“Suchitoto debe arriesgar más y romper el miedo al fracaso”.

La visión e interpretación del fracaso tanto en el mundo de los negocios como en las organizaciones sociales se ha ido ajustando, aceptando y reconociendo cada vez más como una parte necesaria en el proceso de crecimiento de cualquier organización. No es fácil adoptar o aceptar este enfoque cuando el “fracaso” se confunde con “ser un fracaso o un fracasado”, conscientes de que las interpretaciones negativas generales del fracaso nos perjudican como aprendices, trabajadores u organizaciones.

En estos tiempos de rápido cambio social, tecnológico y económico, las organizaciones y empresarios en Suchitoto deben correr un poco más de riesgo y salir de esa zona de relativo confort. Debemos estar dispuestos a probar cosas nuevas para obtener éxitos nuevos, consientes que ese esfuerzo en innovación requiere perder el miedo al riesgo de fracasar.

A medida que los modelos organizacionales o programas culturales van sufriendo pequeños tropiezos, errores, perturbaciones o cambios, necesitamos aprender a ver y asumir el fracaso como algo positivo, de lo cual podamos aprender. Pero esto requiere madurez al reconocer nuestros errores, señalados por terceros o miembros de la organización. Una cosa es fracasar y negarlo y otra fracasar y corregir para continuar con nuevas fuerzas y experiencias, para no convertirnos en dinosaurios, obstinados en fórmulas caducas lejanas de las realidades contemporáneas.

En tiempos de transformación e incertidumbre, todas las organizaciones culturales y entidades de turismo debemos estar dispuestos al cambio y las actualizaciones. No podemos seguir pretendiendo que las calles empedradas y las casas con sus balcones y tejados de barro sigan siendo los únicos atractivos para el turismo, o que solo el folclore y lo clásico es cultura en medio de un mundo cambiante.

Debemos entender que a pesar de una buena planificación siempre surgirán obstáculos o imprevistos que pueden llevarnos a pequeños fracasos. Pero no se preocupe, que se ponche una llanta no significa que debemos abandonar el auto. El reconocimiento de los errores es algo que debemos aprender a llevar y adoptar en nuestras organizaciones sin caer en los fatalismos y señalamientos.

El relevo generacional es un tema que probablemente aterre a los y las actuales líderes y lideresas en Suchitoto, desconfiados de la capacidad de las nuevas generaciones, se distancian imponiendo barreras con mundos adulto-centristas donde solo ellos tienen el poder, control y razón, descalificando o excluyendo a las juventudes con prejuicios y postergando el cambio necesario.

Y es que el mundo de las juventudes es más arriesgado, dispuestos a la experimentación, la innovación y el cambio. Mientras que los adultos prefieren seguir cómodos en sus zonas de control y confort.

Un manejo negativo del fracaso es no reconocerlo y compartirlo, negarlo y esconderlo, dándole otros nombres, o evadiendo responsabilidades.

Centrarnos en compartir solo los resultados positivos nos aleja del aprendizaje organizacional y humano, lo que es peor nos expone a volver y cometer el mismo error una y otra vez. Y ahí nos encontramos una y otra vez repitiendo el mismo error pero con diferente nombre y diferente organización, en muchas ocasiones ignorando que el otro ya pasó por ese camino o desarrollo el mismo programa. En otras palabras, el prejuicio contra el fracaso es en sí un fracaso de la cultura antes de ejecutarla.

El éxito está sobrevalorado, no nos damos cuenta que esconder los fracasos es esconder y negar el camino que nos lleva éxito. ¿Será por eso que nos cuesta tener éxito? Aprender a aceptar el fracaso como algo inherente a un proceso multidireccional de aprendizaje, puede ayudar a contrarrestar el desánimo y la creciente polarización cultural y política.

En el municipio debemos perder el miedo al fracaso como sector cultural e incluso empresarial. Seguir compartiendo una cultura de la perfección, no nos permitirá crecer como un municipio turístico y cultural. Esta cultura a menudo está arraigada en estructuras de poder y gestión tradicionales y jerárquicas, que valoran la autoridad y el control antes que la colaboración, la creatividad e innovación.

En Suchitoto debemos alejarnos del perfeccionismo disfuncional del control en todo, y trabajar conscientemente para cambiar una cultura organizacional que desalienta la creatividad, la innovación y toma de riesgos. Una cultura no puede ser simplemente aislada en un nuevo departamento o insertada dentro de estructuras tradicionales, sino que requiere cambios fundamentales en el corazón de las organizaciones, que incluyan nuevas formas de liderazgo y gestión.

Debemos comprender que no correr riesgos puede significar quedarse fuera de los rápidos cambios del turismo, la cultura y la tecnología. El calendario electoral para los grandes proyectos es demasiado corto para un diseño coherente y sostenible en el tiempo. Debemos ver más allá de los periodos electorales, de los colores políticos y construir un Suchitoto que supere los 3 años de gestión de un gobierno local. Necesitamos despojarnos de protagonismos y liderazgos autoritarios y comprender que el arte y la cultura no pertenecen a alguien y no necesita de árbitros. La cultura es algo participativo, libre y colectivo.

El sector empresarial y de gobierno, debe entender la importancia de la inversión en la cultura . Y los trabajadores de la cultura deben comprender que sin proyectos innovadores y creativos no habrá interés de inversión.

La cultura podría arriesgarse con hacer pequeños experimentos controlados para introducir un diseño innovador de productos y servicios dentro de sus capacidades instaladas existentes.

Debemos estar dispuestos a hablar y compartir los fracasos, así como las lecciones que se aprendieron de estos experimentos “infructuosos”, haciéndolos públicos en foros abiertos o reuniones inter organizacionales.

En general debemos estar dispuestos a arriesgar con proyectos novedosos y cambiar la actitud que tenemos del fracaso y entender el fracaso como una parte normal y valiosa del proceso de aprendizaje en el crecimiento de nuestras organizaciones y la ciudad.

 

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