¿Qué pasará con las calles empedradas de Suchitoto?

En las últimas semanas la Dirección de Obras Municipales (DOM) puso en marcha la II fase del proyecto de “Revitalización del centro histórico de Suchitoto”, que incluye —entre otras intervenciones— la instalación de cableado subterráneo en las principales vías del casco antiguo. La noticia fue recibida con alivio por muchos vecinos y comerciantes: eliminar el cableado aéreo mejora la estética, reduce riesgos eléctricos y contribuye a una imagen más limpia y segura para el visitante. Sin embargo, junto al reconocimiento público también ha brotado inquietudes legítimas: ¿qué va a pasar con las calles empedradas? ¿será posible restaurarlas y devolverles la belleza original que es parte esencial de la identidad de Suchitoto?

Suchitoto, declarado Conjunto Histórico de Interés Cultural por la Asamblea Legislativa en 1997, no es una ciudad más: sus calles empedradas, sus fachadas de estilo colonial y su tejido urbano son el marco que sostiene la memoria colectiva y el atractivo turístico de la localidad. Esta condición de protección legal implica una responsabilidad pública y técnica para que cualquier intervención respete el carácter histórico y la autenticidad del sitio. No es una opinión emocional: es parte de la normativa y de la razón por la que Suchitoto atrae visitantes y sostiene economías locales basadas en la cultura y el turismo.

¿Por qué importan las calles empedradas?

Las superficies históricas —empedrados— no son solo “una estética bonita”. Tienen valores múltiples y complementarios: son testimonio material de técnicas locales e históricas, soportan prácticas sociales y comerciales, dan textura sensorial al recorrido urbano y contribuyen al “sentido de lugar” que distingue a un pueblo de otro. Diversos manuales internacionales de conservación y organismos como UNESCO/ICOMOS subrayan que el pavimento histórico aporta continuidad, lectura del pasado y valor patrimonial en el paisaje urbano; por tanto, su conservación y tratamiento merecen criterios específicos y no decisiones meramente utilitarias.

En términos turísticos, ciudades con pavimentos tradicionales conservados —Antigua Guatemala, por ejemplo— demuestran que las calles empedradas forman parte de la experiencia del visitante: caminar por ellas es una actividad cultural en sí misma. Perder esa materialidad es empobrecer el producto turístico y reducir la capacidad del pueblo para ofrecer aquello por lo que ha sido reconocido.

Costos y prioridades:

Restaurar empedrados con criterios patrimoniales implica más tiempo y costo que simplemente abrir una zanja y echar asfalto. Pero es una inversión que tiene retorno: mejora la experiencia turística, protege el valor inmobiliario, reduce intervenciones futuras y mantiene la identidad y memoria colectiva. Gastar menos hoy en una solución irreversiblemente dañina implicará gastos mayores de corrección y pérdida de valor patrimonial mañana. Organismos internacionales de conservación recomiendan presupuestar adecuadamente las intervenciones patrimoniales y privilegiar la durabilidad y la reversibilidad frente a atajos económicos.

La voz ciudadana: modernizar sí, pero sin borrar

Muchos vecinos han mostrado su preocupación en redes sociales, en las plazas y en los cafés: queremos modernización, pero no queremos que se pierda lo que somos. No basta con tapar las zanjas con cualquier material. No queremos ver calles “planchadas” con concreto o asfalto. Queremos que se respeten los patrones, las texturas y los materiales originales. Reparar y mejorar pero con respeto a la identidad.

Esta exigencia no es un capricho. Es un derecho ciudadano exigir que las obras en el casco histórico respeten su carácter patrimonial. Y también es una obligación de las instituciones y municipalidad asegurar que el desarrollo no destruya lo que justamente da valor a la ciudad cultural de Suchitoto.

Lo que Suchitoto debe exigir:

La obra puede ser ejemplar si se hace bien. Y para eso, la ciudadanía puede y debe pedir:

En primer lugar, es importante que ante cualquier intervención del centro histórico se hagan consultas ciudadanas y público los proyectos, (no solo anuncios), sino los proyectos con planos de intervención, procesos, fases y presupuestos. Esto permitiría a la ciudadanía saber que se hará y cuáles serán los costos y resultados.

Supervisión patrimonial: que exista una comisión técnica con participación ciudadana para dar seguimiento a la obra.

Respeto a las técnicas tradicionales: que se retiren y reinstalen las piedras originales, con la mano de obra de artesanos locales, cuidando la autenticidad del empedrado.

Plan de mantenimiento: que no se limite a una restauración de emergencia, sino a un programa permanente de conservación del empedrado histórico.

Cuidar el pasado es cuidar el futuro

Exigir que se respete el empedrado de Suchitoto, no es rechazar el progreso. El progreso no está en discusión. El cableado subterráneo es necesario y bienvenido. Pero la pregunta es: ¿se quiere un centro histórico sin historia? Si las piedras se pierden, si la textura original se borra, Suchitoto perderá parte de su esencia y de su atractivo.

Conservar el empedrado no es vivir en el pasado. Es, al contrario, garantizar que el futuro se construya con memoria, identidad y belleza. Las calles empedradas de Suchitoto son un patrimonio vivo que se debe defender con la misma fuerza con la que se exigen servicios modernos.

Porque modernizar no significa borrar. Significa hacerlo bien, con respeto, responsabilidad y con visión de futuro.

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