A todas y todos los José y Dabú en el día de la juventud.

El pasado 4 de agosto publicamos una entrevista de Alina Menjívar con Edenilson Rivas un joven artista que hace rap en Suchitoto (En Suchitoto el rap tiene un nombre: Dabú). Esta nota despertó un interesante debate sobre los prejuicios y estigmas que tenemos de las juventudes.

En el mes de la juventud desde “La Gaceta Suchitoto” queremos aprovechar este suceso para reflexionar sobre  las muchas y muchos José y las muchas y muchos Dabú que hay en Suchitoto y El Salvador. Es sobradamente claro que todas y todos tenemos derecho a que algo nos guste o no nos guste, -para gusto los colores-, lo que no podemos ni debemos es juzgar y prejuzgar a nuestras juventudes por sus preferencias artísticas o de cualquier otro tipo con estigmas y prejuicios negativos.

Y es que aún es común escuchar muchos estigmas como que la juventud es una generación perdida, que no tiene valores, que no tiene remedio, o que el arte es cosa de vagos y drogadictos, entre muchos otros epítetos y prejuicios negativos asociados con las juventudes.

Duele leer y saber que todavía no seamos capaces de romper con los patrones del pasado y no podamos entender a nuestras juventudes, y les juzguemos de manera tan severa en medio de una crisis de violencia que les persigue les mata y los asfixia frente a un sistema que poco o nada ha hecho por apoyar y brindarles un país más justo y digno donde puedan crecer y forjar un mejor futuro.

Las y los jóvenes ya están bastante y directamente afectados por las trágicas condiciones de la violencia, las violaciones, los abusos, la pobreza, la falta de oportunidades para que encima vengamos con nuestros prejuicios a querer seguir saboteando los sueños y esperanzas a quienes quieren salir adelante y construir un mejor Suchitoto.

En el municipio las juventudes sobreviven con estoicismo, y no señores y señoras, las juventudes no están perdidas, sino que batallan día a día por construirse un mejor futuro con sus propios valores y sueños, luchando por salir adelante con dignidad y alegría.

Quienes trabajamos con las juventudes de Suchitoto sabemos que hay centenares de jóvenes que aportan al municipio, que dedican sus vidas a actividades cristianas, jóvenes que trabajan y aportan a la economía de la familia, jóvenes que trabajan y estudian y se esfuerzan por lograr carreras universitarias y ser profesionales, jóvenes que después de largas jornadas de trabajo en el campo van a la escuela, jóvenes comprometidos y trabajando con y por sus comunidades, jóvenes que a través del arte o el deporte encuentran sus vocaciones y maneras de comunicarse y alejarse de la vorágine de la violencia.

Estamos hablando de centenares de jóvenes que no merecen nuestra negatividad ni prejuicios, si no que por el contrario merecen de todo nuestro apoyo y aliento para seguir adelante. Los adultos debemos responsabilizarnos de nuestro fracaso al no haber construido un mejor presente para ellos, de no contar con mejores condiciones donde puedan construir sus sueños.  Lo que no es justo son nuestros prejuicios desmedidos que estigmatizan a nuestras juventudes. Es tiempo de romper con patrones del pasado y contribuir con acciones y no palabreríos ni moralismos falsos, es tiempo de dejar atrás esa constante confrontación sin fundamento alguno entre la juventud y los adultos, debemos romper esa brecha y dedicarnos a ayudar y apoyar a nuestras juventudes.

Debemos incentivar las buenas acciones, propuestas e iniciativas de nuestras juventudes en lugar de criticarlos y decirles que no se puede o se debe. Debemos fortalecer las familias, las escuelas, las Iglesias, las comunidades, lugares desde donde como colectivos podemos construir valores y principios en equidad e igualdad.

Desde hace algunos años el municipio cuenta con una “Política municipal de juventud”, pero seguirán siendo simples buenas intenciones sino exigimos su cumplimiento. No basta con encuentros, marchas y cabildos, la juventud necesita acciones propuestas contemporáneas desde donde ellas y ellos puedan construir un mejor futuro para Suchitoto.

Debemos comprender que la juventud misma es diversa y múltiple, no podemos homogeneizarlos, o meterlos a todos y todas en el mismo perol, debemos tener en cuenta muchos factores antes de emitir un juicio sobre ellas y ellos. Cuando homogeneizamos a todas las juventudes, estamos reproduciendo un discurso ideológico bastante peligroso, por eso hay que tener cuidado. Lastimosamente por eso no hay políticas públicas buenas y eficaces, porque se homogeneíza, se criminaliza. La juventud misma está vista como algo peligroso.

Todas y todos los “José y Dabú”, viven y conviven en Suchitoto, caminan por las calles empedradas y respiran el mismo aire. Somos hermanos y hermanas que lo único que nos falta es conocernos un poco más. “Las y los José” no son malos como no son malos “los y las Dabú”, lo que nos hace falta es la oportunidad de conocernos y quizá compartir juntos un recital al ritmo del rap o permitirnos transitar libremente cada quien por su sendero alentando las buenas acciones que construyan y contribuyan a la armoniosidad y convivencia en Suchitoto .

 

Las y los José

Nos permitimos con todo respeto retomar el nombre de José como una manera de nombrar aquellas personas que piensan igual o parecido a José. En primer lugar queremos agradecer a José, por exponer sus opiniones y visiones sobre lo que él considera correcto o incorrecto. Respetamos su punto de vista.

A partir del hecho que ninguna verdad es absoluta, José tiene y no tiene la razón. José tiene la razón al decir que todos y todas las jóvenes hoy en día están amenazadas por las drogas, las pandillas y la delincuencia. Pero esta vulnerabilidad no es exclusiva de unas y unos jóvenes que les gusta un tipo de música, todas y todos los jóvenes están expuestos a esto.  En lo que no tiene razón José es en juzgar a las juventudes por el estilo o tipo de música que les guste escuchar o hacer.

La estigmatización de la juventud es uno de los principales problemas a la hora de comprender a nuestras juventudes. José tiene razón al decir que algunas y algunos músicos tienen estilos de vida o liricas que no son edificantes para nuestras juventudes. Pero debemos entender que no podemos generalizar y decir que todos los músicos son malos o que por hacer un tipo de música te convierte en malo. Hay innumerables ejemplos de músicos que con su música construyen y edifican con sus mensajes positivos. Igual que en las Iglesias hay cristianos buenos y otros no tan buenos. Y así como no podemos juzgar a Mateo por la traición de judas, tampoco podemos prejuzgar a los “Dabú” o a nuestras y nuestros jóvenes por su vestimenta, su género, su forma de hablar o por sus aficiones o gustos artísticos ya sea en la música o en el baile u otra actividad.

Los adultos debemos trascender y superar ciertos prejuicios que nos alejan y estigmatizan a nuestras juventudes. Debemos comprender que nos es la música o el arte lo que perderá a nuestras juventudes sino la falta de valores y principios, que les hayamos dado o no en los hogares. Nuestros jóvenes necesitan tener espacios y oportunidades de desarrollar sus potencialidades, dones o habilidades artísticas, manuales o intelectuales. Que nuestros prejuicios no les niegue esa oportunidad. “Las y los José” deben aprender a ser un poco más prudentes al juzgar o prejuzgar a nuestra juventud, debemos ser más tolerantes y brindar siempre un apoyo que estimulen las acciones positivas de nuestra juventud.

Las y los Dabú

Nos permitimos con todo respeto retomar el nombre de “Dabú” como una manera de evidenciar a todas y todos los jóvenes que al igual que Dabú buscan a través de las artes expresar sus ideas y día a día se enfrentan a este tipo de prejuicios. Nuestro Dabú (Edenilson Rivas) es uno de los pocos jóvenes de la generación de Esartes, en el que el corazón del artista palpita con fuerza. Tiene lo necesario para triunfar el talento y la pasión, solo es cuestión de tiempo y perseverancia. Hemos escuchado su música y letras y no encontramos un mensaje negativo en sus canciones. La mejor garantía del tipo de joven que es,  lo comprobamos con su madre quien lo apoya en un 100%.

Pero para “las y los Dabú”, dedicarse al arte es una osadía, es retar a un sistema que les estigmatiza y niega su derecho a expresarse libremente. Para “las y los Dabú”, es una lucha contracorriente donde no solo deben enfrentar una vorágine de violencia y de luchar contra la falta de espacios, formación y apoyo sino que también contra los prejuicios que muchas veces matan sueños y esperanzas antes de nacer. Para “las y los Dabú” hacer arte es un desafío pero nunca un imposible.

“Los prejuicios son la razón de los tontos” Voltaire.

Fotografías tomadas de los perfiles públicos de Esartes y Centro Arte para la Paz.

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