La cámara en nuestras manos: Suchitoto y el derecho a narrarse

¿Quién tiene el derecho a grabar a quién? La pregunta no es nueva, pero cobra fuerza en tiempos en los que la imagen ha sustituido a la palabra como herramienta dominante para contar historias. Durante años, las comunidades fueron retratadas o grabadas muchas veces sin voz ni consentimiento, posando para cámaras ajenas, convertidas en archivos sin nombres e historia propia llenos de omisiones y olvidos. Pero desde hace algún tiempo, eso ha comenzado a cambiar.

En los últimos años, este pueblo —tan cargado de memoria, historia y heridas— ha empezado a tomar la cámara con sus propias manos. Niños, jóvenes, mujeres, adultos, colectivos, organizaciones culturales y comunitarias han comenzado a filmarse a sí mismos, no por vanidad ni por espectáculo, sino por necesidad. Porque cuando los relatos se producen desde adentro, ya no somos objetos de estudio. Somos protagonistas. Los protagonistas de nuestra propia historia y narrativa.

Este proceso de recuperación de la memoria histórica a través de herramientas audiovisuales comunitarias no es nuevo, ni exclusivo de Suchitoto, pero aquí cobra un sentido particular. En un país donde el olvido ha sido política de Estado, grabarse, contarse y proyectarse es un acto de resistencia. Cada testimonio filmado, cada escena cotidiana registrada, cada entrevista, video clip o corto documental hecho por y para la comunidad, es un acto de afirmación, de memoria y de justicia.

Quien no recuerda los años en que desde el Centro Arte para la Paz salían pequeños colectivos de jóvenes a recoger testimonios y hacer entrevistas. Que decir de los esfuerzos actuales, que buscan dar a voz a las comunidades, con sus testimonios y memorias. Esperanzador es ver que en Suchitoto se están sembrando semillas. Se han creado espacios de formación y talleres donde sobre sale la precariedad de herramientas técnicas, pero con el recurso más importante el entusiasmo y derecho a contar una historia desde adentro: cómo vivimos, cómo resistimos, cómo amamos, cómo pensamos, cómo luchamos, cómo recordamos y cómo nos vemos.

En estos procesos, una cámara (que en muchos casos es un teléfono celular) deja de ser un aparato externo y se convierte en memoria viva. Hay registros de niñas y niños que narran y cuentan, adultos narrando sus luchas, ancianas mostrando los oficios que resisten al tiempo, campesinas y campesinos que graban los testimonios del conflicto que marcaron su tierra y la esperanza hoy de sembrar y cuidar sus territorios. Hay esfuerzos por narrar desde sus propias posibilidades, desde sus medios en su lenguaje coloquial, sin grandes guiones, pero con la sinceridad de sus emociones y sentimientos.

No, no se trata de producir cine comercial ni contenidos que sean virales. Se trata de construir archivos digitales y registros comunitarios, herramientas y recursos educativos, memoria audiovisual que puedan resguardar la memoria y recordarnos quienes fuimos, quienes somos y como nos miramos en el presente y futuro. Son herramientas para la memoria en contra del olvido. Es resistencia.

Como todo proceso, hay desafíos. No siempre hay recursos, equipos, conectividad o condiciones seguras para grabar. A veces son procesos intuitivos, otros son proyectos que llegan a fortalecer y contribuir en reafirmar nuestra identidad, mientras otros destacan nuestra belleza, turística y territorial. Basta con buscar en YouTube, para ver la cantidad de videos que centenares de personas han hecho y hacen a menudo sobre Suchitoto. Y es que Suchitoto es un hermoso escenario, un prisma con múltiples paisajes y miradas que no deslegitima la lucha de la luz y la memoria. Si bien cada imagen visibiliza el lado turístico de la ciudad, no todos incluyen la voz comunitaria, ni fortalecen la identidad.

Desde los sueños celuloides de Alejandro Cotto, con películas de desfiles helénicos y parisinos. La ciudad histórica de Suchitoto también puede ser pionera en la democratización del audiovisual como herramienta de construcción de identidad y poder popular. Ya no basta con ser retratados por otros. Es de vital importancia, -desde hace un tiempo- contar y defender lo nuestro con nuestras palabras, nuestras imágenes, nuestras decisiones y nuestra voz. Y no, no se trata de que la forma en que nos ven este mal, sino en que es necesario contarnos la forma en que nos vemos, reafirmando muestras luchas, nuestras historias de vida particulares y colectivas.

Porque solo así, desde el corazón de la comunidad, el pasado y el presente deja de ser un relato impuesto y contado por otros, para convertirse en una fuerza viva que nos explica, nos dignifica y nos proyecta hacia el futuro, pero con voz propia.

En tal sentido apoyemos los esfuerzos colectivos y comunitarios por rescatar y registrar nuestras luchas e historias, las particulares y colectivas. Seamos empáticos con los esfuerzos por registrar nuestras historias y voces. Apoyemos. Propiciemos plataformas, capacitaciones y talleres de formación técnica para mejorar y contribuir a la producción local. Es tiempo de dejar de ser más que un escenario y convertirnos en los protagonistas de nuestras historias.

Deja un comentario

Publicaciones

Scroll al inicio