Crónica de un viaje a Suchitoto.

Asistimos a una invitación para un concierto en Suchitoto. El teatro es hermoso, es el 4º teatro más grande y para ese propósito en el país. Todo un orgullo, estaba limpio, sus paredes están impregnadas de la emoción que produce el sonido de la música, había un ensayo mientras esperábamos el momento estelar y el sonido de los violines, celos y otros instrumentos se dejaba sentir desde la calle, el Teatro Las Ruinas esta remozado. Entramos y al fondo, mientras hablábamos con Rodrigo frente a las obras de algunos de los grandes de nuestra pintura, la flauta y un clarinete sonaban al fondo, era solo un ensayo, pero fue un hermoso preámbulo de la presentación que nos esperaba.

Hace algún tiempo no habíamos ido de visita y a disfrutar, nuestra última vez fue para buscar una partida de nacimiento de mi prima María del Carmen que vive en Perú. Salimos a mediodía, viaje tranquilo, Nicole manejando y Gricelda de Co piloto, el verde pronto nos recibe en la carretera mientras dejamos el mundanal concreto y ruido de la ciudad. Disfrutamos del viaje oyendo a los genios de Liverpool, muchos recuerdos de mocedades, en poco tiempo estamos a las puertas de la ciudad, nos estacionamos frente a la Alcaldía mientras un vehículo con equipo sonoro anuncian el concierto de esa tarde.

Buscamos almuerzo. Pasamos por una venta de artesanías que esta esquina opuesta al Parque Central, la propietaria no estaba así que regresaremos, deseábamos pescado, pero nos mandaron hasta el “embarcadero” al Lago Suchitlán (cómo puede ser que no haya pescado en un restaurante de la ciudad a tan corta distancia del lago?, porque no me mandaron a otro restaurante de la ciudad que lo ofreciese, sino al lago!), esta vez no seria, tenemos una reunión en el Teatro Alejandro Cotto con Rodrigo, nuestro anfitrión fuimos por sándwich al lado de la Iglesia Santa Lucia. La ciudad me pareció vacía, era Domingo. Le restaurante donde nos enviaron al lago para buscar pescado ha cambiado de concepto (y supongo propietarios), ya no es atractivo ni ofrece el ambiente cosmopolita que antes tenía. Tampoco existe ya el hotel que estaba frente al parque dominando la vista de la hermosa Iglesia de Santa Lucia.

Mientras esperábamos, Gricelda y Nicole se quedaron a la mesa y yo fui a las salas de artesanías que esta como un complemento del pequeño restaurante. Hablé con las personas que atienden y pregunté por artesanías que tuviesen el rótulo de Suchitoto, he de decir que había dos habitaciones repletas de artesanías de diverso tipo, sin embargo, solo encontré tres placas de madera con un imán (de las que se usan para decorar las refrigeradoras) y unas tazas, nada más. Desafortunado, encontré un libro de historia reciente y con las placas de madera, fue la compra. Regrese a la mesa para almorzar. Probamos un “moonshine” que estaba decente (nada que ver con el que nosotros hacíamos). Pasamos por el parque y tomamos la foto obligada frente a la Iglesia, y luego al camino.

Entramos al concierto y con un poco de sorpresa, estaba vacía la sala; poco a poco llegaron un poco más de gente, muy poca gente, pero no se puede espera sala llena, a menos que sea otro tipo de actuación o de algo que aún no termino de aceptar como música. Los jóvenes que estaban en su ensayo se retiraron, el teatro esta hermoso, tiene incluso mezzanine. Un momento después empezó la función, formal con los himnos Nacional y de Suchitoto, con agrado observe a dos personas en el público quienes cantaban el de Suchitoto, me pareció genial, (confieso que no lo sé). Gricelda estaba emocionada y Nicole muy atenta a todo lo que pasaba. Luego el saludo y los himnos una breve introducción del Maestro de ceremonias (y lo escribo con mayúscula), anuncio las interpretaciones de los solistas, una a una nos deleitaron con el resultado de su esfuerzo, fue hermoso, disfrutamos de la habilidad de un joven percusionista con la obertura de Guillermo Tell, marimba acompañado de piano, una chica muy diestra jugando con las notas de ébano y marfil. Luego una chica con su flauta y otro joven con su clarinete, en fin, fue hermoso. Apareció luego la orquesta, los jóvenes estaban ahí para hacernos vivir la noche, apareció el Director, un connotado maestro de la batuta Irving Ramírez, a quien –dicho sea de paso- me enorgullece conocer.

El concierto fue hermoso, el mismo compositor se habría enorgullecido de oír su obra tan bien ejecutada, los cipotes estaban en lo suyo, orgullosos, cada uno con su instrumento disfrutando de su música, se veía en sus rostros la alegría de compartir su arte con nosotros. De más esta decir que fue hermoso ver a tantos jóvenes talentos dedicados a la música y es importante aclarar que YA son profesionales a su corta edad, algunos maestros también. El solista de la obra fue el pianista, a quien con respeto llame antes con mayúscula Maestro. Me gustó mucho el detalle de su ejecución sin partitura.

El público estaba surtido, entre jóvenes y adultos, algunos ya mayores. Reconocí algunas personas ligadas a la música que ahora son benefactores de esta. Lamente no ver autoridades en tan importante evento, aunque no me extrañó, suele ser así. Saludamos a nuestros anfitriones, brevemente, estaban apurados por el compromiso de atender a los demás invitados y artistas, fuimos por un café para el viaje de regreso a La Casa de la Abuela y pasamos por la venta de artesanías de Irma, la saludamos y hablamos un momento sobre su proyecto de añil. Le comente un poco sobre la idea de la Denominación de Origen y la oportunidad de lanzar esta iniciativa u otra que potencie más visitas a Suchitoto. Fue una tarde agradable.

Texto: Alejandro  Gómez LaraFotos: Edwyn Guzmán.

Alejandro Gómez Lara, consultor especializado de la Organización Mundial de Turismo OMT en temas de Desarrollo Local y Turismo.

 

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