En el corazón de Suchitoto y camino al lago, se levanta un proyecto que no solo ofrece hospedaje, sino una experiencia de pertenencia y autenticidad: el hostal Raíces de mi Pueblo. Detrás de este emprendimiento está Milena Sánchez Rodríguez, una joven de 27 años, licenciada en Mercadotecnia, que ha sabido transformar la historia de su familia en un ejemplo de resiliencia, esfuerzo y visión de futuro.

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Los inicios de un sueño familiar
Milena nació en Suchitoto, en el barrio Concepción, en agosto de 1997. Fue recibida en casa por una partera, como era tradición en las familias del pueblo. Creció en un hogar donde el emprendimiento no era una opción, sino la forma de sobrevivir. Su madre se dedicaba a la producción y venta de lácteos, quesadillas y comidas; su padre, primero pescador, se vio obligado a migrar a Estados Unidos para ofrecer una mejor vida a su familia. Cada viaje significaba un sacrificio, pero también una inversión: con sus ahorros pudo comprar el terreno donde hoy se levanta el hostal, donde poco a poco fueron construyendo la casa para luego dejar de pescar y convertirse en propietario de lanchas turísticas en el lago Suchitlán.
Ella nos cuenta su historia así: “Nací en Suchitoto en el barrio Concepción en mi casa de habitación (una partera asistió a mi mamá agosto 1997) Vengo de una familia emprendedora donde mis padres nunca tuvieron un trabajo formal ellos siempre emprendieron pequeños negocios.
Negocios como: Mi mamá con su elaboración de productos lácteos, venta de quesadillas y comida. Mi padre un pescador. El siempre emigró a Estados Unidos para darnos una mejor vida, cada viaje fue muy significativo para lo que ahora es Raíces de mi Pueblo. Pudo comprar el terreno e ir construyendo la casa poco a poco. Además logró mandar a hacer una lancha y poder dar el servicio de paseos en lancha en el lago Suchitlán y asi, dejó de ser un pescador y se convirtió en propietario de 3 lanchas.”

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Milena aprendió desde niña el valor del trabajo. Con apenas seis años salía a vender requesón antes de ir a clases; a los once vendía queso por las tardes y a los trece ya tenía una clientela amplia en distintos barrios de Suchitoto.
Ese espíritu disciplinado la llevó al bachillerato y luego a la universidad. Aunque su sueño era ser pediatra, terminó estudiando Mercadotecnia en la Universidad Don Bosco. Lo que parecía una renuncia, en realidad fue un destino natural: la venta, el trato con clientes y la promoción de productos eran habilidades que llevaba en la sangre.

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“A la edad de 6 años antes de irme de la escuela salía a vender requesón en el barrio. A los 11 años en quinto grado por las tardes salía a vender queso hasta el barrio Santa Lucia. A los 13 años en tercer ciclo ya tenía una cartera de clientes muy amplia en todos los barrios del pueblo. Era 1 hora aproximadamente lo que me tardaba para venderlo todo. Recuerdo que durante esa hora mientras caminaba siempre iba ensayando cuestionarios, tabla periódica etc. Siempre fui una persona dedicada al estudio y no me gustaba perder tiempo, además que siempre me gustó memorizar cosas.
Llegué al bachillerato y aún salía a vender en los tiempos libres.
Luego era la fase de un estudio superior, y que mis padres estaban decididos a dármelo con mucho esfuerzo. Quería ser pediatra, pero la vida me eligió para estudiar en la facultad de economía y no medicina. No fue difícil elegir Licenciatura en Mercadotecnia pues el negocio, la venta, el promover un producto ya lo traía en las venas. Aun el último año de la universidad salía a vender antes de irme a estudiar.”

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El nacimiento de un hostal
El hostal Raíces de mi Pueblo no nació de un plan de negocios sino de la intuición y la necesidad. En 2012, cuando Milena tenía quince años, una joven estadounidense que enseñaba crochet en el Centro Arte para la Paz necesitaba un lugar para alojar a su novio, que venía de visita. Su madre, decidida y visionaria, ofreció el cuarto que su padre estaba construyendo. Así recibieron al primer huésped, Tyler Ojeda.

Durante varios años, la casa familiar acogió a voluntarios y estudiantes de español, sin ser todavía un negocio formal. Fue hasta 2018, cuando Milena ya estaba en mitad de su carrera universitaria, que propuso a su padre darle un nombre, crear la línea gráfica y empezar a promocionarlo en redes sociales. “Al inicio ni rótulo teníamos, así que mi papá mandó a pintar una llanta de verde con el nombre y la sacábamos cada mañana”, cuenta entre risas.

Los primeros pasos fueron un laboratorio de prueba y error: aprender a gestionar plataformas digitales, crear una página web, inscribir el hostal en agencias de viajes en línea y comprender el mundo de la mercadotecnia aplicada al turismo. En 2019, como parte de sus pasantías, Milena elaboró un plan de mercadeo para el propio hostal. La apuesta no tardó en dar frutos: en apenas tres meses ya habían hospedado a turistas de 28 nacionalidades.
“Me equivoqué muchas veces, pero cada error fue una lección. Aprendí sola a manejar desde lo más bonito, como subir fotos, hasta lo más difícil: el tema de pagos y comisiones. Cada reseña, buena o mala, era una oportunidad para mejorar”, asegura.

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La pandemia y el renacer
El 2020 trajo consigo la pandemia y con ella, incertidumbre. Milena se graduó sin ceremonia y sin posibilidad de aplicar a trabajos formales. Sin embargo, no se detuvo. Apostó por continuar fortaleciendo el negocio familiar, convencida de que este era un proyecto con futuro. “Sabía que en su momento iba a generar mi propio sueldo, empleos y subcontrataciones”, dice.
Durante esos años Milena se capacitó más en el área turística, obtuvo un segundo título en mercadeo y ventas de productos turísticos, y continuó participando en talleres de liderazgo y habilidades blandas. Todo este aprendizaje lo aplicó a Raíces de mi Pueblo, que en los últimos años ha crecido en servicios y en reputación.



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De enero a junio de 2024, el hostal vivió meses de alta demanda, lo que incluso obligó a contratar personal eventual. Hoy, en 2025, Milena afirma con orgullo que “Raíces de mi Pueblo sigue floreciendo”.

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Lo que distingue a Raíces de mi Pueblo
A diferencia de otros alojamientos, este hostal ofrece más que comodidad: una experiencia de cercanía con la gente de Suchitoto. Al preguntar ¿Qué distingue a Raíces de mi pueblo de otras opciones de hospedaje en Suchitoto? Milena nos responde: «Más que un alojamiento que te ofrece comodidad como otros, acá encontraras la autenticidad con una familia y un personal suchitotense, donde la empatía se vive desde un primer mensaje hasta una post venta. Porque el corazón de este lugar son nuestros huéspedes. Nos tomamos el tiempo con cada uno, muchas veces hemos ido hasta el hospital, a las paradas de buses con ellos. Los valores y principios cristianos se viven aquí. El servir a los demás es nuestro principal objetivo. Siempre es un gusto asistirlos”, explica Milena.


Este fue el equipo que conformó en un inicio Raíces de mi Pueblo en el 2017.
El 80% de los visitantes son extranjeros, principalmente europeos. El nombre del hostal, elegido por su padre, también juega un papel importante: transmite autenticidad y pertenencia. “Raíces de mi pueblo: Mi padre fue quién eligió el nombre porque toda la familia es originaria del pueblo viene siendo como un árbol genealógico todas nuestras raíces están acá. Cuando nos reunimos con la diseñadora él dijo que quería transmitir la autenticidad del pueblo y que toda la línea gráfica fuera rústica porque nuestro alojamiento tiene bastantes toques rústicos”, comenta.

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Retos del turismo en Suchitoto
Aunque Suchitoto es considerado un destino turístico importante de El Salvador, no todo es positivo. Milena señala que el turismo local ha disminuido, en parte por la economía y por la mejor seguridad en el país, que dio como resultado que se diversificaran las opciones para los visitantes nacionales.

Debido a la situación actual del lago, preguntamos si ¿la proliferación de plantas acuáticas en el lago está afectando al turismo? “Si, porque es uno de los principales atractivos para el turista. Cuando el turista planifica visitar el pueblo no solo busca donde comer y dormir sino, ¿Qué actividades realizar? Tenemos el servicio de paseos en lancha y no hay movimiento; prácticamente ese negocio está cerrado. aparte que es incómodo llegar al lago por todos los insectos que hay. Tengo una cafetería en el puerto San Juan y de lunes a viernes hay cero carros de turistas, las ventas por ende son cero. Los domingos nos tratamos de recuperar un poco con ventas no muy altas, pero si sacas algunos gastos” lamenta.
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A ello se suman otros retos: falta de parqueo, calles en mal estado, competencia desleal de negocios que no pagan impuestos y escaso apoyo institucional. “Siempre aplico a fondos o capital semilla, pero nunca clasifico porque piden ventas anuales demasiado altas para una microempresa. Al final, siempre hacen rico al que ya es rico”, critica.

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Suchitoto: La necesidad de una planificación turística
Para Milena, Suchitoto necesita con urgencia un plan turístico estructurado. “Debe incluir un análisis de la situación, objetivos claros, segmentación de público, propuestas de valor, estrategias y tácticas, además de un cronograma, métricas y presupuesto”, detalla con precisión.
Al hablar sobre la falta de datos estadísticos en Suchitoto, ella nos comenta: “de los datos importantes es el comportamiento del consumidor para mejorar la oferta, la calidad, saber qué precios manejar etc. Teniendo datos puedes mejorar tu servicio y tomar una decisión. El investigar te da otro panorama y sabes que hacer y que no y por qué, así ya puedes tomar estrategias e implementar tácticas”.
Su visión es clara: un turismo sostenible, inclusivo, que no solo muestre atractivos, sino también la vida cotidiana de las familias. “En estas estrategias una de ellas puede ser tener una ruta guiada para el turista donde se conozca hasta a la señora que tiene su propio huerto en casa y que es proveedora de algún restaurante, o a la señora que hace queso artesanal o una panadería. No solo ser una ruta de restaurantes y atractivos sino, incluir pintores, escultores etc. Hasta salones de belleza y barberías muchos extranjeros buscan eso”.

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Orgullo y legado familiar
Más allá de los logros económicos, la experiencia más gratificante para Milena ha sido convertirse en referente para los jóvenes de Suchitoto. “Muchos universitarios y hasta bachilleres me buscan para entrevistas o proyectos. Eso me llena de orgullo porque en su momento a mí me cerraron puertas, pensando que como estudiante no podía aportar nada”, confiesa.
El hostal también ha ofrecido experiencias únicas a sus huéspedes: talleres de pupusas, cuajada y recorridos en lancha. Son formas de conectar con las raíces de la familia y del pueblo.




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En los próximos cinco años, Milena imagina un turismo con negocios sostenibles, y sueña con que Raíces de mi Pueblo se consolide como un referente de emprendimiento ecológico.
Su mensaje para quienes aún no conocen Suchitoto es una invitación cargada de poesía:
“Vengan a esta cuna de historia, cultura y riqueza arquitectónica. Caminen por sus calles empedradas, observen el lago Suchitlán y descubran la tranquilidad que transmite este lugar donde el tiempo parece detenerse, pero los sueños se vuelven realidad”.

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Milena sabe que este proyecto no es solo suyo, sino el legado de su familia y, en especial, de su padre Raúl Sánchez, a quien dedica cada logro. Con convicción afirma:
“Este legado continuará para las futuras generaciones, porque Raíces siempre florecerá, aunque vengan bajas siempre nos sabremos mantener a flote. Nuestro capitán es Dios y, en segundo, nuestro fundador y padre Raúl Sánchez vivirá en nuestra memoria, lo cual hace que no nos detengamos”.
Y para concluir, Milena recuerda las palabras de Habacuc 2:3:
“Aunque la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.
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Fotos cortesía: Hostal Raices de mi Pueblo
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