Clara Angulo: entre la nostalgia y la crítica de una artista que regresa a Suchitoto

Clara Angulo regresa a Suchitoto cargada de memoria, recuerdos de escenarios pasados y nuevas preguntas. Entre la nostalgia de sus propias raíces artísticas y una mirada crítica al presente cultural de la ciudad, esta figura de la escena local vuelve a alzar su voz. Más que un regreso, es un reencuentro que promete invitar a la reflexión, celebrar su historia y repensar el futuro del arte en Suchitoto.

En 1994, apenas dos años después de la firma de los Acuerdos de Paz, Suchitoto vivía un proceso frágil y delicado de reconstrucción. El eco de la guerra aún resonaba en las montañas, las casas mostraban las huellas de la guerra, calles silenciosas llevaban consigo cicatrices visibles e invisibles, y la vida de la ciudad y comunitaria buscaba recomponerse tras más de una década de violencia. Fue en ese contexto que la artista Clara Angulo (Clarita de Soto en aquel entonces) llegó a la ciudad junto a su pequeño hijo Gabriel, atraída por el sueño colectivo de reconstruir y hacer de Suchitoto un faro cultural y artístico para El Salvador.

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Hoy, casi treinta años después, Clara vuelve a la ciudad de pájaros y flores y nos comparte su mirada crítica, entre nostalgias y esperanzas, convencida de que el arte y la cultura siguen siendo la mejor apuesta y el camino para preservar la esencia de la histórica y encantadora ciudad de Suchitoto.

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Los años noventa: un pueblo en reconstrucción

Clara o «Clarita» -como la mayoría le conocen- aceptó la invitación de Claudia Acosta para sumarse al sueño de convertir al municipio en un centro cultural vivo, capaz de atraer artistas, artesanos y viajeros del mundo entero: “Llegué a finales de 1994 con mi hijo Gabriel que estaba por cumplir dos años. Claudia Acosta me invitó a sumarme a un sueño: atraer a Suchitoto artistas, artesanos y personas del mundo cultural. Me atrapó de inmediato el encanto del lugar: un pueblo tranquilo, con una belleza intacta y una resiliencia admirable”, recuerda. “El Suchitoto de mediados de los noventa todavía llevaba abiertas las heridas de la guerra …pero decidida a reconstruirse”, enfatiza Clarita.

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La ciudad de Suchitoto que la recibió en aquel entonces era un lugar íntimo, silencioso y todavía herido por la guerra, que poco a poco estaba reconstruyéndose y volviendo a la vida. Sin embargo, en medio de las dificultades, también se respiraba cierta esperanza. Clarita destaca la figura de Alejandro Cotto como un motor cultural decidido a mostrar al país y al mundo la belleza arquitectónica, histórica y espiritual del pueblo.

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Clarita evoca aquel ambiente social y cultural en plena transición hacia la paz: “Se respiraba esperanza, pero también calma frágil. Había que reconstruir lo físico y lo emocional. Alejandro Coto era el motor más potente, con su propósito de convertir a Suchitoto en un pueblo vivo, lleno de cultura y arte”.

“El arte fue un puente —señala Clarita—. Unió a la comunidad, atrajo visitantes y ofreció espacios para expresarse sin miedo. Fue también una manera de sanar y de soñar un futuro mejor”.

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En aquel tiempo, los espacios culturales surgían como oasis en medio de la reconstrucción: el Teatro Alejandro Cotto (entonces conocido como Teatro de las Ruinas), la Casa de la Cultura, la Galería de Soto, (que ella misma fundo) la Posada Suchitlán, El Obraje, entre otros. Se llenaban de conciertos, exposiciones y obras de teatro. La comunidad, curiosa y sedienta de vida cultural, participaba activamente. Clarita lo describe así: “La gente participaba con curiosidad, no era solo entretenimiento, era una necesidad de convivir y renacer juntos”.

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De esa época, Clarita guarda recuerdos sencillos y entrañables: tardes de música en el teatro en ruinas, ferias en el parque central y hermosos conciertos sin la necesidad de festejos con altoparlantes invasivos. “No había esa música estridente que hoy invade la tranquilidad de las familias. Suchitoto era un espacio de silencio, paz y convivencia, algo que debemos cuidar”

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El aporte personal: arte y comunidad

En medio de ese ambiente de reconstrucción, Clarita -quien ya era una pintora reconocida en el medio- dio su aporte y abrió la Galería de Soto, (o la «Galería de Clarita» como es mejor recordada) un espacio vital para las artes, que sirvió como vitrina para mostrar su obra pictórica y la de artistas salvadoreños y como punto de encuentro para artistas, visitantes nacionales y extranjeros. “Fue una oportunidad de mostrar la riqueza creativa de nuestro país y un lugar donde se encontraban quienes compartían la ilusión de levantar Suchitoto desde el arte”, comenta.

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Su vida en la ciudad de Suchitoto se extendió hasta 1999, cuando la vida la puso ante la decisión de partir en busca de nuevas oportunidades para ella y su hijo, primero en San Salvador y luego en Estados Unidos. “Fueron años intensos de crecimiento y aprendizaje, pero con el corazón siempre mirando hacia El Salvador y Suchitoto”, reconoce.

De esa etapa de vida en Suchitoto se llevó un aprendizaje fundamental: “Un pueblo vive y florece cuando su gente cuida su identidad y se une alrededor de la cultura. La belleza verdadera está en la comunidad y en la forma en que preserva su historia”.

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El regreso: entre nostalgias y retos

En 2025, las vueltas de la vida y el corazón la trajeron de regreso a Suchitoto. El recuerdo de una vida tranquila y ver de nuevo los campanarios de la Iglesia fueron la confirmación de que Suchitoto siempre había sido su hogar. “Pude haberme establecido en otros lugares, pero ver desde la carretera los campanarios de Santa Lucía me confirmó que aquí estaba mi hogar. Regreso también con la ilusión de aportar a la comunidad en esta etapa de mi vida” Al estar de nuevo en Suchitoto Clarita reconoce: “Sentí una mezcla de emoción y gratitud al reencontrarme con la ciudad y su gente. Noté cambios hermosos, pero también desafíos que nos invitan a reflexionar sobre la importancia de ordenar y preservar”, señala.

Al comparar la ciudad de los noventa con la actual, Clarita no duda en decirnos:

Suchitoto de la década de los 90: íntimo, silencioso, en reconstrucción.

Suchitoto actual: vibrante, llena de vida, pero con retos para no perder su esencia.

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Clarita reconoce avances, como la mayor diversidad de negocios y la presencia constante de turistas, pero también advierte algunas pérdidas. “Hemos perdido parte de la agenda cultural constante que permitía que el visitante se quedara más tiempo y que la comunidad se nutriera artísticamente. Hoy hay más movimiento, pero menos integración cultural”.

Su mirada crítica se centra en la necesidad de la integración, de ordenar la ciudad para que el desarrollo no sacrifique la identidad y el patrimonio. “Me ha impresionado ver unas obras de teatro montadas por centros educativos. Maravilloso. Indudablemente, hay un potencial grandísimo y que con disciplina y entrega pueden llegar a ser profesionales. Hoy la afluencia turística es mayor, pero no hay información centralizada donde encontrar las actividades que se realizan cada día o fin de semana. Y esa integración es vital. Invitar incansablemente a nivel nacional y extranjero es vital para mantener el interés». También no duda en señalar que es importante seguir manteniendo la ciudad, limpia, organizada, ordenada y con sus fachadas hermosas, sin la excesiva contaminación visual de rótulos que le resten belleza al estilo colonial de la ciudad.

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El arte como antídoto

Para Clarita, el arte y la espiritualidad siguen siendo fundamentales ante los desafíos actuales. “El arte y la espiritualidad nos devuelven al centro, nos ayudan a sanar y a recordar quiénes somos como comunidad. Son un antídoto contra la prisa, el ruido y la pérdida de identidad. La identidad de Suchitoto está en su arquitectura y su historia. Hay que crear espacios como mercados de productos varios que sean en interiores, para liberar las calles y aceras. Esos lugares pueden ser hermosos, limpios y ordenados para atraer a los visitantes también, pero sin obstruir las bellas casas que los turistas quieren venir a ver y que los habitantes de Suchitoto también disfrutan en su diario vivir.”

Su mensaje para la población es claro: “Cuidemos juntos lo que tenemos. No dejemos que el descuido nos robe la belleza y la calma que nos hacen únicos. Un Suchitoto limpio, ordenado y culturalmente vivo es un regalo para todos y para las generaciones venideras”.

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Nuevos proyectos, viejas pasiones

El regreso de Clarita no es solo un reencuentro con su pasado, sino el inicio de una nueva etapa de creación y aporte comunitario. No duda en confesarnos que retomará su trabajo pictórico, continuará con sus sesiones de “sonoterapia y meditación”, y buscará integrar actividades que unan arte, bienestar y comunidad. “Quiero que Suchitoto siga siendo un lugar que inspire y se preserve con orgullo”, afirma, con la misma convicción que la llevó a llegar y quedarse hace treinta años a un pueblo en ruinas y soñar, junto a otros, en levantarlo desde el arte y la cultura.

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Treinta años después, la artista a regresado a un Suchitoto vibrante, lleno de vida, pero también con desafíos que requieren de visión, cuidado y la participación de todos y todas. Su mirada crítica y su nostalgia son, al mismo tiempo, una esperanza y una propuesta: rescatar el equilibrio entre desarrollo y conservación, para que la ciudad mantenga su esencia: seguir siendo un faro cultural y espiritual en El Salvador.

Fotos cortesía: Archivo Gaceta Suchitoto y Clarita Angulo

Puedes conocer más sobre quien es Clara Angulo en la entrevista de Un café con Elmer Martínez.

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