El miedo es una emoción necesaria, pero también puede paralizarnos y convertirse en un peligro mayor que aquello que tanto nos asusta. Una de las cosas que debemos aprender entonces es a saber enfrentar el miedo.
En estos tiempos de cuarentena, aprovechemos para hablar con los mas pequeños sobre el miedo, y como juntos y juntas podemos a prender a manejarlo. A continuación, compartimos dos narraciones una fábula y un cuento para leer y compartir en familia y reflexionar sobre la dimensión que estamos dando al miedo en estos días de pandemia y cuarentena en casa.
«El rey y la peste» es una fábula popular árabe muy corta que nos explica porqué debemos aprender a diferenciar entre el miedo que nos protege y aquel que nos puede hacer daño.
El rey y la peste
Un rey árabe atravesaba el desierto cuando de pronto se encontró con la peste. El rey se extrañó de encontrarla en aquel lugar:
– Detente, peste, ¿a dónde vas tan deprisa?
– Voy a Bagdad- respondió entonces ella- Pienso llevarme unas cinco mil vidas con mi guadaña.
Unos días después, el rey volvió a encontrarse en el desierto con la peste, que regresaba de la ciudad. El rey estaba muy enfadado, y dijo a la peste:
– ¡Me mentiste! ¡Dijiste que te llevarías a cinco mil persona y murieron cincuenta mil!
– Yo no te mentí- dijo entonces la peste– Yo me llevé cinco mil vidas… pero fue el miedo quien mató a todos los demás.
Moraleja:
El miedo puede ser más destructivo incluso que aquello que nos asusta.
Reflexiones
El miedo tiene dos posibilidades: nos puede avisar y proteger de un peligro o bien por preocuparnos tanto nos puede causar un daño mayor. Lo importante es saber manejarlo y darle su verdadera dimensión y límite, debemos aprender a reaccionar y templar los nervios en caso necesario.
El miedo sino se gestiona bien puede llegar a ser muy destructivo en estos días. En esta historia, el mal mayor no fue la enfermedad que acabó con la vida de tantas personas, sino el miedo, que hizo que el resto enfermera y creyera tener también la peste, hasta el punto de morir también. Por tanto no nos preocupemos mas de la cuenta, no cedamos al pánico ni al miedo, porque al final este puede llegar a ser mucho más destructivo que aquello que nos infunde tanto temor.
Por eso es importante leer e informarse de fuentes fiables y no dejarse llevar por el pánico generalizado que nos vuelve frágiles y vulnerables. Frente al miedo debemos templar los nervios e intentar rescatar al sentido común y el mas común de los sentido de aquel lugar en donde le hemos escondido. En situaciones de miedo paralizante, la única solución es intentar recuperar la calma y dejar a la razón que piense… ¿de verdad esto es tan peligroso? ¿Cómo puedo evitar estar en esta situación? ¿Cómo puedo superarlo?
La historia de Juan sin miedo
Los hermanos Grimm escribieron un bonito cuento conocido como “Juan sin miedo” aunque el titulo original es: “Historia de uno que hizo un viaje para saber lo que era el miedo”. Este título refleja muy bien el argumento de un cuento que se ha hecho muy popular y que hoy nos sirve para hablar con la familia de una de las emociones más básicas que viaja con nosotros durante toda la vida: el miedo.
Juan sin miedo
Vivía un hombre de campo con sus dos hijos. El mayor era muy trabajador y se esforzaba en aprender un oficio, pero el pequeño, Juan, era vago e incapaz de aprender nada de utilidad. Siempre estaba sentado junto al fuego de la chimenea.. Sin embargo, había una cosa que podía hacer y su hermano no: ir a por agua a la fuente del bosque de noche, porque su hermano mayor tenía mucho miedo, y Juan sin embargo no sabía qué era eso.
Juan pensaba que era algún don de su hermano mayor y él también quería tenerlo.
– Padre- le dijo un día- yo también quiero saber qué es el miedo.
– Hijo, no digas tonterías- respondió su padre- Lo que tienes que aprender es un oficio.
– Pero mi hermano tiene miedo y debe ser algo interesante. Yo quiero a prender qué es el miedo…
Al día siguiente, el padre le contó esto al sacristán, y él le dijo:
– Ah, pues deja que tu hijo venga conmigo y verás cómo aprende a tener miedo.
Juan sin miedo y el fantasma del campanario
Y así es como el joven se fue al campanario con el sacristán. Esa misma noche, el sacristán le dijo:
– Ve a tocar las campanas, que yo regreso en un momento.
Estaba el cielo muy oscuro, y cuando Juan se puso a tocar la campana, vio tras de sí una forma blanca inmóvil junto a la escalera.
– ¿Quién anda ahí? Y entonces se escuchó:
– Uuuuuuuh!
– ¿En serio vas a tomarme el pelo con esos soniditos?
Enfadado, Juan se abalanzó contra él y le empujó escaleras abajo. Entonces escuchó unos gritos:
– AAyyyy!! ¡¡Qué daño!! ¡Mi pierna!
Al acudir, Juan se dio cuenta de que en realidad había empujado al sacristán.
– ¡Pero hombre!- le dijo- ¿Cómo iba a saber yo que bajo esa sábana se había escondido usted?
El padre de Juan sintió tanta vergüenza tras esta historia, que le pidió que se fuera en busca del miedo muy lejos de allí.
– Toma, te doy cincuenta monedas y parte bien lejos. No quiero que nos vuelvas a dejar en evidencia en el pueblo…
Y Juan, avergonzado, partió en busca del miedo.
Juan sin miedo y el castillo encantado
El joven, después de otra experiencia fallida para conocer el miedo, se cruzó con un carretero que le dijo:
– ¿Dónde vas por estos lugares tan solo?
– Estoy buscando el miedo– respondió Juan.
– ¿Cómo dices?
– Sí, no sé lo que es el miedo, y me gustaría saberlo.
– Pues es bien sencillo- le dijo el hombre- ¿Ves ese castillo de allá a lo lejos, en la colina?
– Sí, lo veo.
– Allí hay muchos hombres que han muerto de puro miedo. El rey concede la mano de su hija a quien consiga pasar tres noches en el castillo con vida. Y de momento nadie lo consiguió.
– Vaya, ese es un buen lugar para mí- dijo Juan.
Y poco después llegó al castillo y le dijo al rey:
– Me dijeron que nadie ha conseguido pasar en este castillo tres noches seguidas con vida. Yo deseo intentarlo.
– Oh, ¿estás seguro?- dijo la reina- ¡Eres tan joven y apuesto..! Me da mucha pena que ofrezcas tu vida…
– Estoy convencido. Me han dicho que aquí se muere de miedo y tal vez al fin comprenda qué es el miedo…
El rey le indicó dónde estaba su habitación.
– ¿Necesitas algo?- le preguntó el monarca.
– Sí: algo de fuego, un banco de carpintero y un torno.
La primera noche en el castillo encantado
Y allí se quedó Juan, calentándose al lado del fuego, cuando de pronto oyó:
– Miauuuu… ¡Qué frío tenemos!
– ¿Que tienen frío?- respondió Juan sin ver quién decía aquello- ¡Pues acérquense al fuego, tontos!
Entonces aparecieron dos gatos negros enormes y al llegar dijeron:
– ¿Jugamos a los naipes?
– Ah, bien- respondió Juan- Pero antes déjenme ver sus patas.
Les alzó del cuello y al ver sus largas y afiladas uñas, abrió la ventana y les tiró por ella.
– Ya adiviné sus intenciones, malvados- dijo para sí.
Al poco rato, la habitación se comenzó a llenar de perros y gatos que empezaron a pisotear el fuego. Juan se enfadó mucho, y comenzó a espantarlo a todos.
– ¡Chusma, fuera de aquí!
Consiguió volver a encender el fuego y ya cansado, se tumbó en la cama. Pero entonces la cama comenzó a moverse y a trotar como si fuera un caballo. Juan tenía tanto sueño, que no le importó y consiguió dormirse. Al final la cama volvió al cuarto y se dio la vuelta. Juan terminó tendido en el suelo, y allí siguió durmiendo.
Al día siguiente, los reyes le vieron tendido y pensaron que estaba muerto, pero el chico se desperezó.
– ¡Buenos días! Deberían controlar más a sus animales. Son bastante pesados…
La segunda noche de Juan sin miedo en el castillo
La segunda noche, Juan oyó un ruido junto a la chimenea: acababa de bajar por ella… ¡medio hombre!
– Vaya- dijo Juan- ¡creo que te falta algo!
Y entonces cayó por la chimenea, entre alaridos, la otra mitad.
– ¡Ahora sí!- dijo Juan.
Las dos mitades se soldaron y se formó un hombre horrible que fue a sentarse junto al fuego.
– ¡Eh!- dijo Juan- ¡Ese es mi asiento!
Y enfadado, le echó de allí de un empujón. Entonces escuchó otro ruido, seguido de más alaridos, y por la chimenea comenzaron a caer tibias, brazos y cabezas…
– ¡Menudo estruendo!- protestó Juan sin inmutarse ante aquel horrible espectáculo.
Los huesos empezaron a jugar a los bolos.
– ¡Ey!- dijo entonces Juan- ¡Quiero jugar!
– Si tienes dinero… – respondió una cabeza.
– Sí que tengo- dijo Juan- Pero los bolos nos son lo suficientemente redondos…
Y Juan usó el torno para arreglarlos. Estuvo jugando toda la noche, y perdió algo de dinero, pero se divirtió mucho.
Al día siguiente, el rey le preguntó:
– ¿Qué, cómo fue esta segunda noche? ¿Al fin sentiste miedo?
– Ah, pues me lo pasé muy bien. Estuve jugando a los bolos y perdí algo de dinero, pero fue divertido. Nada, aún sigo sin saber lo que es el miedo…
La tercera noche en el castillo encantado
La tercera noche, una comitiva fúnebre llegó hasta su cuarto. Eran seis hombres que cargaban un ataúd.
– Vaya- dijo Juan- debe ser el cadáver de mi primo, que murió hace poco…
Entonces abrió el ataúd y sacando el cuerpo de ahí, dijo:
– Yo te haré entrar en calor.
Le sujetó junto al fuego, le frotó los brazos… y le tendió en la cama junto a él. Y al fin el muerto recobró la vida. Pero entonces dijo:
– ¡Ah! ¡Te estrangularé!
– ¿Con que esas tenemos?- dijo Juan- Desagradecido, pues te devuelvo a tu lugar de origen.
Y diciendo esto, volvió a meter al hombre en el ataúd y cerró la tapa. La comitiva se lo llevó de allí y llegó un anciano muy alto y una larga blanca que dijo:
– ¡Yo seré el que te mate, pues!
– ¡Qué pesaditos aquí todos con matar!- dijo Juan- No creo que lo consigas, por muy viejo que te creas…
– ¿No? Bien, vamos al sótano y te desafío… yo soy más fuerte que tú. Si consigues vencerme, te dejaré vivir.
– ¡Ja! ¡Qué fácil! Vamos, pues- dijo Juan.
Al llegar al sótano, el anciano agarró un hacha y lo clavó en un yunque. El hacha quedó clavado hasta la mitad.
– A ver si superas eso- dijo entonces-
Y Juan, que era muy fortachón, tomó el hacha y partió en dos el yunque, dejando atrapado en él la larga barba del anciano.
– ¿Y ahora qué?- preguntó Juan.
– Me venciste, está bien, te daré tres arcas llenas de oro si me perdonas la vida: una para el rey, otra para los pobres y otra para ti.
Y así subió de nuevo Juan a su cuarto dejando en el sótano sus tres arcas de oro.
A la mañana siguiente, los reyes entraron absortos n el cuarto. Vieron a Juan fresco como una lechuga.
– ¡Es asombroso! ¡No solo has conseguido pasar las tres noches, sino que has desencantado el castillo!
La noche que Juan sintió miedo
Juan se casó con la princesa, pero seguía enfadado:
– ¡Sigo sin saber qué es el miedo!
Su mujer estaba harta de escuchar esta protesta de su marido, y se le ocurrió algo: una noche, mientras Juan dormía, mandó a una criada a que fuera al río a por agua:
– Asegúrate de que además el agua lleva peces…
Cuando la mujer regresó con un cubo lleno de agua repleta de peces, la princesa se la arrojó encima a su marido.
– ¡¡¡Aaaaaaah!!!- gritó espantado al sentir el frío y el aleteo de los peces en el cuerpo- ¡Ya sé qué es el miedo!!! ¡¡¡Aaaaahh!!!
Reflexiones
El miedo es una emoción necesaria para protegernos de los peligros. Sin embargo, a veces el miedo mal manejado puede convertirse en un enemigo. Debemos saber advertir cuándo es señal de alerta y cuándo es momento de racionalizarlo y discernir.
Como ya hemos señalado el miedo nos protege o bien nos paraliza. El miedo es esa ‘voz’ que nos alerta de un peligro y nos pone a salvo. Pero a veces, el miedo nos nubla la cabeza, y hace perder la razón y nos impide pensar con normalidad y claridad. En el cuento no sentir ese miedo paralizante salvó a Juan de morir en el castillo, pero sin embargo, consiguió tener miedo de algo tan insignificante como el agua…
El miedo se adapta a nuestras ‘fobias’: si te fijas, Juan en realidad tenía miedo al frío, aunque él no lo sabía. Instintivamente siempre buscaba un fuego para calentarse, y sin embargo, era capaz de luchar con el más terrible de los hombres por un lugar junto a su fuego. Juan no tenía miedo a los fantasmas, a los muertos, a los ogros… tenía miedo al frío, y es que muchas veces los miedos no son cosas materiales, sino a aquello que no podemos controlar.
El miedo a aquello que no podemos controlar: Juan se sentía con fuerzas para luchar contra gatos, contra fantasmas o contra hombres gigantescos. Pero no sabía que hacer frente al frío sin un buen fuego al lado. Es algo que le ‘superaba’ y esto es precisamente lo que le daba miedo. Le produce terror algo que nace de dentro, que no está fuera de él. Nos pasa muchas veces, que nos da un miedo atroz nuestros propios sentimientos, nuestras emociones. nuestros pensamientos perturbadores. De modo que el miedo es algo que debemos a prender a reconocer y manejar.
En estos tiempos de cuarentena, aproveche para hablar con los mas pequeños y los abuelos sobre el miedo, y como juntos y juntas podemos a prender a manejarlo para no ceder al pánico.
Fuente: https://tucuentofavorito.com