Memorias sobre los años de conflicto armado en Suchitoto. (II).

Entre la población  hay centenares de historias y anécdotas vinculadas a las experiencias vividas durante la guerra.  Por ello es importante reflexionar y conocer los testimonios de las y los pobladores que vivieron estos sucesos contemporáneos ocurridos a lo largo de una generación. Compartimos historias y testimonios de grupos familiares de algunas comunidades que realizamos en el 2012 con los jóvenes voluntarios del Museo Comunitario La Memoria Vive.

Familia Landaverde, Comunidad El Bario

Don Valentín Landaverde.

El  testimonio de los días de guerra nos lo brinda la familia Landaverde, con la voz de Don Valentín quien relata que  en los  tiempos previos a la guerra vivían en una situación de mucha pobreza. Esto según su relato, se agudizó con el conflicto armado, situación que  influyó en la decisión de Marta Luz (hija) de unirse a la guerrilla. Fueron días de huidas y de aprender a armar y desarmar su “casa” improvisada en cualquier solar de las haciendas abandonadas.

Don Valentín nació en 1943, su memoria de jornalero nos refiere a la dura faena en el campo, y a la precariedad en que vivían muchos habitantes de las afueras de Suchitoto. En los días de “la bulla” nos narra  las circunstancias para sortear una guerra que arrebató la quietud de Suchitoto; de esos días, le quedó la experiencia de elaboración de tatús para refugiarse junto a su familia del fuego cruzado que hacia crujir las paredes de las casas de adobe y de paja.

Recuerda Don Valentín como en 1972 fundaron una cooperativa en El Bario, cantón donde se crió y formó familia.  Hace memoria que en esos días sus esperanzas de mejora agrícola por el trabajo en cooperativa animaron a familia y amigos que se unieron a la iniciativa apoyada por Banco de Fomento Agropecuario. Recuerda que fueron más 200 manzanas que trabajarían entre 24 personas, pero ese proyecto se vio truncado con la llegada inminente del conflicto armado.

Don Valentín al hacer una evaluación de esos días asegura que la guerra fue producto de la injusticia y del querer vivir en igualdad, principal aliciente que produjo que varias personas se unieran al bando de la guerrilla.

El recuerda que en muchas ocasiones pasó la guerra debajo de los matorrales escondiéndose  de los recios bombardeos. Recuerda como los campamentos de refugiados se convivía en comunidad se compartían los alimentos y también los miedos y esperanzas.

Marta Luz

Ella recuerda con vivaz alegría los días en que recibía clase debajo de los palos de mango. Con sus siete años cumplidos recuerda a una treintena de niños que se juntaban a aprender sus primeras letras en aquel improvisado salón de clases que luego se volvía también espacio de juego.

Su adolescencia fue interrumpida por los días de guerra, y los oficios cotidianos de ayuda domestica se dejaron atrás así como su casa y bienes de la familia. Con tan solo 14 años se incorporó a la guerrilla, colaborando como “sanitaria”, encargada de cuidar y curar a los guerrilleros heridos, además de desinfectar los instrumentos de operaciones quirúrgicas a los heridos de guerra. Recuerda el pesado trabajo y el dolor de los combatientes y población civil heridos por balas o bombas.

En los campamentos de la guerrilla recuerda las guindas (huidas de población civil). Junto con su familia   tuvo que salir huyendo hacia Chalatenango y allí fueron testigos de la masacre de Guadalupe. Días de horror pueblan su memoria, especialmente el día en que se encontró perdida de su familia durante ocho días, tras una balacera.

“Sandra” fue su seudónimo de guerra, y no duda en valorar y hacer ver el papel protagónico de la mujer en la lucha armada así como el de la  Iglesia.

Aristides Landaverde

El nos comenta como estos años de conflicto armado afectaron la unión familiar.  Su madre fue guerrillera y su padre – antagónicamente- soldado de la fuerza armada. Su memoria se recompone de las piezas de rompecabezas que trata de hacer calzar desde estas dos visiones  antagónicas.

Este joven reflexiona que la guerra no fue necesaria, ya que el resultado fue negativo pues dejó muchas personas muertas y  desaparecidos. Cuenta como algunos que sobrevivieron quedaron lisiados y con secuelas psicológicas. Al hablar sobre la cultura de paz y el fomento de ésta, reflexiona diciendo: “En ese tiempo hubo mucha violencia con tantos muertos durante los bombardeos y muchos desaparecidos,  pero en esos días esa violencia era necesaria. Ahora es opcional, en la actualidad no vivimos en paz porque la violencia está incrementando día a día, comenzando desde la familia y nuestras comunidades, por eso debemos esforzarnos todos en contribuir a la paz”. 

Mediante su trabajo comunitario en el teatro, Aristides es un ejemplo de como a pesar de un pasado conflictivo en Suchitoto, los jóvenes actualmente pueden buscar  alternativas para contribuir en la construcción de una cultura de paz.

 

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