“Realmente siento que el poder expresarse a través del arte es un privilegio”, Miguel Martino. Con el título “El privilegio de expresar”, la muestra se compone de quince dibujos en gran formato sobre papel y una selección de trece esculturas trabajadas en madera. Esta exposición es un recorrido de sus obras más recientes, donde el dibujo y la escultura son los principales protagonistas, ofreciendo una muestra por las búsquedas más íntimas y recientes del creador. Miguel Martino, es un artista visual argentino, que desde el 2005 vive y trabaja su obra artística en Suchitoto.

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Martino describe su obra como “ecléctica”, sin etiquetas, ni un discurso único que la unifique o defina, sino como un conjunto de expresiones diversas que reflejan su particular visión de vida. “Cuando inicio una obra, no conozco el final de su resultado”, confiesa el artista, quien ve en cada pieza un proceso abierto y creativo, más que un destino previamente definido.
“El arte, para mí, es comunicación. Una obra no termina cuando yo la concluyo, sino cuando entra en contacto con el espectador y éste la interpreta desde su propia experiencia”, explica el artista, quien, además, invita al público a permitir que las piezas les transmitan emociones.



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Esta exposición nace también de una circunstancia personal: en los últimos meses, un problema de salud lo ha mantenido alejado de su taller de esculturas en madera, llevándolo a refugiarse con mayor intensidad en el dibujo y la pintura. El resultado es un conjunto de piezas que, entre lo matérico y lo gráfico, revelan la pasión, la fragilidad y la resiliencia que atraviesan su vida y su arte.
20 años de creación en Suchitoto
Este mes de septiembre, Miguel Martino junto a su esposa Margarita O´Farrill, cumplen 20 años de residir en Suchitoto, un lugar que, asegura, le ha dado tanto como él le ha entregado a través de su obra y su enseñanza. “Suchitoto es un pueblo al que le tengo mucho aprecio. Mi taller es mi santuario, el espacio desde donde sigo creando y soñando”, afirma.
Durante varios años, Martino facilito talleres de artes en el Centro Arte para la Paz, acompañando a jóvenes y adultos en sus procesos artísticos. Aunque hoy está alejado de la enseñanza formal, reconoce que ese tiempo dejó huellas profundas tanto en él como en quienes fueron sus estudiantes. “Di mi aporte en su momento, y eso es algo que me llena de satisfacción”, comenta.
Con mirada crítica, no duda en señalar que las artes en Suchitoto todavía necesitan mayor visibilidad y apoyo, tanto de las instituciones como del público en general. Para él, es vital que la ciudad continúe fortaleciendo su identidad cultural, brindando espacios a las nuevas generaciones de artistas.



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Si bien no es el objetivo de la exposición, la muestra de Miguel Martino celebra dos décadas de vida y creación en Suchitoto. Una muestra significativa que invita a reflexionar sobre la relación entre el arte, la naturaleza y la vida. En cada dibujo y en cada pieza de madera recuperada, se respira la fuerza de la experimentación y la sensibilidad de un creador que se asume como alguien que no busca, sino que encuentra significados y significancias en su relación con el planeta.
El Centro Arte para la Paz, uno de los espacios más importantes de la vida artística y cultural de Suchitoto, resguardará la exposición durante dos meses a partir del sábado 6 de septiembre. Martino resalta el valor de presentar su trabajo en este lugar, que por primera vez exhibirá en la sala multicultural de la Capilla San José una muestra individual de un artista.
La coincidencia con sus dos décadas en la ciudad le da un sentido especial a esta exposición. “Suchitoto me ha dado mucho. Yo diría que tiene influencia en mi obra y que se la da la tranquilidad de su gente, la luz, los paisajes y el color”.
Martino extiende una invitación a quienes deseen visitar la exposición: “Espero que disfruten de esta experiencia y que, más allá de buscar similitudes, permitan que las piezas dialoguen con ustedes de manera libre”.
La muestra permanecerá abierta en el Centro Arte para la Paz a partir del 6 de septiembre, y promete ser un espacio para el encuentro con el arte, la memoria y el diálogo creativo que caracteriza a la ciudad.

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Por Carolina Mena





