un esfuerzo educativo para acercar a las juventudes a conocer su vida y legado, para que comprendan que este pequeño hombre -con todo sus defectos- fue un precursor, no un nombre más en la historia de Suchitoto.

En ese sentido, el mejor homenaje no está en recordarlo cada noviembre, sino en continuar su misión: hacer de la cultura un modo de vivir y pensar en el territorio.

¿Qué pensaría Don Alejandro del Suchitoto actual?

Si don Alejandro Cotto pudiera caminar hoy por su pueblo, probablemente sentiría muchas emociones encontradas. Se alegraría de seguir viendo su casa en pie y abierta al público, con sus cosas ordenadas y jardines floreciendo. Le alegraría saber que aun vienen turistas y preguntan por él. Pero también se entristecería al notar la ausencia de una visión cultural más profunda y comprometida en la ciudad.

Miraría el lago Suchitlán —aquel espejo que él bautizó con amor— y sufriría al verlo desde su patio, cubierto de contaminación y descuido. “El lago era un poema”, diría, “y lo hemos convertido en un basurero”. Para él, el deterioro ambiental sería el reflejo más doloroso del deterioro espiritual de su ciudad de pájaros y flores.

Miraría con recelo los proyectos de revitalización y exigiría se incluyera su diseño en la fuente de la plaza. Entraría a su teatro y preguntaría: ¿dónde está el festival, las funciones, los artistas, las compañías de teatro y danza, los conciertos y el recital? Porque un teatro cerrado o sin programación es un corazón detenido.

Y al recorrer el centro histórico, sin duda don Alejandro advertiría que la revitalización no debe quedarse en la pintura ni en la foto turística. Él nos recordaría que “no se trata de parecer bonitos, sino de ser verdaderos, de cuidar y enaltecer la arquitectura, patrimonial y melancólica de la ciudad de pájaros y flores”.

Recordar a Don Alejandro Cotto en los 97 años de su natalicio no es solo un acto de memoria, sino una tarea de concienciación y responsabilidad colectiva. Mantener vivo su legado significa proteger la visión de ciudad cultural y sus espacios culturales, defender el lago, apoyar las actividades que dan vida al Teatro, fortalecer la educación artística y exigir políticas culturales reales.

Suchitoto no puede ser solo una postal; debe seguir siendo la ciudad vibrante del arte y la conciencia, el laboratorio cultural que don Alejandro soñó.

Hoy, en su cumpleaños 97, cuando el país vive una crisis ambiental, social y cultural, el pensamiento de don Alejandro sigue siendo vigente:“Un pueblo sin arte es un pueblo sin alma.” Como lecciones de su vida, quizá podamos aprender que el arte no se mendiga, se conquista; que la cultura no se impone, se construye; y que los sueños, cuando son verdaderos, pueden transformar un pueblo entero, pero estos necesitan de una fe irrenunciable para hacerse realidad. Eso sí, mientras alguien en Suchitoto siga creyendo que el arte puede cambiar la vida, el sueño de Don Alejandro Cotto seguirá vivo.

Alejandro Cotto (Suchitoto, Cuscatlán; 13 de noviembre de 1928 – 5 de junio de 2015) fue un cineasta, escritor, poeta y promotor cultural, con el título de «Hijo Meritísimo de Suchitoto», por sus aportes culturales en la ciudad de pájaros y flores.

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