Disculpe ¿Dónde están las juventudes?

12 de agosto: Día Internacional de las Juventudes

En este 12 de agosto, Día Internacional de las Juventudes, vale la pena hacer una pausa y mirar hacia el rostro joven de nuestras comunidades. No con romanticismo ingenuo ni con condenas pesimistas, sino con una reflexión honesta, profunda y urgente. ¿Hacia dónde van nuestras juventudes? ¿Qué papel están asumiendo ante las realidades del país? ¿Qué están construyendo o dejando de construir?

La juventud, por naturaleza, ha sido siempre sinónimo de cambio, rebeldía, sueños y energía. Pero en nuestro presente, esa imagen parece diluirse entre pantallas de cristal, algoritmos que deciden qué pensar, y una cultura del “me gusta” que impone como prioridad mostrarse y gustar, antes que cuestionar, pensar y actuar. Nos enfrentamos a una generación atrapada entre la inmediatez de la notificación y la anestesia de la indiferencia. Y esto es algo que no podemos ignorarlo más.

La apatía e indiferencia como norma

En Suchitoto, como en muchos lugares del país, miles de jóvenes transcurren su vida sabiendo que sus comunidades siguen empobrecidas, que sus centros escolares carecen de recursos, que las oportunidades son escasas y desiguales. Que al ritmo que vamos nunca tendrán la posibilidad de comprar una casa. Pero a pesar de saberlo, callan y no dicen nada. Siguen conformes. Todo bien, mientras nadie les quite el celular de las manos, tengan datos y no les falle la internet.

Esta no es una crítica para juzgar desde la superioridad moral o adultocentrista, sino una señal clara de alerta. Porque la juventud que se conforma con sobrevivir y callar, tarde o temprano vivirá en un país aún más injusto, más violento y cada vez más desigual. La apatía e indiferencia tienen consecuencias. El silencio tiene precio. Mirar hacia otro lado no los eximirá del futuro.

La comunidad no es trending topic

Los proyectos colectivos, las luchas comunitarias, el pensamiento crítico, la participación activa, parecen estar fuera del lenguaje y radar de las mayorías juveniles. A pesar de la alta  tecnología para comunicarse, muchos se ocupan de trivialidades, prefieren escenarios para selfies antes que espacios de diálogo. Prefieren las fotos y los memes antes de leer. Aplauden espectáculos, pero no construyen propuestas. Se gradúan cada año, sí, y en lugar de sembrar algo en su comunidad, migran en busca de aquello que no ayudaron a crear aquí. Se van y nunca vuelven sino como turistas.

Por supuesto, hay excepciones valiosas. Hay jóvenes que se organizan, que crean, que proponen. Pequeños colectivos. Pero son pocos. Muy pocos. Y muchas veces trabajan solos, sin respaldo, sin visibilidad, sin eco. Sin la posibilidad de encontrar el camino para organizarse, unirse y actuar.

¿Qué se está haciendo?

Existen organizaciones y espacios culturales que ofrecen talleres de formación en música, pintura, derechos, arte y oficios. Se hacen esfuerzos. Pero debemos preguntarnos: ¿las juventudes entienden el verdadero sentido de estos espacios? ¿O solo los ven como pasatiempos, como lugares para entretenerse, no para transformarse?

Pero también necesitamos preguntar ¿Están las organizaciones acompañando procesos de concientización social o simplemente replicando modelos formativos que perpetúan la inercia y la pasividad? ¿Estamos realmente formando juventudes críticas, comprometidas, solidarias? ¿O solo prolongando su desconexión con la realidad?

¿Quién orienta hoy a las juventudes?

Es fácil prescindir de la responsabilidad y decir eso no nos toca a nosotros. ¿Y entonces a quién? Si no hay referentes claros, si los liderazgos adultos están cansados o ausentes, si la escuela ya no orienta ni forma en valores colectivos, ¿quién está ocupando ese vacío? La respuesta es sencilla y brutal: las redes sociales, los influencers, los ticktokers, los memes, los algoritmos. Ahí están los nuevos modelos y guías de nuestras juventudes. Lastimosamente en esta humareda de avatares, las juventudes se dejan guiar por el espectáculo y no por el pensamiento. Por lo popular y no por la conciencia. Por la aprobación digital y no por el compromiso social.

Urge despertar

Es hora de exigir más. De exigirnos más. A las juventudes no hay que darles discursos moralistas, pero sí hay que recordarles que el tiempo es ahora. Que este es su tiempo. Que la historia no se escribe sola. Que los relevos generacionales no ocurren por decreto, sino por decisión. Que la rebeldía va más allá de una moda, que pensar con autonomía es posible. Que es el tiempo de asumir el destino, sin etiquetas y estigmas. Es tiempo de empoderar y unirnos en las luchas comunes por la igualdad de oportunidades y libertad. Que todo lo que se siembra es lo que se cosecha.

Hay que levantar la vista de la pantalla y mirar el entorno. El país no está bien. El mundo no está bien. Y las juventudes no pueden seguir abstrayéndose de la realidad, esperando a que los adultos resuelvan todo. No basta con estudiar, trabajar y cumplir metas personales. Hay otra cuota de responsabilidad social que deben asumir. Con valentía. Con coraje. Con determinación y organización.

La tecnología como aliada, no como sedante

Sí, hagamos de las tecnologías una aliada. Pero no permitamos que sean un sedante. Usemos las redes para informar, para unirnos, para movilizarnos, no para perdernos en mundos paralelos que nos distraigan. Superemos el individualismo. Recuperemos la esperanza colectiva. Formemos grupos, redes, diálogos, propuestas. Volvamos a creer en el poder del dialogo y lo común.

En Suchitoto, necesitamos juventudes que sueñen, pero también que actúen. Que se expresen, pero también que exijan y propongan. Que cuestionen, pero también que construyan. Juventudes que no teman incomodar, que no esperen permisos para ser protagonistas de su presente y realidad. Necesitamos que se hagan responsables, participes y protagonistas de la realidad que se construye.

El relevo está en sus manos

Nuestros líderes mayores están cansados. Muchos han dado décadas de su vida al servicio de sus comunidades. Otros han caído en el desencanto. No podemos seguir esperando. El tiempo de ellos ha pasado. Hoy es el tiempo de las juventudes. Ellos esperan que sus ejemplos les inspiren. Porque el relevo y la transformación están en las manos de las juventudes. Pero no será automático. Hay que asumirlo.

No más zonas de confort. No más apatía disfrazada de madurez. No más comodidad disfrazada de prudencia. No más silencio cuando lo que urge es la palabra, la propuesta y la acción.

Este no es un regaño. Es una invitación. Es un llamado urgente. Un grito en medio de tan ruidoso silencio. Despierten. Organícense. Propongan. Participen. El país, sus comunidades y el futuro necesitan de su fuerza, creatividad, energía y estoicismo en estos tiempos. Porque hoy, este es el tiempo de las juventudes. No tengan miedo de asumirlo con orgullo, valentía y dignidad.

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